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La inflación acelerando apuntando al 75% anual a fin de año, el salto en los “dólares alternativos” y los temores por la renovación de la deuda en pesos, se combinan con la interna feroz en la coalición de Gobierno. Cristina ya se desmarcó de la política económica. Todo ello agravado por un contexto internacional con la Reserva Federal (FED) subiendo las tasas de interés y con riesgos de una recesión global. Vienen semanas de máxima tensión para la economía. Alberto Fernández, ya sin margen de acción, se aferra al FMI e intentará “emparchar” la economía para evitar profundizar la crisis.

El momento clave para “anclar las expectativas” ya pasó. Con el acuerdo con el FMI el Gobierno, Fernández y Guzmán tenían la última chance para achicar “las brechas” tan nocivas para el funcionamiento de la economía argentina.

La  brecha fiscal, entre los ingresos y el gasto público, y así,  reducir el déficit fiscal. La “brecha cambiaria” – diferencia entre el dólar oficial y los dólares alternativos-  que distorsionan el comercio exterior y “secan” de dólares al BCRA pese al superávit comercial. Y por último, “achicar” la diferencia entre los “precios regulados” y los “no regulados” de la economía. Ajustando las tarifas de servicios públicos, que estuvieron “cuasi- congeladas” desde abril de 2019, para bajar la carga fiscal de los “subsidios económicos” (equivalentes a 3% del PBI en 2021).

Sin credibilidad y con la imagen pública del Presidente en los mínimos de su mandato. Guzmán y su equipo “corren detrás” de los acontecimientos.

El objetivo, en este contexto adverso, es aproximarse lo máximo posible al cumplimiento de las metas con el FMI (fiscal, monetaria y de acumulación de reservas) .Y tratar de evitar un escenario explosivo, con más devaluación del peso y una tasa de inflación interanual en 3 dígitos. Salvo un giró drástico, con cambio integral de equipo y pleno respaldo político, no es posible implementar un “plan de estabilización” en este marco.

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Cuando las “papas quemaron” el Gobierno siempre mostró una reacción más “ortodoxa” en términos económicos. Pero no le duró mucho tiempo. Pasó tras la disparada del dólar a $195 en octubre de 2020. En ese momento Fernández empoderó a Guzmán. Este llevó adelante un ajuste fiscal y , en simultáneo, se hizo un ajuste monetario desde el BCRA -ambos en la primera parte de 2021- para evitar una “espiralización” de la crisis.

Después de la “corrida” de los bonos CER, el Gobierno también “se asustó” y lanzó un set de medidas para estabilizar la situación.

-El BCRA elevó la tasa de interés nominal anual de las Leliq (a 28 días), en 300 puntos básicos  con lo cual pasaron de 49% a 52% anual – equivale a una tasa efectiva anual de 66,5%-. Y subió a 53% anual la tasa de los plazos fijos a 30 días (hasta $10 millones).  Es decir, una tasa efectiva anual de 68% para evitar una mayor “dolarización” de los ahorristas.

-Avanzó con la segmentación de tarifas de luz y gas para quitar totalmente el subsidio a la energía en los sectores de altos ingresos.

-Anunció que se reforzarían los controles del comercio exterior (especialmente de las importaciones) tras el desembarco de Scioli al frente del Ministerio de Producción. Para evitar que continúe el “goteo” en las reservas del BCRA en un año con liquidación récord de agro-dólares.

  • Y es probable que el titular del Banco Central, Miguel Pesce, acelere el “crawling peg”  -a pedido del FMI-  para que el “dólar oficial” no siga atrasándose.

Además, el BCRA intervino en el mercado de bonos CER: se estima que realizó compras por más de $350.000 millones para evitar la caída en las cotizaciones de los bonos CER.

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La semana próxima el Gobierno tiene un test financiero importante en la licitación de deuda en pesos por más de $561.000 millones de pesos. Guzmán anunció un canje de bonos (hasta el día viernes) para asegurarse un porcentaje de renovación elevada antes del vencimiento de la próxima semana. Para que el BCRA no tenga que recurrir a la “maquinita “para cubrir las obligaciones en pesos del Tesoro Nacional.

Este mini-paquete de medidas es un “parche” para evitar una nueva disparada en la brecha cambiaria, con la consecuente aceleración inflacionaria, tiene como objetivo que el BCRA vuelva a acumular reservas netas para acercarse a la meta fijada en el acuerdo con el FMI.

En el plano fiscal el Gobierno está lejos de mostrar una reducción del déficit fiscal. Según los números del Ministerio de Economía, en mayo se registró un déficit fiscal primario de $ 191.528 millones y acumula $463.500 millones en los primeros 5 meses del año. Es decir, tiene un margen de sólo $100.000 millones para no incumplir con la meta del FMI del segundo trimestre.

 En mayo pasado, los ingresos totales subieron 58,7% interanual ( -1,3% en términos reales). Mientras que el gasto primario se disparó 88,3% interanual (+17,2% en términos reales).

Este panorama local se agrava si consideramos que el contexto internacional está empezando a revertirse. La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) ya subió la tasa de interés de referencia en 0,75 puntos. Y es muy probable que repita este movimiento a fin de julio, con el riesgo de desatar una recesión en Estados Unidos.

 La contracara del dólar fortaleciéndose a escala global son precios de las materias primas que comiencen a bajar y monedas en la región comiencen a depreciarse contra el dólar. Bajo ese escenario el BCRA tendría una presión cambiaria muy fuerte con expectativas de devaluación en ascenso. Sólo la prolongación de la crisis en Rusia, muy probable, mantendría el escenario de un dólar forltalecido y precios de las commodities todavía elevadas por varios meses más.

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Las próximas semanas el “ruido político” y el “desmarque” del kirchnerismo de la política económica del Gobierno será muy fuerte e impactará en las expectativas económicas. Por ahora, el único “salvavidas” a mano para Fernández y Guzmán es aferrarse al FMI y “emparchar” la macroeconomía  para evitar una espiralización de la crisis. El “plan aguantar” largó demasiado temprano: quedan13 largos meses hasta las PASO de 2023 .

Amílcar Collante