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Desde el lunes pasado,  los fabricantes de alimentos informaron las nuevas listas de precios a los supermercados, con subas de entre 4,1% y 15,5% en su productos. A partir del 18 de marzo parece haber una nueva ronda de remarcaciones en alimentos que, junto con las tarifas de servicios públicos, son uno de los motores de la inflación en los primeros tres meses del año. De hecho, según el relevamiento de la consultora Elypsis, hasta el 17 de marzo la inflación corría (en el acumulado mensual, cuatro semanas) todavía al 4,5% y en el caso de los alimentos al 5,9% (ver aquí).
    Según informó Claudio Zlotnik en #MMD, los nuevos listados de precios enviados por los fabricantes a los distribuidores mayoristas y grandes supermercados contemplan aumentos de precios que van del 4 hasta el 15%. En particular, las principales subas se concentran se concentran en:
Aceites: entre el 7% y el 11,3%
Fideos: del 8,5% al 9,3%.
Harina: del 4 al 7%.
Arroz: 5%.
Congelados: 14%.
Yerba Mate: entre 5,6% y 15,5%.
Mermeladas: 12%.
   Además, una de las principales empresas lácteas envió un listado con remarcaciones en casi toda su línea de productos de entre 8 y 12%. Una de las marcas más conocidas de café aplicó un aumento de 5% en sus productos. Mientras que una de las mayoras importadoras de alimentos envió a sus clientes un nuevo listado con incrementos generalizados del 6%, prácticamente lo mismo que escaló el dólar desde mediados de febrero.
   Sólo en el primer bimestre del año (enero/febrero), el Indec registró un suba acumulada de precios en el rubro alimentos y bebidas del 9,3%, muy por encima de la inflación general. Mientras que a febrero la inflación acumulada en alimentos en los últimos 12 meses llegó al 58,3% (ver aquí).
   La política económica aún está lejos de encontrarle la vuelta a la inflación. Pese al endurecimiento de las política monetaria y el aval del FMI para la contención del dólar, todo indica que la inflación de marzo será similar o algo mayor a la de febrero. Y que las remarcaciones en alimentos le volverán a ganar a la inflación general, con un impacto mucho mayor en las familias más pobres, que consumen casi todos sus ingresos en comida.