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Pasaron siete semanas desde el inicio de la corrida contra el peso y los bonos soberanos. El gobierno sigue corriendo a los eventos desde atrás. Los anuncios de Silvina Batakis de un ajuste fiscal que nadie sabe como implementará, tras la renuncia sorpresiva de Guzmán, no cambiaron la dinámica de las variables financieras y cambiarias, que ya impactan en la economía real, con la disparada de la inflación y la desaceleración de la actividad.

Desde el 8 de junio, el “dólar libre” pasó de $208 a $322, la brecha cambiaria (entre el dólar libre y el dólar oficial)  subió de 71% a 150%, el riesgo país se disparó de 1970 a 2943 puntos básicos (los bonos en dólares cotizan en paridades por debajo del US$ 0,20) . La inflación se acelera a un ritmo elevadísimo.  Para el mes de julio tiene un “piso” de 7% mensual según las mediciones de alta frecuencia de las consultoras privadas, mientras continúa deteriorándose el poder de compra de los trabajadores, jubilados y beneficiarios de programas sociales.

El gobierno sigue sin respuestas y se empieza a encerrar en un escenario de crisis permanente, como un espejo de los últimos años de la gestión Macri pero con menos margen de la política económica. El riesgo latente es que la crisis se espiralice profundizando la pobreza, desigualdad y crisis política. A medida que se debilitan los números de la macro.

“EFECTO BRECHA”: SE CONSUMIÓ EL SUPERAVIT COMERCIAL

Tal vez el dato más patente de lo insostible que se hace la actual brecha cambiaria, además de la aceleración inflacionaria, es lo que está sucediendo con la balanza comercial. En junio, la brecha cambiaria se disparó y cerró el mes en 90% -entre el dólar oficial y el dólar libre-  y esto generó una distorsión adicional en los números del comercio exterior. Es el primer mes desde diciembre de 2020 que el saldo comercial (exportaciones menos importaciones) es deficitario.

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Según el INDEC, las exportaciones totalizaron U$S 8.432 millones, con una mejora interanual del 20,3%, y las importaciones alcanzaron los U$S 8.547 millones, lo que representó un alza del 44,6%. Así, la balanza comercial registró después de 17 meses un saldo negativo de u$s 115 millones.

La brecha cambiaria refleja la disparada en las expectativas de devaluación. Asi, se elevó la demanda de dólares al tipo de cambio oficial de los importadores. Y se agudizó la tendencia de retener la liquidación de divisas de los exportadores, reduciendo la oferta de dólares en el mercado oficial.

Este “efecto brecha” se combinó con la suba de importaciones de energía (especialmente de gas). En junio, el déficit de energía alcanzó u$s 1.226 millones: se importaron u$s 1.953 millones y las exportaciones de “combustibles y energía” totalizaron u$s 727 millones. En el acumulado de los primeros 6 meses del año el déficit de energía fue de U$S 2.648 millones.

El gráfico es bien elocuente: cuando se dispara la brecha se achica o desaparece el superávit de la balanza comercial. Dicho de otra manera, más allá de que en septiembre se reduzca fuertemente la importación de energía, será muy difícil para el Banco Central acumular reservas si no se aplica un plan integran que apunte a acotar la brecha cambiaria.