Gabriela, dueña de la cadena láctea Luz Azul, alertó en “Maxi al Mediodía” sobre la fuerte caída del consumo y el impacto de la presión tributaria. Aunque mantiene una visión favorable del rumbo económico, le reclamó al Presidente mayor atención a la economía real, una reforma impositiva urgente y las mismas reglas de juego ante la apertura de importaciones.
En este escenario, en diálogo con Maxi Montenegro, Gabriela Benac, la empresaria pyme titular de la fábrica de quesos Luz Azul, relató la cruda realidad que atraviesa el sector y reveló un intercambio de mensajes directo con el presidente Javier Milei, a quien le pidió mayor sensibilidad frente a la situación de la economía real.
“El presidente no puede ver la calle, está muy metido en la macro y en las inversiones, que pueden ser buenas, pero mientras tanto los empresarios y los consumidores necesitamos imperiosamente un respiro”, reflexionó la empresaria, quien le escribió a Milei pidiéndole que escuche menos a los economistas y más a los industriales y trabajadores. Aunque el mandatario le agradeció el mensaje y no la bloqueó, la empresaria advirtió que al Gobierno le falta sensibilidad para entender la crisis del día a día.
El impacto de la crisis: caída de ventas y capacidad ociosa
La radiografía que hace la empresa, con sede en Azul y sucursales en todo el país, es alarmante. Desde octubre del año pasado hasta febrero, el consumo sufrió una “decadencia total”. Aunque en marzo hubo un leve repunte traccionado por el inicio del ciclo lectivo, la pérdida del poder adquisitivo es evidente: los salarios quedaron muy rezagados frente a la inflación y el ingreso disponible de las familias es devorado por los aumentos en servicios públicos, prepagas y combustibles.
Esta situación golpea de lleno a la producción. Actualmente, la planta de Luz Azul tiene capacidad para procesar 120.000 litros diarios de leche, pero solo está procesando 50.000 debido a la falta de mercado. “El modelo que quiere poner el gobierno es de mucha competencia, de mucho volumen y poco valor agregado, pero para que haya volumen necesitamos consumo”, explicó Gabriela.
Reinvención: sortear la crisis con un nuevo modelo de franquicias
Lejos de bajar los brazos, la pyme bonaerense —que emplea a 150 personas de forma directa en su fábrica y genera trabajo para otras 300 a través de sus franquicias— decidió acelerar su expansión para compensar la baja rentabilidad.
La estrategia original de Luz Azul fue eliminar al distribuidor e ir directo al consumidor final, creando una cadena de 70 locales propios y franquiciados. Sin embargo, la crisis obligó a absorber algunas sucursales que estaban en manos de franquiciados y a cambiar radicalmente el modelo de negocios para poder llegar a la meta de 150 locales.
Como el tiempo de recupero de la inversión se duplicó y hoy es difícil encontrar emprendedores dispuestos a desembolsar 100.000 dólares para abrir un local, la empresa optó por un esquema de comodato. “Nosotros compramos el equipamiento, las heladeras y las cortadoras de fiambre, y se las damos en comodato. La rentabilidad es de ellos, la finalidad nuestra es vender nuestro producto”, detalló la empresaria, quien consideró que esta es la única forma de seguir abriendo sucursales en este contexto.
El reclamo por la competitividad: “La carga impositiva es atroz”
Uno de los ejes centrales del reclamo empresario al Gobierno es la urgencia de una reforma tributaria. Según explicó, las empresas quieren pagar mejores salarios, pero el costo laboral es insostenible: al sueldo de un empleado hay que sumarle casi un 70% extra en concepto de cargas sociales y formulario 931.
Además, apuntó contra impuestos que considera absolutamente distorsivos, como el 5% de Ingresos Brutos por cada transacción y el 1,2% del impuesto al cheque.
Además, dejó otra clara advertencia: “ante la discusión si abrimos las importaciones o no, si abramos las importaciones, pero déjennos jugar con las mismas reglas de juego. Hoy los industriales argentinos no tenemos las mismas reglas que el mundo porque la carga impositiva que tenemos es atroz“.
A este panorama se suma la falta de financiamiento. Para una pyme en Argentina, tomar crédito hoy es “pegarse un tiro en la pata” debido a las altas tasas y los plazos extremadamente cortos (12 a 36 meses), cuando en realidad el sector productivo necesita créditos blandos a largo plazo para tecnificarse y ser verdaderamente competitivo a nivel global.



