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En un día complicado en los mercados financieros internacionales el dólar volvió a pegar un salto: subió 2,8% en el día y cerró a $ 43,90 en el mayorista y a 44,92 en el minorista. Es cierto que fue un día de salida de capitales de todos los países de la región, por el temor a la desaceleración de la economía mundial, lo cual impulsó el dólar también en los países vecinos. En Brasil subió 1,9%; en México 1,3%; y en Chile 0,6%. Pero en Argentina es la séptima alza consecutiva, con tasas de interés exorbitantes, aún jornadas de la última semana en que el dólar estaba en baja en toda la región.
   Lo que preocupa no es el número del dólar casi en 45 pesos sino la tendencia. El dólar acumula ya un aumento de 12% en marzo (10% desde el 18 de marzo). En el mismo la tasa de interés escaló 18 puntos (de 50% al 68% actual) para tratar de frenarlo. Desde el 14 de febrero, cuando se terminó el “veranito financiero”, el dólar se disparó casi 17%, con un aumento de la tasa de interés de 24 puntos (del piso de 44% al 68%). No es una trayectoria sostenible en el tiempo.
   Primero porque el dólar de nuevo adelantándose a la inflación, amenaza con alimentar la espiral de precios. La inflación de marzo rondará el 4%, pero las subas del dólar de las últimas semanas le mete presión a la inflación de abril, que ya venía con un piso del 3% por los aumentos de alimentos (en marzo a un ritmo de entre 5 y 6%) y de tarifas pendientes (gas, combustibles, subte).
   En segundo lugar, el dólar subiendo a los saltos potencia el riesgo de la “dolarización electoral”. La suba de 12% en marzo equivale a más de 3 meses tasa de interés en plazo fijos. Por ahora, el atesoramiento de dólares de los argentinos continúa en niveles muy bajos (ver acá: “la compra de dólares para atesora sigue baja: el dólar sube por otros motivos”). No hay muchos pesos sobrantes en los bolsillos para comprar dólares. Pero sí los hay en depósitos a plazo fijo, en el sistema financiero, que en las últimas semanas se estancaron, pese a que los bancos ofrecen mayores tasas para evitar que corran al dólar (Ver acá: “Tras el salto del dólar, ahora todos miran el peligro de los depósitos a plazo fijo”).
   En el Gobierno esperan que, en dos semanas, a mediados de abril se empiecen a vender los U$S 60 millones diarios del préstamos del FMI al Tesoro e ingresen a pleno los dólares de la cosecha gruesa (40% superior al año pasado) para descomprimir el mercado cambiario y mantener el dólar más calmo en la campaña electoral. Sin embargo, el riesgo de que se dispare la demanda de dólares por la llamada “dolarización electoral” es cada vez más elevado. Por 4 motivos:
1) Las bandas cambiarias acordadas con el FMI son demasiado amplias: hoy el techo es de 51 pesos y a fines de junio llega a 54 pesos. Hasta el techo de la banda el BCRA tiene las “manos atados”. No puede vender dólares en el mercado para frenar la corrida, sino sólo actuar elevando la tasa de interés y vendiendo de manera limitada en el mercado de dólar futuro.
2) La inflación sigue en niveles elevadísimos (acelerándose respecto del cierre del 47,6% de 2018), lo cual no sólo posterga la recuperación del salario real y el consumo. Además obliga a detonar la tasa de interés en pesos –derrumbando el crédito y profundizando la recesión—para retener a los ahorristas en pesos los bancos.
3) La falta de confianza en la política económica obliga al Gobierno a exagerar el “apretón monetario” para evitar la corrida al peso. Pero en cierto punto la tendencia de dólar y tasas exorbitantes para arriba generan cada vez más incertidumbre y fantasmas.
4) La propia estrategia electoral del presidente Macri, agitando el fantasma de Cristina –“los argentinos nos van a volver a elegir porque un regreso al pasado sería un desastre— en vez de disminuir la incertidumbre potencia la desconfianza. El discurso de “nosotros o el caos”, en una escenario de crisis, puede terminar gatillando todos los temores.