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Los costos de estabilizar: inflación alta y recesión  

El ministro de Economía, Sergio Massa, dio pasos importantes en el plano fiscal y monetario y faltaba una señal para frente cambiario. Especialmente, se buscaba “destrabar” el mercado de cambios para incrementar la oferta de divisas y que esto permita al BCRA acumular reservas netas en el corto plazo.

La puesta en marcha del “dólar soja” ($200 por dólar liquidado para los exportadores de soja) fue exitosa y generó un incremento en la liquidación de agro dólares de U$S 1.960 millones en los primeros 5 días hábiles. Esto permitió que el BCRA realice compras netas por U$S 1.214 millones en el mismo periodo (equivalente al 57% de las ventas netas de dólares que registró el BCRA entre 01/07 y 09/08).

Así, las reservas netas (descontando el swap Chino, encajes de depósitos en dólares, préstamos del FMI y préstamos de Banco de Basilea) pasaron a u$s 2.200 millones.

El punto clave del “dólar soja” es si una vez terminado el mes de septiembre se prorrogará. Es probable que si el nivel de liquidación de divisas del agro este por debajo de lo esperado (U$S 5.000 millones), se extienda un mes más. Además, podría haber más sectores con un dólar diferencial a partir de octubre, si el Gobierno necesita un puente para seguir acumulando reservas en el trimestre de menor ingreso de dólares. Están en la mira sectores que, aunque no cuentan con stocks acumulados como el agro, tienen plazos de liquidación (ingreso de divisas al mercado local más largo) y que podrian adelantar el ingreso de dólares o recurrir a prefinanciación de exportaciones si el incentivo es alto, como ser petroleo y minería. Por ahora, desde Economía desmienten categoricamente esta posibilidad pero habrá que ver cómo llegan las reservas del Banco Central y el dólar oficial a fin de mes.

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El BCRA quiere cerrar la “brecha cambiaria” por “abajo”; estabilizar la cotización de los dólares alternativos e incrementar el ritmo de depreciación del peso.

Por eso, en los primeros días de septiembre, aumentó el ritmo del “crawling peg” al 6,9% mensualizado. Y en simultáneo, está por incrementar nuevamente la tasa de interés de referencia entre 400 y 500 puntos básicos (actualmente en 69,5% TNA). Esto daría una tasa de interés efectiva por encima del 100% anual. Generando un incentivo “muy jugoso” a los inversores a mantenerse en pesos y armar “la bicicleta financiera” con retornos importantes en dólares.

De mantener un ritmo de depreciación del peso en 7% mensual el dólar oficial llegaría a 200 pesos ( nivel del “dólar soja”)  en febrero de 2023 y si este ritmo es del 5% mensual recién llegaría en mayo de 2023.

Esta velocidad de ajuste cambiario achica la brecha cambiaria, pero le pone un “piso alto” a la inflación mensual (cercano al 6% mensual) y puede ser más alto en la inflación de alimentos. De hecho, esto es lo que están mostrando los primeros registros de inflación de la primera semana de septiembre. Con esos números la inflación a fin de 2022 se encamina a alcanzar los 3 dígitos.

 Ahora como todo en economía, la estrategia oficial tiene sus costos económicos. El “plan Massa” redujo la brecha cambiaria, “destrabó” el mercado de cambios y le está permitiendo al BCRA acumular reservas. Pero ahora vienen los costos de las medidas que se tomaron en la economía real.

En el corto plazo, el incremento del “crawling peg”, la suba de tasa de interés y la actualización de tarifas son medidas recesivas e inflacionarias. De ahora en más, debemos monitorear el costo de este “esquema de estabilización”.

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Ya hay números que marcan la desaceleración de la actividad económica y el consumo.

Según lo informado por el INDEC, la producción industrial cayó 1,2% desestacionalizado en julio, luego de crecer 2,6% en junio.

El relevamiento de la consultora Focus Market, en agosto pasado, mostró que las ventas se “desplomaron”  un 7,3% en el sector de consumo masivo. Y en los primeros ocho meses del año, la contracción fue de 2,6%.

En la misma sintonía, según la CAME, las ventas minoristas pymes cayeron 2,1% en agosto frente al mismo mes del año pasado (medidas a valores constantes).

El plan Massa estabilizó el frente cambiario y financiero (redujo la brecha cambiaria, estabilizó la cotización de los “dólares alternativos” y permitió al BCRA acumular reservas), pero tiene costos en la economía real que se ya se empiezan a ver. Es clave ver cómo la política (el Frente de Todos, y en particular la vicepresidenta Cristina Kirchner) digiere las malas noticias y cuál es la reacción ante el incremento de la presión de recomposición de ingresos, tras el “fogonazo” inflacionario, de trabajadores, jubilados y beneficiarios de programas sociales.