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   El real en Brasil se depreció fuerte en el arranque de 2020. El dólar llegó a 4,40 reales y acumula una suba de 9,4% en lo que va del año. Esta noticia suma presión al esquema cambiario argentino, que aún con controles de cambio muy restrictivos, ya sintió el impacto.

   En Argentina, el movimiento del dólar tiene un traslado a precios muy elevado. Y termina afectando al poder adquisitivo del salario. En cambio, en Brasil el esquema monetario es sólido, la inflación es baja (alrededor del 3% anual) y la devaluación implica una mayor competitividad-precio.

   La velocidad de la depreciación de la moneda brasileña (suba del dólar del 9,4% en lo que va del año), en una economía con una inflación de sólo el 3% anual, significa una fuerte ganancia de competitividad.

   La devaluación en Brasil tiene distintas causas. La más relevante es el impacto de la desaceleración económica en China, más la incertidumbre por el efecto del coronavirus. Desde 2009, China es el principal destino de las exportaciones brasileñas: el 27% de sus ventas externas van a China. El segundo destino es Estados Unidos, con el 12%.

   La dependencia comercial de Brasil con China es muy elevada. Todavía no se conoce cuál será el impacto final del coronavirus en el crecimiento chino. Pero el diagnóstico del gobierno del presidente Bolsonaro es que Brasil necesita abaratar la competitividad-precio de sus bienes y servicios en contexto global que luce más recesivo.

   Las declaraciones del ministro de Economía, Paulo Guedes, defendiendo la devaluación y criticando con términos polémicos el atraso cambiario (“Cuando el dólar estaba a 1,80 hasta las empleadas domésticas iban a Disney, eso era una fiesta terrible”, dijo) indican la nueva orientación de la política económica: tasas de interés bajas y dólar alto.

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   El Banco Central brasileño bajó la tasa de interés de referencia a 4,25%, es la tasa real (descontada la inflación) más baja desde la adopción del régimen de metas de inflación en Brasil en 1999. La tasa de interés de política monetaria se explica con la baja inflación esperada por el mercado para 2020, que se ubica en 3,6% anual.

   Ahora bien, si a China le va cada vez peor porque la crisis del coronavirus se extiende, Argentina recibiría dos impactos: uno directo por el peso de la relación comercial propia con el gigante asiático y otro indirecto, por la estrategia defensiva de Brasil.

   Brasil es el principal socio comercial de Argentina. La devaluación del real mete presión en el esquema cambiario local, en un momento de mucha incertidumbre y con la renegociación de la deuda abierta.

   Por eso, tras un enero con el tipo de cambio local cuasi fijo, en febrero el dólar oficial comenzó un “deslizamiento”, con la intervención y vigilancia del Banco Central para evitar movimientos bruscos y sobre todo una sangría mayor de reservas.

   Como dijimos acá, en el último mes, el Banco Central dejó de comprar dólares del superávit comercial, uno de los pilares de la política oficial, y lleva vendidos más de U$S 400 millones (ver gráfico actualizado dentro del informe).
 
   La ganancia de competividad de Brasil es importante. El dólar subió 9,4 % con una inflación en enero de apenas 0,2%. Es decir, una devaluación real 9% (si la inflación de febrero es similar al mes anterior). En cambio, en lo que va de 2020, el dólar en Argentina subió 3,2%, pero la inflación de enero enero fue 2,3% y acumularía 5% en el primer bimestre. Es decir, el dólar se sigue atrasando o el peso sobrevaluando. El efecto total es un abaratamiento del real contra el peso de por lo menos 11%.

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Amílcar Collante