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  El peso, al igual que lo que sucedió en 2018, es en lo que va de 2019 la moneda más devaluada de los llamados "países emergentes". Con datos al 28 de marzo, el dólar en Argentina subió 15,7% (ver gráfico). Mientras que en Turquía aumentó 4,9%; en Uruguay 4,7%; en Paraguay 3,9; en Brasil 2,2%; y en Sudáfrica (1,7%). En cambio, pese a la suba de los últimos días, en un grupo grande de países emergentes el dólar está todavía abajo en el acumulado del año: Perú (-0,7%); México (- 1,5%); Chile (-1,7%); China (-2%); Colombia (- 2,2%); Egipto (-3,3%); y Rusia (-6,7%).
   Más allá de las turbulencias en el mercado financiero internacional y del hecho de que la salida de fondos de los países emergentes hacia los países centrales golpea más a Argentina que a cualquier otro país emergente, el problema de fondo es la inflación. La devaluación es la que devalúa permanentemente al peso.
   En los dos primeros meses del año, la inflación acumulada en Argentina llego al 6,8%, y superará el 10% en el primer trimestre. En cambio, en Brasil fue de solo 0,75%, en Paraguay del 0,6%, en Perú y Chile del 0,20% y en Bolivia de apenas el 0,07%.
   Visto en términos de la inflación anual (acumulada en los últimos 12 meses), en febrero la inflación anual en Argentina era de 51,3%, frente al 7,5% de Uruguay; 3,9% de Brasil; 3% de Colombia; 2,7% de Paraguay; 2,2% de Perú; 1,7% de Chile y el 1% de Bolivia.
   Mientras Argentina conviva con semejantes números de inflación, seguirá liderando el ranking de países con más devaluación. Porque por más grande que parezca el salto del dólar, tarde o temprano, los precios lo terminan alcanzando. Si el dólar, a su vez, se queda muy atrasado respecto del resto de los precios, Argentina se vuelve muy cara en dólares (tiene inflación en dólares), con lo cual la producción nacional no puede competir ni con las importaciones ni con sus exportaciones, se agranda el déficit en el sector externo, y sin financiamiento eso desenboca en más devaluación.