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Una curva de contagios de coranavirus  que volvió a cruzar los 10.000 casos diarios en la última semana y la situación de desborde sanitario en países vecinos, anticipan que en el mes de abril la pandemia volverá a meterse en la agenda económica.

La “nueva ola” de coronavirus combinados con bajos niveles de vacunación pueden complicar todo el panorama.  El Gobierno depende de la llegada de más vuelos para incrementar el stock de vacunas y que las medidas de retricción de vuelos con el exterior ayuden a demorar el avance de la segunda ola con las nuevas cepas. Las medidas de restricción de circulación interna (teletrabajo para la administración pública) son por ahora muy módicas: está claro que Alberto Fernández no quiere o no puede volver a aplicar medidas de aislamiento duro, como el año pasado, y en todo caso esta vez dejará la responsabilidad a nivel local (gobernadores e intendentes) para que cada uno asuma el costo político en el año electoral. Al menos, esa es la estrategia mientras la situación no se descontrole totalmente, como ocurre en Brasil.

En lo económico hay varias cuestiones para considerar ante una “nueva ola” de contagios.  Primero, hay sectores que no resistirían un nuevo “apagón” en la actividad por una nueva cuarentena. Recién se están recuperando muy lentamente del derrumbe de 2020 (comercio, shoppings, gastronomía, turismo, entretenimiento, etc).

Desde el punto fiscal  (e indirectamente de lo monetario y cambiario) Argentina no puede repetir, ni acercarse, al nivel de déficit fiscal que tuvo en 2020 (6,5% del PBI de déficit operativo, antes del pago de intereses). Esto se refleja en el Presupuesto 2021 que contempla un “desarme” casi completo del “Gasto Covid” .

El Gobierno no tiene hoy acceso al crédito externo, con el riesgo país cercano a los 1600 puntos básicos y la negociación con el FMI abierta, lo cual deberá cualquier financiamiento neto adicional de otros organismos de crédito (Banco Mundial y BID). Ni tampoco hay lugar para la megaemisión del BCRA de más de 2 billones de pesos para financiar el “agujero” fiscal del año pasado.

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El riesgo es que un “desborde monetario” dipare nuevamente la “brecha cambiaria”  -como ocurrió en octubre de 2020- y tras ese salto en los “dólares alternativos” se acelere la inflación, que ya viene a un ritmo muy alto de 3,8% mensual promedio en el último trimestre (dic/20 a feb/21).

Ya contamos en más de una oportunidad que la brecha cambiaria “se estabilizó” en los últimos meses no porque exista un “ancla de expectativas” sino por el “rulo o la bicicleta” del Banco Central con los bonos en dólares en su cartera.  El Central compra dólares del superávit comercial en el mercado oficial a casi $92 (dólar mayorista), con el endurecimiento del cepo a los importadores y los precios de la súper soja. Simultáneamente, para mantener la brecha con los “dólares alternativos” (contado con liquidación y MEP) controlada, vende bonos en dólares contra pesos (a una cotización implícita que ronda los 145/150 pesos) y luego con dólares de las reservas recompra parte de esos bonos. El BCRA “absorbe” pesos a la cotización de los “dólares alternativos” a costa de reservas. Dicho de otro modo, encontró la forma de intervenir en el mercado de los dólares alternativos (a través de la compra/venta de bonos), vendiendo dólares de las reservas al tipo de cambio implícito de 145/150 pesos, mientras compra dólares a los exportadores a 91 pesos.

Esta estrategia del BCRA es “exitosa” para mantener la “calma financiera”, pero a costa de profundizar las trabas a las importaciones, lo cual ya impacta en la economía real.

En las últimas semanas se observa que la trabas a las importaciones son tan estrictas que  producen desabastecimiento de  algunos productos. También genera “remarcaciones” de los precios de los bienes importados por parte de empresarios que comienzan a tomar como referencia a los “dólares alternativos” y no al dólar oficial.  Es lo que explica, junto con la suba del precio internacional de las commodities, el fuerte aumento de los precios mayoristas (a la salida de fábrica) en los últimos meses (6,1% en febrero, último dato oficial).

Evidentemente, el ministro de Economía, Martín Guzmán es consciente de la fragilidad con la que transita la economía ante cualquier cambio de escenario. De otra forma, no estaría intentando en plena campaña electoral, cerrar un acuerdo con el FMI en el marco de un programa de ajuste fiscal. Como ya explicamos en otro informe, ese ajuste fiscal ya está en marcha: además de la eliminación total del Gasto Covid, hay un fuerte recorte en términos reales del gasto en jubilaciones y salarios públicos en el primer bimestre de 2021 respecto de igual período del año pasado.

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La emisión del BCRA para asistir al Tesoro Nacional en el primer trimestre del 2021 (hasta 22/03) fue de $ 70.000 millones. El año pasado, en el mismo período, la emisión para cubrir el deficit fiscal había sido de $ 312.000 millones (ver gráfico).

Es probable que en los próximos meses, con el ingreso del “impuesto a la riqueza” (que se podrá pagar en 5 cuotas con un anticipo de 20% ) e implica una recaudación de aproximadamente 300.000 millones de pesos, sumado a la disparada en la recaudación vía las retenciones -que se concentra en el segundo trimestre del año-  por el efecto de la súper-soja arriba de u$s 500 por tonelada, Guzmán pueda mostrar una caída importante del déficit fiscal. La meta oficial que figura en el Presupuesto 2021 es bajar del 6,5% del PBI el año pasado a 4,5%. Pero la intención de Guzmán es mostar una reducción mucho mayor: a 3,5 o 3% del PBI.   

Sin embargo, esa señal sólo sería posible si una segunda ola no descontrola la pandemia en la Argentina y obliga al Gobierno a tomar medidas desesperadas de restricción con la actividad económica, de reposición del gasto Covid y de más emisión monetaria. Sería para el Gobierno la última opción, en un escenario de crisis mayor.

Pese a lo anterior, aún no hay un plan económico definido – fiscal, monetaria y cambiario- que garantice cierta previsibilidad en el mediano plazo y permita “anclar” las expectativas .

Tampoco hubo avances concretos con el FMI para cerrar un acuerdo en el corto plazo -por la deuda de u$s 44.000 millones de dólares -. Pese al viaje de Guzmán a EE.UU y su encuentro con la titular del FMI Kristalina Georgieva.

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En este aspecto la negociación se tensionó por los comentarios del la vicepresidente ,Cristina Fernández, que está pensando un paso más adelante que el año 2021.

Su intervención apunta a despejar la  “mochila” de la deuda del próximo mandato presidencial – a partir de 2023- . Por eso le reclama al FMI un “plan de pagos” a 20 años, algo que hoy no está disponible en el menú que ofrecer del organismo internacional (con un máximo de 10 años para un acuerdo de Facilidades Extendidas).

¿CUÁL SERÁ LA ESTRATEGIA?

Difícilmente veremos una cuarentena estricta –al estilo abril-junio de 2020- en un año electoral.

Podrían verse restricciones puntuales a la movilidad o establecer mayores regulaciones  como las que ya se impusieron en cuanto a los viajes al exterior y el ingreso al país. Pero no es esperable un “cierre total” como el de 2020.

En el peor escenario, es posible un aumento marginal o puntual del “Gasto Covid” respecto al Presupuesto Nacional ante una segunda ola. Pero ni cerca del “Gasto Covid” de 3,5% del PBI como en 2020.

El Gobierno espera acelerar el proceso de vacunación, enfocado sólo en los grupos de riesgo: apuesta a contar en abril con 6 millones de vacunas destinadas a cubrir a los mayores de 60 años que todavía no fueron vacunados. Todavía faltan vacunar (con una dosis), más del 80% de los mayores de 60 años, poco más de 6 millones de personas. Después quedaría un segundo grupo de riesgo (entre 18 y 59 años con enfermedades previas): en ese grupo se vacuno a menos del 4% de la población objetivo y todavía quedan otros 5 millones de personas a la espera.

El mayor riesgo hoy vuelve a ser que la segunda ola que ya comenzó se traduzca una saturación del sistema sanitario y complique todo el escenario en los meses previos a las PASO de agosto.