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La aceleración inflacionaria preocupa al Gobierno en el año electoral. Tras conocer el 4% de inflación de diciembre, que se repitió en enero, el BCRA dio un giro en su esquema de “crawling peg” y comenzó a bajar el ritmo de las micro-devaluaciones del peso para contener a la inflación. ¿Qué margen tiene el Gobierno – a 7 meses de las elecciones legislativas- para “atrasar” al dólar oficial y contener a la inflación?

Atrasar al “dólar oficial” como medida antinflacionaria es un clásico de los años con electorales en Argentina. La lógica detrás de esta medida es que contener las presiones inflacionarias en los meses previos a las elecciones . Así, generar un “veranito” en el consumo interno que potencie los votos del oficialismo.

 El ministro de Hacienda, Martín Guzmán, dijo que el tipo de cambio en 2021 se depreciará sólo un 25% (en 2020 subió 40,5% punta a punta) .Y afirmó recientemente en una entrevista que “La tasa de depreciación va a ir cayendo”.

Así, el Gobierno proyecta que el dólar oficial terminará el año en 102,4 pesos, como lo explicita el Presupuesto Nacional. Según el propio Guzmán, esa tasa de depreciación del peso es consistente con una inflación de 29% anual. Es decir, el ritmo de depreciación del peso irá por debajo de la inflación.

Los dichos de Guzmán intentan “aplacar” las expectativas de devaluación y de inflación para 2021 en pleno inicio de las negociaciones de salariales. 

  El punto es que la “receta” de atrasar el dólar oficial para contener la inflación no se puede sostener por mucho tiempo. para que esta medida sea efectiva, al menos en el corto plazo, se necesita tener en cuenta  3 factores:

El BCRA debe contar con suficientes reservas netas para contener una posible corrida contra el peso. El atraso del dólar oficial frente a la inflación (apreciación real del tipo de cambio) incrementa la demanda de divisas. Ya sea directamente, lo cual se refleja en un aumento en la dolarización de los ahorros. Con un cepo cambiario estricto como el vigente, esa dolarización se traslada al consumo de los bienes durables– autos, electrodomésticos, LEDs, celulares, computadoras, etc.- intensivos en dólares supuestamente atados al tipo de cambio oficial. Justamente, ese boom de consumo de bienes durables, asociados al humor social, es lo que se pretende promover en el corto plazo para mejorar las chances electorales. 

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Sin embargo, actualmente las reservas netas en el BCRA (sin incluir Swap de monedas con China, encajes bancarios, depósitos del Gobierno y préstamos con organismo internacionales) son poco más de 3.760 millones de dólares (último dato al 15/03) – ver gráfico-

 En otras palabras, el “poder de fuego” del BCRA es limitado para sobrellevar una mayor demanda de dólares por parte del sector privado. Por eso, el Banco Central viene reforzando las restricciones al acceso de dólares por parte de los importadores, lo cual conspira contra el objetivo de una reactivación sostenida de la venta de bienes durables. De hecho, en esos sectores, especialmente en el caso de notebooks y PCs, el ajuste de precios en pesos desde diciembre del año pasado aumentó alrededor de 80%, alineándose con la cotización de los dólares alternativos en blanco (contado con liquidación y dólar mep).

Si la política cambiaria apunta a disminuir el ritmo de depreciación del dólar oficial y los “dólares alternativos” y el “dólar libre” continuaran incrementándose al ritmo de la inflación, se ampliaría la “brecha cambiaria” (entre el dólar oficial y los “dólares alternativos”). Esto profundizaría los problemas en la economía real. Los exportadores tendrían mayores incentivos a retener la liquidación de divisas (y a sub-facturar exportaciones), mientras aumentarían los incentivos para los importadores a adelantar importaciones (sobrefacturar importaciones) y “abalanzarse” sobre los dólares oficiales (baratos) del BCRA. El resultado sería una reducción del superávit comercial y mayores dificultades para el BCRA para acumular reservas.

Hoy ese peligro esta contenido por diversos elementos: la expectativas de un acuerdo con el FMI en mayo, la venta de dólares a través de contado con liquidación y el dólar mep de aquellos que tienen que hacer frente al pago del impuesto a la riqueza y la liquidación de bonos del Banco Central, que dispara el riesgo país, pero mantiene deprimido a los dólares alternativos. Sin embargo, con otro atraso cambiario electoral, el riesgo de una disparada de la brecha se potenciaría en caso de que, por ejemplo, se estancaran las negociaciones con el FMI u ocurriera algún otro “cisne negro”.

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Finalmente, si el objetivo es utilizar el dólar oficial como ancla de la inflación, es clave conocer cuáles es el  “colchón” de competitividad-precio con que cuenta la economía.

Para ello debemos calcular el  llamado “dólar real”:  tomamos la cotización del dólar en distintos puntos del pasado y lo traemos al presente adicionándole la inflación en Argentina y ajustándolo con los precios (tipo de cambio e inflación) durante el período de los principales “socios comerciales” (Estados Unidos, Europa, Brasil y China). Y analizar la evolución en los años electorales, cuando se intentó el “truco” del atraso cambiario. 

 En el gráfico se refleja la cotización “dólar real” en los meses de enero y octubre –a precios de marzo de 2021- en las elecciones de los años 2011 , 2013, 2015 y proyectamos como sería el año 2021. – ver gráfico-

Claramente, se observa que el “atajo” de atrasar el dólar oficial (respecto de la inflación local y del tipo de cambio e inflación de los socios comerciales) es una constante en la previa electoral. 

 En 2011 -con elección presidencial- el dólar partió de un nivel similar al actual 93,4 pesos. Al mes de octubre de ese año, cuando ocurrieron las elecciones, se había “atrasado” 8,4% en relación a la inflación, pero ello sucedió fundamentalmente entre agosto y octubre, los meses previo a las elecciones.

En el caso de las elecciones presidenciales de 2015 el nivel del “dólar real” a enero de ese año estaba muy por debajo del dólar oficial actual (68,4 pesos actuales) . En el mes de octubre (mes de la elección general) se ubicaba en 57 pesos. Es decir, se atrasó un 16,6% en la previa electoral.  

 En 2013 , año de elecciones legislativas, el nivel de “dólar real” estaba barato. Equivalente a 76,8 pesos actuales al mes de enero de 2013. En el momento de la elección legislativa era de 75,3 pesos . En este caso el atraso fue marginal: sólo un 1,9% .

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Para 2021 suponemos que el “dólar oficial” –nominal- en marzo y abril se incrementará a un ritmo de 2,5% mensual (1,5 puntos porcentual por debajo de enero pasado). Luego iría descendiendo el ritmo de depreciación a solo 2% mensual entre mayo y julio .Y entrar en la previa electoral a un ritmo entre 1% y 1,5% en los meses de agosto a octubre. –ver gráfico-

Este nuevo esquema de micro-devaluaciones nos lleva a un aumento nominal de 22,5% en los primeros 10 meses del año ($ 101,7 a octubre) . Mientras que el “dólar real” (a precios de marzo de 2021) pasaría de 92,6 pesos en enero pasado a 83,6 pesos a octubre .

Es decir, sufriría un “atraso” de 9,7% .Vale señalar, que se parte de un nivel de “dólar real” que en la serie histórica esta 25% por encima de la salida del cepo de 2015. Es decir, tiene cierto “colchón” de competitividad precio si miramos el “dólar real” histórico.  Sin embargo, en el análisis debemos incluir el nivel de brecha cambiaria. Tras la apertura del cepo en 2015 el mercado cambiario estaba unificado. Es claro que ante la brecha cambiaria actual de 70% se distorsiona el funcionamiento de la economía. Es una condición necesaria que además de este nivel de competitividad del “dólar real”, el BCRA siga comprando el superávit comercial y se incrementen las reservas internacionales.

De lo contrario, este “colchón” de competitividad no sería suficiente para mantener una política de atraso del dólar oficial.   Por eso, para el último bimestre del año (de cumplirse con este escenario) esperamos una suba abrupta del dólar oficial post-elecciones de 11,3% (sumando el mes de noviembre y diciembre) que corrija parcialmente ese atraso en el dólar oficial. Cerrando el año entorno a 113,2 pesos por dólar. Es decir, a mitad de camino entre el dólar proyectado por Guzmán ($102,4) y el dólar que esperan las consultoras privadas en el relevamiento de expectativas de mercado del BCRA ($125).  – ver gráfico-