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Macri está indignado porque considera que Cristina quiere que la reemplace un presidente débil. El foco de su malhumor está en el decretazo que ordenó extender a todas las provincias un fallo de la Corte que beneficiaba a Córdoba, Santa Fe y San Luis. Macri sabe que la devolución del 15% de los recursos coparticipables le dejará una Anses desfinanciada. Por eso, ya deja trascender que entre sus primeras medidas de gobierno sacará un decreto que anulará el DNU de Cristina.  

No sólo eso: el líder del Frente Cambiemos anuncia que apenas se siente en el sillón principal de la Casa Rosada hará públicos todos los “defalcos” de la era K. Con los papeles que lo acrediten en su poder, el presidente electo quiere presentar todas las denuncias penales que hagan falta.

El punto de no retorno entre Cristina y Mauricio es tan grande que hace peligrar la formalidad del traspaso presidencial. Macri jurará como presidente ante la Asamblea legislativa en el Congreso y después irá a la Casa Rosada para recibir el bastón y la banda.  

Que la presidenta saliente no esté el 10 de diciembre en Balcarce 50, como anuncia el kirchnerismo, ¿demuestra el sufrimiento de un oficialismo que no quiere entregar el poder? ¿O es una estrategia para intentar liderar desde el primer minuto la oposición a Macri?