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Las malas noticias sobre la economía europea fue el disparador que generó una depreciación conjunta del euro y de las monedas de los países emergentes en el final de la semana. Argentina, que es el país más vulnerable para los inversores financieros dentro de los llamados “países emergentes, sintió el cimbronazo: el dólar subió 1,9%, cerró en 42,8 pesos en el minorista, mientras el Banco Central seguió elevando la tasa de interés de referencia hasta el 67% para evitar que el salto fuera todavía mayor.
   La mañana comenzó con malas noticias sobre la actividad económica en Europa. Se conocieron datos del índice manufacturero, tanto en Alemania y Francia, que estuvieron por debajo de lo esperado. Esto aumentó la probabilidad de que Europa crezca más lentamente y alimentó el temor sobre el riesgo de recesión . Por eso se depreciaron el euro las monedas emergentes contra el dólar: hubo un “vuelo a la calidad” ("fly to quality", en la jerga) de capitales financieros, que se refugiaron en bonos del tesoro de Estados Unidos. El real brasileño cedió 2,7%, el peso chileno retrocedió 1,6%, y el peso mexicano, 1,3%. Mientras que en Europa, la Lira turca se devaluó 5,2%.
   Por primera vez en la semana, en Argentina hubo una excusa que justifique al menos la pulseada del Banco Central para intentar controlar el dólar. En los días anteriores de afuera sólo llegaban buenas noticias (la más importante, la decisión de la Reserva Federal de no elevar la tasa de interés de referencia y el anuncio de que tal vez no lo haga en lo que resta del año) y aún así el dólar seguió muy demandado, con poca oferta, mientras el Banco Central continuó aumentando la tasa de interés para domarlo.
   En esa dinámica, el viernes se avanzó un escaloncito más. En la segunda licitación de las Leliqs (los bonos que emite el Central y compran los bancos ) la tasa de interés promedio llegó casi a 67%. El 14 de febrero pasado esa tasa, que a su vez le fija un piso a todas las tasas “activas”, del crédito en el sistema financiero (desde préstamos personales y tarjetas hasta descubiertos en cuenta corriente), había tocado un mínimo de 44%. Así que en poco más de un mes escaló 23 puntos, sólo para tratar de frenar el dólar, que igual subió 12 por ciento. En lo que va de marzo tendencia es aún más preocupante: la tasa aumentó 16,5 puntos, con un aumento del dólar de casi 7 por ciento.
   La tasa había empezado el año en el 60% y, aprovechando un veranito financiero” de enero y las primeras dos semanas de febrero, el Banco Central compraba dólares a 36/37 pesos y había iniciado un camino descendente de la tasas de interés dadas las presiones de distintos sectores de la economía real (e incluso dentro de la propia coalición de Gobierno), que consideraban que con esa tasa las quiebras de empresas y los problemas en la cadena de pago estallarían. Ahora la tasa es aún más alta que en el inicio del año (cuando el propio ministro de Producción Dante Sica prometía que los industriales que bajaría) y el Central no logra estabilizar el mercado cambiario a un valor de 43 pesos.
   El juego tasas vs. dólar, es el dilema clásico en la historia económica argentina cada vez que se pierde toda la confianza en política económica y la inflación lleva a los ahorristas a protegerse en moneda dura, ante el miedo de que una nueva devaluación licue su patrimonio. Con una tasa de interés más alta se busca tentar a los ahorristas a quedarse en pesos, en lugar de salir corriendo al dólar. Como suele decir el ex presidente del Banco Central, Mario Blejer, para frenar las corridas, casi siempre se puede buscar una tasa de interés en que la “codicia” le gane al miedo.
   El dólar subiendo por encima de la inflación y la tasa de interés, como sucedió en las últimas dos semanas de febrero y en marzo, puede disparar tres peligros inminentes: una dolarización de plazos fijos en pesos que redoble la presión cambiaria; un nuevo impulso a la inflación y la retracción de la oferta de dólares por parte de los exportadores a la espera de una devaluación mayor. Todo eso en plena cambiaria electoral, cuando la incertidumbre política sea todavía mayor a la actual.
   Pero tratar de frenar el dólar sólo con la tasa de interés, cuando ni si quiera se largaron las candidaturas y la parte más caliente de la campaña electoral, tampoco pareciera una fórmula sostenible en el tiempo. Si no se recupera la confianza, o aparece rápidamente una oferta fuerte de dólares de los exportadores de la cosecha gruesa, no es una dinámica que pueda sostener sin profundizar la recesión y disparar más temores entre los ahorristas. Para colmo es cierto que el dólar a 43 pesos hoy, ni siquiera se ajustó al ritmo de la inflación desde entonces. A inicios de septiembre del año pasado, el dólar mayorista cotizaba a 38 pesos y el minorista a 39 pesos. Desde entonces hasta febrero incluido la inflación acumulada (septiembre, 6,5; octubre, 5,2%; noviembre, 3,2%; diciembre, 2,6%; enero, 2,9%; febrero, 3,8%) fue del 26,7%. Así, aquel dólar de 38/39 pesos equivaldría a un dólar de casi 48/49 pesos en marzo.
   El problema de nuevo es la tendencia y cuándo aparecerán signos concretos de desaceleración de la inflación. El acuerdo con el FMI limita al BCRA a intervenir sólo con tasa de interés y con ventas de dólar futuro (con un tope). No permite vender divisas hasta que la cotización la cotización supere el “techo” de la zona de no intervención que está hoy en 51 pesos y a fines de junio se ubicará en 53,70 pesos. Sin embargo, en el Gobierno el gobierno creen que no pueden dejar que el dólar salte hasta el techo de la banda cambiaria durante la campaña electoral. Impulsaría fuertemente la inflación y sería “destructivo” para las chances electorales de Cambiemos. Y esperan a que, desde mediados de abril, la venta de los dólares del préstamo del FMI al Tesoro (U$S 60 millones diarios hasta U$S 9.600 millones), junto con la oferta de los dólares de la cosecha gruesa descompriman el mercado cambiario y alivien las tensiones. El único objetivo es que no se dispare el dólar, la recuperación económica es una meta secundaria.
   Pero la falta de confianza, y ahora la amenaza de cualquier nubarrón en el contexto internacional, abren interrogantes sobre la suerte del “plan llegar” a las elección sin una nueva crisis cambiaria.