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La respuesta a la pandemia por parte de la Reserva Federal de EE.UU fue “inundar” de liquidez al mercado financiero a una velocidad inédita. Entre marzo y junio, volcó al mercado 3 billones de dólares para evitar que la recesión se transforme en una depresión económica.

Al igual que en la crisis internacional 2008/09 la incertidumbre global por el Covid-19 generó en los inversores un “vuelo a la calidad”. Los capitales salieron de mercados emergentes y se refugiaron en los bonos del tesoro de Estados Unidos, que actualmente solo rinden 0,6% anual (bono a 10 años)

Esto fortaleció al dólar a escala global, respecto del resto de las monedas, generando una devaluacion generalizada de las monedas de los paises emergentes. Sin embargo, en las últimas semanas se esta dando el fenómeno inverso. Las monedas y algunos commodities  tomados como refugio de valor -como el oro y la plata-  se revalorizan contra el dólar.

Consecuetemente, esto puede traer un doble impacto para Argentina ya que le da un mayor colchón de competitividad la debilidad del dólar. Y también existe la posibilidad que los commodities agrícolas se revaloricen. Esto úlitmo requiere que la recuperación económica de China, principal comprador, post-pandemia sea rápida.

Si observamos el índice dólar (DXY) – que es índice compara al dólar estadounidense frente a una canasta de monedas de relevancia a escala global (Euro, Yen,Libra Esterlina,Dólar Canadiense, Corona Sueca y Franco Suizo)-  tuvo un salto en marzo en el inicio de la pandemia. Sin embargo, entre abril y julio se fue depreciando sistemáticamente. Paso de 102,8 (máximo) a 95,9 en los últimos días (mínimo en el año). – ver gráfico-

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La hiper-liquidez trajo “más apetito por el riesgo”. Los bonos de los países emergentes subieron (cayeron las primas de riesgo país ) y las monedas en países emergentes comenzaron a apreciarse (nominalmente).

Esta tendencia impacta directamente en  Argentina, especialmente por lo que sucede con Brasil, nuestro mayor socio comercial.

El dólar en Brasil llegó a cotizar casi 5,9 reales a mitad de mayo por la incertidumbre del Covid-19 (valía 4 reales a principio de 2020). Al inicio de  junio volvió a bajar, quebrando los 5 reales por dólar y luego subió hasta 5,5 reales. Sin embargo, en estos últimos días, la tendencia se revirtió y actualmente se ubica en  5,17 reales por dólar.

Algo similar ocurrió con el Peso Chileno, Peso Mexicano, Peso Peruano y el Peso Colombiano. Hasta mitad de mayo se depreciaron muy por encima del Peso Argentino -con sus esquema micro-depreciaciones – (ver gráfico). Y en las últimas semanas volvieron a apreciarse nominalmente.

La devaluacion en los paises de la regi’on “erosionaba” la competitividad del peso. Más aun porque esos países tienen una inflación baja (entre 2% y 4% anual).

Por ello, la reversión de tendencia de las monedas (apreciación nominal) de los países vecinos es clave para  Argentina ya que le permite ganar un “colchón de competitividad” respecto de sus socios comerciales, sin mover demasiado el dólar oficial.

Vale señalar que el BCRA en junio, en plena liquidación de los agro-dólares y con un gran superávit comercial, tuvo que restringir más los controles de cambios para evitar un mayor drenaje de reservas.

El tipo de cambio real multilateral estaba a mediados de mayo 10% por encima de la salida del cepo (en diciembre de 2015) en términos de competitividad-precio. Y actualmente se ubica 19,3% por encima de ese nivel. Es decir, sin devaluar bruscamente el dólar oficial, hubo una “ganancia de competitividad”, por la apreciación reciente de las monedas de la región, en particular en Brasil.

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Si el dólar continua debilitandose a escala global y Argentina logra arreglar el tema de la deuda con los acreedores privados, podría tener una menor presión cambiaria tanto en el dólar oficial como en los “dólares alternativos” en los próximos meses .  

Hasta el BCRA podría volver a comprar los dólares del superávit comercial (que se estima en u$S 17.000 millones para 2020), “desarmar” las últimas restricciones cambiarias sobre importadores y acumular reservas. 

Sin embargo, tambien existe el riesgo de que el rebrote de casos de Covid-19 en Estados Unidos genere nuevamente “pánico” en los inversores financieros y la incertidumbre global lleve a otro “vuelo a la calidad” de los inversores, refugiándose en bonos del tesoro de Estados Unidos, con mas depreciacion de las monedas en los países emergente.

Amílcar Collante