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En los primeros tres meses de 2015, el consumo no repunta. Y más bien sigue en retroceso.
Según la consultora CCR, la caída fue de 1,2% en la canasta de alimentos básicos. Pero si se suman otros rubros de almacén, los artículos de limpieza y de perfumería, que no forman parte de los productos de primera necesidad, la baja llega al 3% respecto del primer trimestre de 2014.

En segmentos como electrodomésticos, bazar, textiles y decoración, la reaparición del financiamiento en 12 o 18 cuotas fijas no alcanza para remontar: las ventas se están desplomando entre 15 y 20% respecto del año pasado. Y hasta 35% si la comparación es contra el 2013.

En el país del asado, el consumo de carnes también viene replegándose. 

El consumo per cápita de bifes bajó 5,6 por ciento el mes pasado, hasta 59 kilos anuales por habitante. Si ese dato se compara con el máximo de consumo por habitante (en 2008), la retracción alcanza al  14,3 por ciento.

Por la inflación, la mesa de los argentinos tiene menos churrascos y más fideos, cuyo consumo  creció entre 5 y 10 por ciento el último año.

En época de crisis, los productos “Premium” también quedan relegados: postres y yogures pierden espacio en las heladeras. Lo mismo que los congelados, cuyas ventas cayeron entre 5 y 10 por ciento por la escalada de los precios y la pérdida del poder adquisitivo de la gente.

Las bebidas gaseosas también se postergan: se vende un 4% menos que un año atrás. Y si no fuera por la aparición de bebidas en la lista de los “precios cuidados”, que llegan a costar la mitad que las de primera línea, el bajón sería más pronunciado.

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¿Alcanzará este año el cierre de las paritarias salariales, algo arriba de la inflación, para reactivar el consumo? ¿Se resignará Cristina a terminar la era K con un ajuste en los gastos familiares o hará una última apuesta hacia junio para impulsar el nivel de actividad?