El dólar flotante sube y mejora la competividad, pero la economía se desacelera

La economía argentina transita un momento de definiciones, con un gobierno que, si bien celebra los datos interanuales de crecimiento, enfrenta una desaceleración del nivel de actividad. A esto se suman las presiones cambiarias esperadas para el segundo semestre, en un contexto de un nuevo régimen de tipo de cambio flotante. Maximiliano Montenegro mantuvo una conversación a fondo con el economista Marcos Buscaglia, de la cual se desprenden claves esenciales para entender lo que viene en la economía.

Freno de la actividad económica: ¿Realidad o “percepción”?

Mientras el gobierno insiste en que la economía de Milei está “volando” y “creciendo como nunca antes”, basándose en una fuerte comparación interanual de las cifras de abril y meses anteriores, Buscaglia ofrece una perspectiva más matizada. “En la comparación interanual la economía crece fuertemente, Entonces, el gobierno tiene razón,” afirma. Sin embargo, advierte que “en el margen, cuando uno mira mes contra mes, que es como hay que mirar ahora, muestran una desaceleración significativa”:

• Tras una recuperación mensual promedio del 1% entre mayo y diciembre del año pasado, el primer bimestre de este año arrojó un crecimiento de apenas 0.4% mes contra mes.

• Marzo experimentó una caída del 1.9%, con una suba del 1% en abril que, al ser sobre una base más baja, dejó la actividad “un poquitito abajo”.

• Indicadores más recientes, como los estudios de Orlando Ferreres, sugieren una economía “poco robusta”, “probablemente con caída o cerquita de cero” en mayo.

• Los primeros datos de junio, como la producción de autos y las ventas de cemento, también mostraron caídas, aunque la venta de autos se mantiene fuerte, con una mayor participación de modelos importados que van ganando terreno.

Esta desaceleración tiene una explicación en el cambio de la política económica. Inicialmente, el gobierno optó por una estabilización de la inflación con una tablita cambiaria (crawling peg del 2% y luego 1%), una estrategia “expansiva” que baja la inflación rápidamente pero aprecia el tipo de cambio real y genera pérdida de reservas y déficit de cuenta corriente. A fines de 2024 y principios de 2025, el Banco Central perdía reservas para defender el crawling peg, evidenciando los límites de ese proceso.

Con el acuerdo con el FMI, el ancla de la estabilización pasó del tipo de cambio a la cantidad de dinero. Esta nueva política monetaria es “relativamente contractiva”, y sus mecanismos de transmisión se reflejan en el enfriamiento de la economía real:

Mercado de crédito: Las tasas de interés están subiendo, y la expansión de los préstamos se ha desacelerado notablemente. Los préstamos en junio, ajustados por inflación, crecieron 2.5%, por debajo del 5% registrado en abril y el 6% en mayo.

Cadena de pagos: Se observa un “enlentecimiento de la cadena de pagos”, con un aumento de cheques rechazados y préstamos en situación morosa, aunque aún no es motivo de “preocupación macro”.

Consumo de bienes durables: Si bien fue impulsado por la apreciación cambiaria inicial, su crecimiento se ralentizará por la incidencia del crédito.

Salario real: En los últimos meses, el salario real se ha “planchado o incluso bajado”, quedando por debajo de las cifras de inflación.

En este contexto, el pronóstico de Buscaglia para los próximos meses, hasta las elecciones, es claro: “No veo la economía volando, veo un consumo más restringido”. Lo compara con un “partido de fútbol donde el gobierno viene ganando y quiere asegurar el resultado y lo que vas a ver es un partido donde lo están cascoteando y lo que necesita es que no le hagan gol”.

Presiones cambiarias en el segundo semestre: Dólar bajo la lupa

Otro eje de preocupación es el comportamiento del dólar y las presiones cambiarias esperadas. La Argentina ha pasado de un superávit de cuenta corriente (casi un punto del PIB en las proyecciones de 2024) a un déficit de cuenta corriente de casi un punto del PIB en el primer trimestre. De hecho, el Ministerio de Economía ahora reconoce un déficit de 1.8 a 2 puntos del PIB para 2025, cinco veces más de lo proyectado por el FMI.

Este déficit se explica en parte por la apreciación cambiaria previa, que desplazó producción nacional por importada, y por el boom del turismo al exterior: la salida de turistas creció 68% en los primeros cinco meses del año, mientras la entrada cayó más del 20%.

El financiamiento de este déficit ha dependido de “hechos extraordinarios y transitorios”, como un exitoso blanqueo de capitales de u$s 20.000-25.000 millones y el adelanto de cobros de exportaciones y postergación de pagos de importaciones. “Vos generaste tu propio financiamiento para la cuenta corriente, pero un financiamiento transitorio,” aclara Buscaglia.

La gran diferencia con episodios anteriores de déficits de cuenta corriente es que “ahora no hay más tipo de cambio fijo”. Esto implica que el sistema ajustará a través de la propia cotización del dólar, sin el “gasto” de reservas del Banco Central para defender un valor.

Las perspectivas de ingreso de dólares para el segundo semestre son desafiantes:

• Las exportaciones agrícolas, principales divisas del país, se anticipan con una caída abrupta: de un julio “récord” (más de u$s 4.000 millones), se espera un agosto de apenas u$s 1.000 millones.

• Aunque existen proyecciones de fuertes ingresos por energía y minería (como los u$s 54.000 millones para 2033 mencionados por el equipo económico), la producción de Vaca Muerta “no viene tan bien como teníamos en los Excels”, mostrando un “platón” este año.

• Si bien las importaciones crecieron fuertemente en la primera parte del año (35% entre enero y mayo), se espera que también se desaceleren por una economía más lenta, crédito más caro y un tipo de cambio real más depreciado.

Ante este panorama, Buscaglia pronostica “algunas presiones cambiarias”. No obstante, considera que es una “parte sana” porque viene a corregir un tipo de cambio que “todavía todos veamos… medio atrasado”. El Gobierno, por su parte, intentará evitar estas presiones con intervenciones en el mercado de futuros.

Aunque la depreciación del tipo de cambio siempre tiene un impacto en la inflación, no se espera que “descarrille” el proceso de desinflación, dado que el programa cuenta con una “base sólida que es la fiscal”, es decir, el superávit primario y la ausencia de financiamiento del Banco Central al Gobierno.

Sin embargo, en un proceso electoral, “ver el dólar flotando hacia arriba y bueno, alguna tensión puede puede generar”. La demanda de dólares para atesoramiento suele subir cuando la cotización se eleva, y la gente tiende a “dolarizar” sus portafolios antes de las elecciones, dada la historia argentina.

El Futuro Post-Elección: Una Incógnita Crucial

El pronóstico actual se extiende “hasta el día de la elección”. La fase siguiente del plan económico es incierta y dependerá de cómo resulten las elecciones en Argentina. Si el gobierno obtiene un buen resultado, podría abrirse una nueva etapa de reformas estructurales (como la laboral) y, con la caída del riesgo país y la llegada de inversiones, el consumo y el crédito podrían dinamizarse.

En definitiva, la reactivación económica y el comportamiento del dólar post-elecciones son una incógnita que dependerá de la capacidad del gobierno para consolidar su base política y atraer la inversión necesaria, más allá de los mecanismos de ajuste que ya está exhibiendo el nuevo esquema cambiario.