El cambio de régimen monetario encarado por el Gobierno —tras el desarme de las Letras de Financiamiento del Banco Central (LEFI)— terminó siendo más desordenado y costoso que la propia salida del cepo en abril pasado. La volatilidad de las tasas de interés aún no se ha resuelto y el nivel actual continúa muy por encima del registrado en junio. Esta semana, además, el Tesoro enfrentará un test clave: vencen compromisos en pesos por $11,7 billones. Al “tsunami” de liquidez generado tras la eliminación de las LEFI, le siguió un brusco apretón monetario. El mercado todavía no se adapta al nuevo esquema. Es probable que el Gobierno mantenga alguna ventanilla de liquidez para contener un exceso de volatilidad. En este contexto, la economía difícilmente pueda funcionar con tasas de interés sin techo y una creciente inestabilidad financiera.
Lo que se presentó como una medida técnica terminó generando un shock de súper tasas de interés. En pocas semanas, las tasas cortas de referencia en el mercado pasaron de niveles cercanos al 36% a superar el 70% en operaciones diarias (hasta arriba de 100% en algunas operaciones de caución a 1 o 3 días, por ejemplo). Este salto abrupto en el costo del dinero dejó sin referencia al mercado. Ya no hay un corredor de tasas, ni una tasa de política claramente definida.
Si las tasas de interés elevadas llegaron para quedarse hay costos inevitables. Acá detallaremos 2 muy importantes. El costo fiscal, en términos de “nuevos” intereses de la deuda. Y el costo en la evolución del crédito al sector privado que es una de las claves de la recuperación económica.
Un shock monetario
La eliminación de las LEFI dejó al sistema financiero con menor previsibilidad y mayor dispersión de tasas. Las referencias de muy corto plazo, como la tasa de caución a un día o los pases interbancarios, empezaron a registrar subas día tras día, alcanzando en algunos casos niveles de 75% o hasta de 100% en los plazos más cortos. En las últimas jornadas, el endurecimiento monetario apunta a un objetivo: frenar la expansión de pesos para evitar presiones sobre el tipo de cambio.
La deuda del Tesoro: más cara
El salto de tasas se trasladó de inmediato al Tesoro Nacional. En apenas nueve días, entre la licitación del 7 de julio y la del 16 de julio, el Gobierno pasó de convalidar tasas del 39% a rendimientos superiores al 47%. En el caso de las Lecaps, es muy gráfico. La letra con vencimiento el 15 de agosto (S15G5) subió de 38,9% a 47% TIREA. Otro instrumento con vencimiento en septiembre (S12S5) trepó de 36,93% a 43,46%.
A esto se suma un dato preocupante: si este nuevo nivel de tasas reales se mantiene, el impacto fiscal será muy significativo. De acuerdo con estimaciones de los economistas, José Echágue y Francisco Mattig , por cada punto adicional en la tasa real, el costo fiscal agregado sube en 0,2% del PBI.
Según los analistas si las tasas reales alcanzan el 14%, el incremento en la carga de intereses representaría unos US$10.500 millones adicionales, o 1,3% del PBI, cifra equivalente al superávit primario que el propio Gobierno prevé alcanzar este año.
En pocas palabras, el costo de los nuevos intereses en un caso de tasas elevadas por mucho tiempo pueden “llevarse puesto” el superávit fiscal, que sin dudas es el ancla principal del programa económico de Milei y Caputo.
El freno al crédito privado
Hasta hace unas semanas, el crédito bancario venía mostrando una recuperación notable. El saldo total de financiamiento a empresas y familias alcanzó el 10,6% del PBI, casi el doble del nivel que tenía hace un año. Pero pese a esa mejora, sigue siendo un sistema financiero pequeño.
Está por debajo del promedio de los últimos 30 años en Argentina (12,7%) y muy lejos del promedio regional, que supera el 44% del PBI. En comparación con países desarrollados, representa apenas una décima parte del volumen de crédito disponible.
Esa incipiente recuperación empieza a encontrar límites. La suba de tasas inevitablemente frenara el avance del crédito. Especialmente, se vio un salto en los adelantos a empresas, que alcanzaron un récord de 86,3% de tasa de interés anual, desde un 36% previo al desarme de LEFI. Actualmente bajaron a 62,6%. Con las proyecciones del REM del BCRA (Relevamiento de Expectativa de Mercado) para los próximos 12 meses de 20,8% de inflación. Es decir, las tasas de interés activas triplican a la expectativa de inflación.
Las familias aumentan la morosidad y ya están al límite de endeudamiento
La irregularidad del crédito al sector privado muestra una tendencia creciente desde comienzos de 2025, al pasar del 1,5% en diciembre de 2024 al 2,6% en mayo de 2025.
Esta suba está impulsada principalmente por el deterioro en los préstamos personales, cuyo ratio de irregularidad se disparó del 3,7% en diciembre al 5,6% en marzo y alcanzó un 5,8% en mayo.
También se observa un aumento significativo en las tarjetas de crédito, que escalaron del 1,8% en julio de 2024 al 3,8% en mayo de 2025. La dinámica refleja un empeoramiento en la capacidad de pago de los hogares, en un contexto de tasas reales altas, menor liquidez y desaceleración del consumo y salarios con paritarias que empatan o le ganan en el margen a la inflación.
Del lado de los hogares, el endeudamiento también llegó a niveles elevados. A marzo, los servicios de deuda (capital e intereses) representaban el 18,7% de la masa salarial registrada, apenas un punto por debajo del máximo histórico de 2018. En solo seis meses, ese ratio subió 6 puntos. Lo más preocupante es que esto ocurrió antes del shock de tasas de julio.
En resumen, Argentina enfrenta un dilema clásico: si quiere sostener el ancla cambiaria sin intervención, necesita tasas muy altas; pero esas tasas elevadas se pueden traducir en costo de intereses más altos, Impactando de lleno en el ancla fiscal.
La “super tasa” ya está generando efectos secundarios. Si el mercado no se adapta a este cambio, va a requerir una redefinición del esquema monetario, probablemente incorporando ventanilla de liquidez a los bancos. Sino el riesgo es que los costos transitorios, se vuelvan permanentes.