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Desde octubre de 2020, el Banco Central mantiene su estrategia del “rulo” para contener a los “dólares alternativos”.  Sin embargo, en las últimas semanas tuvo que incrementar la intervención para evitar que el “dólar mep” y el “contado con liquidación” disparen aún más las expectativas de devaluación.

La estrategia del “rulo” del Central consiste en comprar dólares del superávit comercial en el mercado oficial de cambios a $96. La operatoria se facilitó  con el endurecimiento del cepo a los importadores y los precios de la súper soja. Simultáneamente, para mantener la brecha con los “dólares alternativos” (contado con liquidación y MEP) controlada, el Banco Central vende bonos en dólares contra pesos (a una cotización implícita que ronda los 164/169 pesos) y luego con dólares de las reservas recompra parte de esos bonos.

Sin embargo, en los últimos meses cuando parecía que el BCRA iba a “correrse de la cancha” y dejar de intervenir activamente (en abril solo vendió u$s 33 millones), comenzó a destinar cada vez más dólares para intervenir  (en mayo fueron u$S  85 millones). Pese a ello, los “dólares alternativos” continuaron con una tendencia alcista.

El dólar “contado con liquidación” que a mediados de mayo no podía romper los $160 por dólar, actualmente, se ubica en 167 pesos y por momentos superó los 170 pesos, apenas el BCRA dejó de intervenir en ese mercado.

A mediados de marzo, con el vencimiento del “impuesto a la riqueza”, muchos contribuyentes tuvieron que “desdolarizar” sus posiciones (legales) en los “dólares alternativos”. Las cotizaciones alcanzaron un mínimo de $138 en el caso del “dólar bolsa” y de $146 para la cotización del “contado con liquidación”. Ahora el proceso es el contrario: hay una dolarización creciente de carteras.

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La disparada de los “dólares alternativos” se está dando con un “dólar oficial” que “viaja” a un ritmo muy lento.

 Durante el mes de junio el tipo de cambio oficial subió al 1,2% mensual. El Gobierno lo mantienen “semi-anclado” para evitar un mayor “fogonazo” inflacionario.  En pocas palabras, lo que se está ampliando es la “brecha cambiaria” .Y esto puede generar múltiples problemas a futuro, más aún cuando se aproximen las elecciones de septiembre y noviembre.

A diferencia de lo que sucedió durante el segundo mandato de Cristina Fernández, cuando la brecha cambiaria se estabilizó alrededor del 50% y los funcionarios minimizaban su relevancia, hoy el propio ministro de Economía, Martín Guzmán, reconoce la importancia de evitar que la brecha se dispare mucho más allá del 70% actual. Por varios motivos:

  1. Retención de divisas y sobrefacturación de importaciones

Un efecto de dejar atrasado el dólar y una brecha cambiaria mayor es la distorsión de incentivos en el comercio exterior. Con una “brecha cambiaria” superior al 80% los exportadores tendrían mayores incentivos a retener la liquidación de divisas (y a sub-facturar exportaciones), mientras aumentarían los incentivos de los importadores para adelantar importaciones, las típicas maniobras de sobrefacturación y otros mecanismos para hacerse de dólares oficiales (baratos) del BCRA.

Dicho en otras palabras, se agranda el riesgo de que la brecha se consuma rápidamente el superávit comercial. Y el BCRA se vea obligado a “endurecer” cada vez más el “super cepo” para evitar un drenaje de reservas del BCRA.

2. Mayor presión sobre las “reservas netas

Actualmente, las reservas netas del BCRA (sin incluir Swap de monedas con China, encajes bancarios, depósitos del Gobierno y préstamos con organismos internacionales) se ubican cerca de los 6.000 millones de dólares.

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En noviembre de 2020 habían tocado un “piso” mínimo de u$s 2.241 millones y venían con un ritmo de caída insostenible en el tiempo.  

Sin embargo, el nivel actual de reservas internacionales luce a poco si se considera que Argentina tiene que enfrentar 2 vencimientos por 1.800 millones (en septiembre/21  y diciembre/21 )  con el FMI . Aun considerando que en agosto se distribuirán los Derechos especiales de Giro (DEGs) del FMI por u$S 4.300 millones.

Si la “brecha cambiaria” impacta en la dinámica de las reservas, la escasez de divisas retroalimentará negativamente a las expectativas de devaluación, presionando al alza a los “dólares alternativos”.

3. Más inflación y licuación del poder de compra

El otro riesgo de la “brecha cambiaria” creciente es que la inflación se vuelva a descontrolar. Una  brecha cambiaria mayor al 80%  puede llevar a los importadores a remarcar los precios de los productos importados tomando como referencia a los “dólares alternativos”. ante las restricciones que impone el BCRA a los importadores para acceder al dólar oficial. Otra distorsión de la brecha cambiaria es el “desabastecimiento” y faltante de insumos importados: los proveedores quieren cubrirse ante el costo de reposición de los stocks –ante la incertidumbre para acceder al dólar oficial– y retacean productos en el mercado local o aplican fuertes remarcaciones.

El escenario de una aceleración inflacionaria es peligroso para el Gobierno. La tasa de inflación, pese a que viene desacelerándose en términos mensuales (4,8% marzo, 4,1% abril, 3,3% mayo), está en el orden del 49% interanual (48,8% en mayo) y un nuevo salto en los precios, licuaría aún más el poder de compra de trabajadores, jubilados, pensionados y beneficiarios de programas sociales a solo pocos meses de las elecciones.

Amílcar Collante