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   En las ultimas recesiones (2014 y 2016 y del año pasado) vimos una misma secuencia de acontecimientos. Un salto cambiario (o depreciación rápida del peso), aceleración de la inflación y su consecuente caída de la actividad. En medio de ese proceso la tasa de interés escaló también abruptamente, encareció el crédito y provocó una fuerte caída en el stock de préstamos al consumo (personales, prendarios y tarjetas de crédito). La pregunta que todos se hacen es si en 2019 puede volver a dinamizarse el crédito al consumo, con un impacto positivo en la economía real y en el humor de los votantes. ¿Ese impulso del crédito –clave en la elección 2017—podría llegar esta vez antes de las PASO de agosto, antes de la elección general de octubre o antes del balotaje de noviembre?
   Devaluación, aceleración inflación y caída de la actividad económica. Cada salto devaluatorio estuvo seguido de una suba tasa de interés. El salto en las tasas de interés y el freno en el crédito, detuvo la crisis cambiaria, pero al miosmo tiempo profundizó el contexto recesivo que provocó el derrumbe del salario real por la disparada de la inflación postdevaluación. ¿Cuántos meses tardó en recomponerse el crédito en anteriores recesiones forzadas  también por devaluaciones, aunque no tan grandes como la del año pasado?
   En el grafico se observa que en las recesiones de 2014 (devaluación de Kicillof) y de 2016 (salida del cepo cambiario) el stock de crédito al consumo (en términos reales, descontada la inflación), incluidos préstamos prendarios, personales y tarjetas de crédito, volvió a subir tras 8 o 9 meses consecutivos de caída. Sin embargo, el shock cambiario de 2018 que comenzó en mayo ya lleva 9 meses de contracción del crédito y todavía no se vislubra un cambio en la tendencia. Hasta enero de 2019 el stock de créditos cayó casi 20 puntos reales. El factor relevante ahora es la dureza de la política monetaria. Casi no tiene precedentes un plan con un objetivo de base monetaria creciendo a 0%, lo cual hace que la tasa de interés baje más lentamente que en el pasado tras la crisis cambiaria. La recuperación del crédito al consumo será mucho más lenta que en la anteriores ocasiones.
   De ahí la importancia de que la tasa de interés de referencia (de las Leliqs, las Letras de Liquidez del Banco Central) empezara a ceder a un ritmo más veloz a partir de fines de enero. La baja en la tasa de interés de Leliqs se está traduciendo en una notoria caida en la “tasa de intereses pasivas": el rendimiento de los plazo fijo para minoristas a principios de año era del 50% anual y hoy promedia el 36% anual. Lo que falta es que la baja en la tasa de Leliqs y de las tasas de los depósitos que pagan los bancos se refleje en una reducción significativa de las “tasas activas”, es decir, de las tasas de interés que cobran los bancos por los préstamos. Otro camino para acelerar el proceso del regreso del crédito sería una baja de los encajes bancarios, pero por ahora el Banco Central prefiere manejarse con cautela.
   El timing de la recuperación no es algo trivial en este año clave de elección presidencial. Difícilmente la leve recuperación del salario real que el Gobierno espera a partir de marzo (cuando jubilaciones y AUH se ajusten con los altos índices de inflación del trimestre julio-agosto-septiembre 2018) alcance para motorizar nuevamente el consumo, al menos, hasta los niveles previos a la crisis. El crédito al consumo (prendarios, personales, tarjetas de crédito) sería en este sentido una ayuda clave, como ocurrió en 2017. Pero aún si se mantuviera la “pax cambiaria” hoy nadie puede arriesgar cuando volverá el crédito.

AMILCAR COLLANTE