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La cotización del dólar volvió a caer ayer para marcar un nuevo mínimo en el año ante una plaza que se mantiene desequilibrada hacia el lado de la oferta por el sostenido ingreso de divisas originado por las persistentes colocaciones de deuda.
El billete para la venta al público cerró a un promedio de $ 15,76, es decir, cinco centavos por debajo del precio de clausura del viernes, y 61 centavos (3,7%) detrás del máximo de $ 16,37 que marcó a comienzos de enero. Todo consecuencia de la nueva merma del dólar mayorista (cayó de $ 15,53 a $ 15,49), que se registró pese a que a esos valores vuelve a notarse una retracción en la liquidación de los exportadores.
Esto estaría ocurriendo debido a que los ahorristas, en el contexto actual, prefieren pesos y no dólares. Esto porque las tasas de interés que hoy ofrece el sistema financiero -aunque descendieron mucho- siguen resultando atractivas para el ahorrista promedio.
Prueba de ello es que las colocaciones a plazo fijo se expandieron a razón del 15% entre febrero y finales de diciembre pasado. Y cuando digo atractivas no me refiero a rendimientos esperados (si se comparan con respecto a la inflación, para un pequeño ahorrista, las tasas están por abajo de la evolución de los precios) sino a que el desconocimiento con respecto a otros instrumentos financieros con mejores resultados para los ahorros, hacen que la gente se incline por el tradicional plazo fijo en detrimento de otras alternativas y que, al mismo tiempo, mire menos al dólar.
Además el ingreso de dólares por el “canal financiero”, producto del mayor endeudamiento en moneda extranjera de los sectores públicos nacionales y provinciales y de empresas privadas, se viene incrementando de forma notoria en los últimos meses. Esto quiere decir que entran más dólares por deudas nominadas en esa moneda, sube su oferta, baja su precio. ¿La pregunta es cuánto tiempo puede el dólar mantenerse en estos niveles tan bajos?