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La debilidad del dólar a escala global, la recuperación de la economía de China y el riesgo de la escasez de lluvias por el efecto de “La Niña”, dispararon la cotización de la oleaginosa rozó los 420 dólares por tonelada en el mercado de Chicago. Es el precio más alto registrado desde julio de 2016. Mientras que acumula una suba de 90 dólares respecto de noviembre de 2019, un alza del 27%.

La cotización de la soja – principal exportación del país-  quebró los 400 dólares por tonelada. A priori, es una buena noticia para el país que esta sufriendo una crisis de confianza  y que debe revertir la escasez de dólares en el BCRA.

Sabemos que la soja es un producto clave para la economía del país: no sólo aporta divisas clave sino también un ingreso significativo a las cuentas fiscales vía retenciones.

Sin embargo, debemos analizar los múltiples factores que explican el alza en la cotización de la oleaginosa.

Por un lado, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) publicó su informe mensual, en el que recortó la estimaciones para la campaña 2020/21 de soja para Argentina de 53,5 a 51 millones de toneladas (-4,9%) . Además, redujo de 116,1 a 113,5 millones de toneladas el volumen previsto para la cosecha 2020/21 en los Estados Unidos.  

También del informe del USDA se desprende que hay un recorte en las estimaciones de la cosecha de trigo para Argentina que pasó de 19 a 18 millones de toneladas y el de las exportaciones, de 13 a 12,50 millones.

Por otro lado, el resultado del triunfo de Joe Biden en las elecciones de Estados Unidos, profundizó la debilidad del dólar a escala global. 

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El índice Dollar Index , que compara la evolución del dólar estadounidense respecto de una canasta de monedas (euro, yen, libra esterlina, dólar canadiense, entre otros), retrocedió 1,6% desde el día previo de la elección (2/11) al 10/11. Consecuentemente, la debilidad del dólar se tradujo en una suba de los precios internacionales de las materias primas.

Igualmente, este “rebote” de los commodities se mantendrá sólo si la “segunda ola” de la pandemia del coronavirus -que esta impactando fuertemente en Europa y Estados Unidos- se logra controlar o si hay avances concretos respecto de la efectividad de las vacunas contra el coronavirus y su aplicación.

Otro factor que influyó en el alza en la cotización de la soja fue la recuperación económica de China. Vale señalar que China previo a la crisis del coronavirus estuvo afectada por la “peste” porcina africana, que obligó a sacrificar a millones de cerdos.

Según el informe de USDA, hay una recuperación en la producción de cerdos en 2020 en China. Por lo tanto, Gigante Asiático aumentará la demanda de soja y maíz para el año 2021 para poder alimentar a los cerdos.

Además, según las proyecciones del FMI, China será la única economía que no caerá en 2020, crecerá un 1,9% y para el 2021 el crecimiento sería de 8,2%. Esto potencia el efecto sobre el precio internacional de las materias primas.

Por último, según el informe del Servicio Meteorológico Nacional, para el trimestre noviembre/20-enero/21, “hay 88% de probabilidad de que se mantenga la fase Niña”. Es decir, se esperan para los próximos meses precipitaciones inferiores a lo normal. La evolución de las lluvias son claves en el inicio de la “campaña gruesa”.

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Aún si consideramos la caída en la cosecha 2020/21 de soja estimada por USDA (-4,9%, con los “nuevos precios” (que subieron 27% en 12 meses), superiores a 410 dólares por tonelada, se estima una recuperación del valor de cosecha para el próximo año. Sería un factor clave para estabilizar el frente cambiario y recomponer las reservas netas del BCRA.

Amílcar Collante