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Una de las claves del esquema económico actual es la acumulación de reservas por parte del BCRA.

   El “super cepo” y el “dólar solidario” para compras en el exterior (dólar oficial mas impuesto PAIS) permitieron reducir drásticamente la demanda de dólar en el mercado de cambios.

   El BCRA, aprovechando el fuerte superávit comercial y el cepo cambiario, comenzó a acumular reservas. Desde el 10 de diciembre hasta el 20 de enero, el Central realizó compras netas de divisas por 1.977 millones de dólares. A razón de u$s 76 millones diarios.

   Sin embargo, a partir del conflicto desatado entre Kicillof y los acreedores de la provincia de Buenos Aires (y luego el reperfilamiento del bono dual – AF20-), el BCRA no solo disminuyó el nivel de compras netas, sino que hubo jornadas en las que sacrificó reservas para evitar una suba del dólar oficial más acelerada.

   Entre el 20/01 y el pasado 11/02 el BCRA realizó ventas netas por 400 millones de dólares. Un promedio de ventas de u$s 25 millones diarios.

   El “ruido ” de la negociación de la deuda acrecentó la incertidumbre macro, que se tradujo en menos reservas en el Banco Central. Cayeron 804 millones de dólares entre el 20/01 y el 11/02 (último registro disponible), porque además de las ventas de la entidad hubo que afrontar vencimientos de deuda en dólares con las reservas. Una reducción a un ritmo promedio de u$s 47 millones diarios.

  La acumulación de reservas, vía compra de dólares del superávit comercial –que este año podría superar los U$S 15.000 millones– es un pilar fundamental de la política económica oficial. Esas reservas son la base del modelo “vivir con lo nuestro” mientras se mantengan cerrados los mercados de créditos. Cuánto más dólares haya disponibles, mayor la posiblidad de impulsar el consumo y la inversión, la producción industrial y la actividad económica en general, que necesitan de insumos y bienes de capital importados para crecer.

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   Pero además, ese es el mecanismo que garantiza que el Estado tenga alguna capacidad de pago de la deuda a futuro, aunque más no sean los vencimientos de intereses de deuda en dólares hasta que se cierre la reestructuración para no caer en default y una porción de esos intereses después. 

   Si el Banco Central no logra volver a un sendero de compra acelerada de dólares, vía emisión de pesos del Banco Central, todo se complica. No sólo en términos de la sustentabilidad de la renegociación de la deuda. Si el Central no compra dólares, el impacto empezará a sentirse en la economía real: crecerían las presiones sobre los tipo de cambio alternativos (paralelo, contado con liquidación), la tasa de interés en vez de bajar volvería a subir, golpeando la tenua recuperación del crédito, y el Gobierno tendría que redoblar los controles sobre las importaciones para administrar con mayor cuidado los dólares escasos de las reservas disponibles.