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ECONOMÍA
29 de Junio de 2019

La trinchera anti corrida que cava Macri para afrontar el "efecto PASO" y el reclamo de Alberto Fernández al FMI

Columna de Maximiliano Monenegro publicada en El Cronista el 28 de junio.

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Entre operadores de Wall Street empieza a circular la idea de que el Banco Central está logrando cavar una “trinchera” lo suficientemente resistente no sólo para dejar el dólar el dólar sin sobresaltos hasta las PASO de agosto. El rol de esa “trinchera” anti-corrida es garantizar la pax cambiaria, al menos, hasta las elecciones generales de octubre, como prometió el propio Dujovne a los inversores financieros.

   El temor, justamente, discutido una y otra vez en el equipo de Guido Sandleris era que un resultado muy adverso en las PASO (más de 8/10 puntos abajo de la fórmula Fernández-Fernández) abriera las puertas de una dolarización acelerada y que el Banco Central tuviera que salir a vender reservas en grandes montos. Eso no sólo impactaría muy negativamente en la débil recuperación económica (menos pesos, menos crédito, tasas más altas) sino también le agregaría tensión a la relación con el Fondo, que autorizó –por presión de la administración Trump-- el uso de la reservas para frenar una nueva devaluación contra la opinión de la línea técnica del organismo.

   De hecho, Alberto Fernández, con letra del economista Emannuel Álvarez Agis, hizo hincapié en la reunión con los funcionarios del FMI que solicitaron escucharlo, la contradicción que significa el uso de los dólares del préstamo del Fondo Monetario para frenar una corrida cambiaria.

   Viola el “Artículo VI” del estatuto del organismo que dice claramente que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin”. Y agrega: “Si después de haber sido requerido a ese efecto el país miembro no aplicara las medidas de control pertinentes, el Fondo podrá declararlo inhabilitado para utilizar los recursos generales del Fondo”.

   Por eso mismo lo echaron en septiembre del año pasado a Luis “Toto” Caputo del Banco Central: se negó a cumplir la orden expresa del FMI de no vender dólares del crédito Stand-by para evitar una devaluación mayor.

   En otros términos, Alberto le reclamó al mexicano Alejandro Werner –director del Hemisferio Occidental—que le quite la “botonera” a Macri para vender dólares de las reservas si la fuga de capitales se profundizara durante la campaña electoral.

   Paradójicamente, Alvarez Agis, que fue el primero en abril pasado en recordar lo que decía el estatuto del Fondo, había en su momento elogiado al Gobierno por haber logrado, con el respaldo político de Washington, que el FMI flexibilizara la posibilidad de intervenir en el mercado cambiario, algo que parecía imposible.

   Pero hoy la preocupación es otra, y Alberto Fernández la deslizó durante la reunión casi como advertencia: cuánto más dólares del préstamo destinado a pagar deuda se utilicen para atrasar al dólar durante el proceso electoral, menos dólares quedarán después del 10 de diciembre para garantizar vencimientos de deuda.

   Dicho sea de paso, Alvarez Agis y Kicillof mantienen el chat de whatsapp abierto con Sandleris: ¿amistades de juventud que trascienden a los gobiernos?

   Volviendo a la trinchera del Banco Central, en Wall Street miran con atención cómo fue armando en los últimos dos meses un arsenal para afrontar el “efecto PASO”. El FMI solo autoriza al BCRA –está en el acuerdo—vender hasta U$S 2.000 millones de contratos de dólar futuro. En abril el Central se había gastado buena parte de esa munición, pero en mayo –último dato oficial informado— revirtió esa tendencia y salió agresivamente a comprar contratos de dólar futuro, terminando con una posición de compras por U$S 1.600 millones.

   En junio, un operador de primera línea, calcula que esa posición podría más que duplicarse. Y que hacia agosto, llegaría con un poder de fuego en el mercado de dólar futuro de entre 5000 y 7000 millones (entre las compras del Central y lo que permite vender el Fondo).

   A eso se sumaría, en caso extremo, los dólares líquidos de las reservas (netos del encaje de los depósitos en dólares en el BCRA, el SWAP de monedas con Chinas y unos U$S 7.300 millones del préstamo del FMI supuestamente intocables para el “fortalecimiento de las reservas”): unos U$S 17.500 millones.

   Para que el Central haya podido acumular municiones en los últimos dos meses de pax cambiaria (en junio el dólar cae 4,6%) actuaron tres factores: el escenario internacional favorable (baja de la tasa de los bonos del Tesoro y expectativa de baja de las tasas de la Reserva Federal), la autorización del Fondo para vender reservas para controlar el tipo de cambio, la tasa de interés arriba del 60%, y la reaparición incipiente del “carry trade” en las últimas semanas (fondos del exterior que ingresan para para aprovechar las altas tasas de los bonos en pesos).

   Además impacta que “no hay pesos (ni crédito) en la calle” y empresas y particulares deben vender dólares para pagar los vencimientos del impuesto a las Ganancias.

   Por su puesto, la idea del “súper peso” del que habla Dujovne hasta las elecciones general abre los interrogantes y riesgos conocidos. ¿Cuánto se puede atrasar el dólar frente al resto de los precios de la economía, teniendo en cuenta la altísima inflación de los primeros 5 meses del año y la inflación proyectada para los próximos meses?

   El dólar real de septiembre pasado (la cotización de aquel momento traida a hoy adicionándole la inflación) sería un dólar de 53,50 pesos. Fue el “dólar máximo” en la era Macri, todavía en plena crisis cambiaria, insostenible en el tiempo. Desde entonces, la inflación fue 36% y el dólar apenas subió 8%, con la cotización de ayer (42,84 en el mayorista).

   El dólar “recontra alto” –irrepetible—de los primeros tres años de Kichner (2003-2006) fue un promedio equivalente a 60 pesos hoy. Suponiendo una inflación mensual promedio del 2% a partir de julio, si se mantiene la “pax cambiaria” con un dólar alrededor de 44/45 pesos, entonces el “dólar real” a valores de hoy podría caer a unos 39 pesos para la elección de octubre.

   Aún con el dólar actual habría un “pequeño colchón cambiario” si se lo compara con el tipo de cambio que dejaron en su momento Cristina/Kicillof al propio Macri. Aquel dólar de 9,80 pesos en el oficial en diciembre de 2015 equivaldría a un dólar de 28 pesos actuales.

   El peligro de atrasar el dólar (frente a la inflación), con la atracción de las altas tasas de interés y un esquema financiero de corto plazo es, como siempre, que si no se recrean las expectativas y la confianza, tarde o temprano puede volver a dispararse. Y cuanto más atrasado quede el dólar, mayor sería, como siempre, la devaluación posterior.

   El gran ajuste en el sector externo (el ahorro de dólares de la economía) se dio “por las malas”: la mega devaluación con recesión forzaron el derrumbe de las importaciones y la caída a menos de la mitad de los gastos de argentinos en el exterior (turismo), además de achicar notablemente el atesoramiento de dólares.

   Sin embargo, en los últimos meses, el atesoramiento volvió a instalarse entre 1000/1500 millones mensuales y habrá que ver cuán sostenible es el superávit comercial (exportaciones menos importaciones) si la economía vuelve lentamente a crecer y las importaciones empiezan a levantar, mientras se atrasa el tipo de cambio.

   En el Gobierno creen, una vez más, que toda “inconsistencia” se resolverá si Macri es reelecto, con la caída del riesgo país y la reapertura del financiamiento externo.

   Es lógico que en el equipo de Alberto Fernández estén más preocupados por los dólares “cash” que quedan en el Banco Central.

   El candidato ya se reunió con el HSBC, JP Morgan y grandes fondos de inversión. Alvarez Agis le preguntó hace algunas semanas a uno de los argentinos más cotizados de Wall Street, líder de un gran fondo con activos reales en el país, qué podría hacer una futura administración K para recobrar la confianza de los mercados: “Den todas las señales: que Alberto no es un títere de Cristina; que no quieren el default; que no van a volver a cosas como el cepo. Pero por algunos meses no van a tener el beneficio de la duda”, fue la respuesta categórica.

   Hay dos datos impactantes de la magnitud del desafío para la próxima administración. Ya van 11 años de dolarización furiosa del ahorro de los argentinos: entre 2008 y el primer trimestre de 2019 el atesoramiento de dólares (cajas de seguridad, “colchón” y transferencias al exterior) alcanzó los U$S 150.000 millones. Entre 2016 y el primer trimestre de 2019, salieron del sistema unos U$S 65.000 millones, es decir que en poco más de 3 años de la era Macri salieron del sistema el 43% del total de dólares fugados de los últimos 11 años.

   Es evidente que no hay espacio para tentarse con los cantos de sirena de la “lluvia de inversiones”.


Columna en El Cronista Aca.


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