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Según el Indec, en 2018 los salarios promedio de la economía aumentaron 29,7%. En el mismo período la inflación (medida por el IPC, índice de precios al consumidor nacional) llegó al 47,6%. Mientras que la canasta básica (compuesta por alimentos, vestimenta, transporte y otros servicios básico), con la que se mide la línea de pobreza, se encareció 52,9%. Así la inflación corrió casi 18 puntos por arriba del aumento de salarios y la canasta de pobreza más de 23 puntos arriba.
   Dicho de otro modo, la pérdida del poder de compra salarial o la caída del salario real, medida con el índice de precios al consumidor, fue del 12%. La pérdida de poder de compra salarial medida en términos de la canasta de pobreza superó el 15%. Los datos oficiales también mientras que la suba de salarios en el sector informal (o en negro) fue todavía menor: 27,2%. Aunque este dato hay que tomarlo con pinzas, ya que el propio Indec aclara que tiene un rezago de 5 meses y es controvertida su validez. En el sector privado formal la suba salarial llegó al 30,5% y en el sector público al 30,3%.
   Como se ve en el gráfico elaborado por Martín Barrionuevo (@mmbarrionuevo), muestra que hasta el primer trimestre de 2018 los salarios le ganaban, levemente, a la inflación y eso junto con el crédito sostenían el consumo y el nivel de actividad. Sin embargo, a partir de abril/mayo la devaluación disparó vertiginosamente la inflación por delante de los salarios. Y eso provocó el derrumbe del consumo y sumergió a la economía en la recesión.