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La “súper tasa de interés” de 53% para plazo fijos mayoristas (más de 1 millón de pesos) y 50% promedio para los ahorristas minoristas sobre el cierre de la semana no alcanzó para frenar por ahora, la leve caída en el stock de depósitos en pesos del sector privado. La volatilidad cambiaria y alta inflación resquebrajan la confianza de los ahorristas, que exigen cada vez “mayor premio” para no dolarizarse.

   El stock de depósitos a plazo fijo (mayorista) se estancó desde mediados de febrero y en las últimas semanas comenzó a caer en términos nominales (ver gráfico). En el mismo periodo la tasa de interés de referencia de las Leliqs (las Letras de liquidez de corto plazo que coloca el Banco Central a los bancos) subió 30 puntos: pasó de 44% a 74% en los últimos días. Cuando los ahorristas no renuevan la totalidad de sus depósitos, los bancos necesitan pesos para pagarles y por lo tanto no renuevan la totalidad de Leliqs exigiendo a su vez una tasa cada vez más alta. El Central, en tanto, espera que las tasas más altas que paga por Leliqs se traslade rápidamente de los bancos a los ahorristas para evitar que la rueda se desarme.

   La tasa de interés que pagan los bancos a los depositantes subió del 36% a más del 53% para los plazos fijos mayoristas (incluso para los mayores a 20 millones se paga 55%). Y para los plazos fijos más pequeños escaló del 35% a más de 50%.

   Aún así, los depósitos no sólo se plancharon en términos nominales en los últimos dos meses y medio (debería crecer casi al 4% mensual para no caer en términos reales), sino que incluso en el caso de los plazos fijo mayoristas se redujeron $ 14.400 millones desde el pico del 12 de abril último.

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   Las altas tasas de interés intentan “premiar” a quien corre el riesgo de mantener sus ahorros en pesos. Pero mantener el stock de depósitos resulta cada vez más difícil y costoso para el Central.

   El comportamiento de los ahorristas tiene sus motivos. Si tomamos los rendimientos de los depósitos a plazo informados por EL BCRA, en marzo, promediaron 42,2% anual. Menos de 4% mensual de rendimiento efectivo. Mientras que la inflación del mes fue de 4,7%. Es decir, los ahorristas perdieron contra la inflación. Pero además perdieron contra el dólar: subió casi 11% en el mes (contra menos de 4% de rendimiento en pesos).

   En abril, el dólar subió sólo 2% y aun no se conoce el dato de inflación (pero se estima que fue cercano al 4%). Sin embargo, el dólar mostró saltos como la semana pasada de 8% en dos días hábiles. La elevada volatilidad del dólar y la alta inflación hacen que el ahorrista perciba un mayor riesgo al renovar sus depósitos en pesos. La consecuencia es una tasa de interés cada vez más elevada.

   El juego tasa de interés vs. dólar vuelve a instalarse en el mercado. Hoy el BCRA hace de “garante” tras el anuncio de que puede vender dólares dentro de la zona de no intervención para evitar cualquier salto de la cotización. La intención es reeditar una nueva “bicicleta financiera” en pesos. Para que, como dice el ex presidente del Banco Central, Mario Blejer, “la codicia le gane al miedo” de una nueva devaluación. Para eso, hay que premiar cada vez más a los que apuestan a quedarse en pesos. Pero “el juego” se da a un nivel creciente de tasa de interés, lo cual no es sustentable en el tiempo.

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   Además, hay que tener en cuenta que el 67% de los depósitos a plazo fijo (sector privado) se concentran a un plazo entre 30 y 60 días. Y el 80% está colocado a menos de 90 días. De acelerarse, la dolarización puede ser demasiado rápida.
   
   Los últimos anuncios del Banco Central sobre el dólar si bien equilibraron al dólar, no despejaron las deudas y la desconfianza (Ver acá: “Arsenal para controlar el dólar, tensiones y la contradicción oficial de alentar en campaña pronósticos apocalípticos”).

   En resumen, el nivel de tasa de interés marca la desconfianza de los ahorristas en el peso y la incertidumbre que existe sobre el futuro. El riesgo para los depositantes en pesos es que de “un plumazo” los saltos cambiarios licuen su patrimonio. El ahorrista necesita mayor estabilidad, dólar sin saltos e inflación desacelerándose, para volver a volcarse a invertir en pesos. Una señal política de un acuerdo entre oposición y oficialismo tal vez contribuiría a ahuyentar fantasmas, despejar el horizonte y descomprimir tensiones. De no ser así, es probable que continúe la caída del stock de depósitos a plazo, por ahora sólo un “goteo”, que se corre el peligro que se transforme en una inundación si más cerca de las elecciones la desconfianza se agrava.

   En cierto punto, si la escalada continúa y no se logra recrear la confianza, una tasa de interés demasiado elevada para intentar frenar una corrida al dólar, se transforma en sí misma en una señal de alarma final para aquellos que buscan proteger sus ahorros de una devaluación.

Amilcar Collante