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Atrasar al “dólar oficial” como medida antinflacionaria es un clásico de los años con electorales en Argentina. La lógica detrás de esta medida es que contener las presiones inflacionarias en los meses previos a las elecciones. Así, generar un “veranito” en el consumo interno que potencie los votos del oficialismo. Hoy, sin embargo, la estrategia del BCRA está muy condicionada por el nivel de reservas netas: actualmente sólo U$S 4.700 millones. Con un dólar muy atrasado la demanda por dolarizarse se exacerba y la “sangría” de dólares aumenta. Además, el contexto internacional actual con monedas de emergentes (como el real en Brasil) depreciándose complica aún más el esquema del BCRA

Durante el año 2020 el BCRA intentó mantener el dólar oficial en línea con la inflación y así evitar el “atraso cambiario”. Sin embargo, tras la aceleración inflacionaria de inicio de 2021 (en marzo saltó al 4,8% mensual), el BCRA dio un giro en su esquema de “crawling peg” que mantenía el tipo de cambio real. Y comenzó a bajar el ritmo de las micro-devaluaciones del peso para tratar de contener a la inflación en el escenario electoral.

El Presupuesto Nacional 2021 marcaba una proyección de dólar oficial a diciembre de este año de $102 pesos, una suba en el año de sólo 22%. Según el ministro Guzmán, esa tasa de depreciación del peso era consistente con una inflación de 29% anual. Sin embargo, la inflación se disparó y se espera que termine por encima del 47% anual. Con lo cual, el Gobierno profundizará, al menos hasta la elección del 14-N, el atraso cambiario. Por eso, las expectativas de devaluación se disparan. Tras la elección, nadie sabe cómo hará el Gobierno para salir de ese dólar oficial atrasado, en medio de la negociación con el FMI, sin un salto cambiario que potencie aún más la inflacilón.

El punto es que la “receta” de atrasar el dólar oficial para contener la inflación no se puede sostener por mucho tiempo y tiene costos .

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El BCRA debe contar con suficientes reservas netas para contener una posible corrida contra el peso. El atraso del dólar oficial frente a la inflación (apreciación real del tipo de cambio) incrementa la demanda de divisas. Ya sea directamente, lo cual se refleja en un aumento en la dolarización de los ahorros. Con un cepo cambiario estricto como el vigente, esa dolarización se traslada al consumo de los bienes durables– autos, electrodomésticos, LEDs, celulares, computadoras, etc.- intensivos en dólares atados mayormente al tipo de cambio oficial, aunque ante el cepo reforzado también hay remarcaciones en estos sectores por arriba del dólar oficial, ante la incertidumbre de cuál será el dólar con el que reponer stocks.

Sin embargo, actualmente las reservas netas en el BCRA (sin incluir Swap de monedas con China, encajes bancarios, depósitos del Gobierno y préstamos con organismo internacionales) son poco más de U$S 4.700 millones (último dato al 29/09).

El “poder de fuego” del BCRA es limitado para sobrellevar una mayor demanda de dólares por parte del sector privado. Por eso, el Banco Central viene reforzando las restricciones al acceso de dólares por parte de los importadores y también limitando la operatoria de los “dólares alternativos”.

El Gobierno sigue ajustando el “cepo al cepo”. Pese a ello, el resultado es el mismo. Continúa ampliándose la “brecha cambiaria” (diferencia entre el dólar oficial y los “dólares alternativos”).  No hay confianza y tampoco se observa un programa macroeconómico que permita “anclar las expectativas”. No se explicita qué se negocia con el FMI, ni si el sendero de reducción del déficit fiscal y la emisión monetaria que propone Guzmán para 2022 tiene apoyo dentro del Gobierno. La propia continuidad del ministro de Economía está en duda.

Además, esta presión alcista en la cotización de los “dólares libres” tiene cada vez más combustible. El BCRA está volcando una mayor inyección de pesos en la economía por la previa electoral, pero fundamentalmente porque en esta parte del año el gasto y la emisión siempre es mayor. En el último trimestre se concentra la mayor asistencia del BCRA al Tesoro Nacional.

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Si el objetivo del BCRA es utilizar el dólar oficial como ancla de la inflación, es clave conocer cuáles es el  “colchón” de competitividad-precio con que cuenta la economía.

Para ello debemos calcular el  llamado “dólar real”:  tomamos la cotización del dólar en distintos puntos del pasado y lo traemos al presente adicionándole la inflación en Argentina y ajustándolo con los precios (tipo de cambio e inflación) durante el período de los principales “socios comerciales” (Estados Unidos, Europa, Brasil y China). Veamos la evolución del “dólar real” en los años electorales, cuando se intentó el “truco” del atraso cambiario.

En el gráfico se refleja la cotización “dólar real” en los meses de enero y octubre (a precios de septiembre de 2021) en las elecciones de los años 2011 , 2013, 2015 y 2021.

Se observa que el “atajo” de atrasar el dólar oficial (respecto de la inflación local y del tipo de cambio e inflación de los socios comerciales) es una constante en la previa electoral.

En 2011 -con elección presidencial- el dólar partió de un nivel similar al de enero de 2021: 110,8 pesos (expresado en pesos de septiembre/21). Al mes de octubre de ese año, cuando ocurrieron las elecciones, se había “atrasado” 8,4% en relación a la inflación, pero ello sucedió fundamentalmente entre agosto y octubre, los meses previos a las elecciones.

En el caso de las elecciones presidenciales de 2015, el nivel del “dólar real” a enero de ese año estaba muy por debajo del dólar oficial actual (81,2 pesos actuales). En el mes de octubre (mes de la elección general) se ubicaba en 67,7 pesos, un dólar “súper-barato”. Se atrasó un 16,6% en la previa electoral. 

En 2013, año de elecciones legislativas, el nivel de “dólar real” estaba también barato. Equivalente a 91,2 pesos actuales al mes de enero de 2013. En el momento de la elección legislativa era de 89,4 pesos. En este caso el atraso fue marginal (sólo un 1,9%), pero partiendo de un dólar muy barato. De hecho, en enero de 2014, tras la elección, con Kicillof como ministro de Economía, se decidió una devaluación del tipo de cambio oficial de alrededor del 20%:

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En 2021 el “dólar oficial” arrancó en enero en un nivel de 110,1 pesos, expresado en pesos de septiembre/2021, y cerró en septiembre pasado en 98,8 pesos. Es decir, ya tuvo un “atraso” de 10,3%. Es el mayor atraso cambiario detrás de la elección de 2015. El punto a favor es que se inició desde un nivel mucho más elevado, un dólar más competitivo.

Igualmente, en lo que queda hasta la elección este dólar seguirá atrasándose y según lo que proyectamos en noviembre alcanzara los 96,8 pesos, acumulando así un 12% de atraso cambiario.

IMPACTO DE LA DEVALUACIÓN DEL REAL

Hay otro factor que puede agravar el atraso del “dólar oficial”: que las monedas de los países con los que más comerciamos comiencen a depreciarse. Por eso hay que seguir muy de cerca lo que sucede en Brasil.

Si observamos el gráfico comparativo entre el peso argentino y el real brasilero, cuando el real se depreció rápidamente, tarde o temprano, obligó al BCRA a convalidar una depreciación del peso o tuvo un costo importante en términos de reservas del Central.

Entre mediados de marzo y fines de junio de 2021, cuando el real sufrió una apreciación nominal (pasó de R$5,9 a R$4,9 por dólar), la tendencia jugó a favor del BCRA, que así pudo desacelerar el ritmo de devaluación del peso, sin comprometer la competitividad (precio) con respecto a nuestro mayor socio comercial. Sin embargo, a partir de fin de agosto el real comenzó a  depreciarse nuevamente (de R$5,1 por dólar a R$5,36) y esto complicar aún más el esquema cambiario del BCRA en los próximos meses.