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Según los números del Ministerio de Economía, en octubre tras el revés electoral de las PASO el Gobierno aceleró el gasto público, con un incremento del 83% interanual. Así, registró un déficit primario de $209.169 millones (equivalente a 0,5% del PBI). Los ingresos totales ascendieron $ 771.447 millones y subieron 69,8% interanual. Mientras que el gasto primario totalizó $ 980.615 millones, pero sin considerar el Gasto Covid las partidas del gasto se duplicaron respecto a octubre de 2020.

Sin embargo, en los primeros diez meses del año el déficit fiscal alcanzó 1,8% del PBI (sin considerar los ingresos extraordinarios de los DEGs) y el déficit financiero (incluyendo intereses de la deuda) fue de 3,1% del PBI. Los números apuntan a cerrar 2021, como pretendía Martin Guzmán, muy por debajo de la meta de déficit en el Presupuesto de este año, de 4,5% del PBI.

Los ingresos totales fueron impulsados por la recaudación impositiva, que mejoraron 67,3%  interanual en términos nominales. Los ingresos vinculados a la evolución de la actividad económica, como el IVA ( +52,3%  interanual)  e impuesto a los créditos y débitos (+65,7%)  reflejaron también el incremento por encima de la inflación (52,1% interanual) . Mientras que el Impuesto a las Ganancias registró un incremento de 67% interanual y los derechos de exportación se dispararon 128,8%.

Con el número del déficit de octubre,  los primeros diez meses cerraron con un déficit fiscal primario de $776.650 millones, equivalente a 1,8% del PBI. A solo 2 meses para que concluya el año, el rojo fiscal (primario) está 2,7 puntos porcentuales abajo de la meta establecida en el Presupuesto 2021 (4,5% del PBI).

El déficit financiero de los primeros 10 meses del año fue de $1.337.800 millones, equivalente a un 3,1% del PBI, y está en línea con la emisión monetaria del Banco Central en ese período para financiar al Tesoro.

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Las partidas que continuaron con el ajuste en términos reales fueron: jubilaciones y pensiones, programas sociales (sin incluir a la AUH) y transferencias a las universidades. El resto de las partidas (subsidios económicos, salarios públicos, transferencias a las provincias y obra pública) le ganaron a la inflación acumulada en los 12 meses previos.

También hubo una fuerte disminución de las partidas del llamado “Gasto Covid-19”, por la eliminación del IFE y del ATP. Según la Oficina de Presupuesto de la Nación, en los primeros 10 meses de 2021, el “Gasto Covid”  totalizó gastos por $ 370.760 millones (equivalente al 0,86% del PBI).

En octubre, las prestaciones sociales (jubilaciones y gasto social), que explican el 55% del gasto operativo total, se incrementaron 1,3% interanual en términos reales (descontando la inflación). Desde el mes de noviembre de 2020 que las “Prestaciones sociales” no le ganaban a la inflación.

En tanto, el rubro “Jubilaciones y pensiones” producto de la suspensión de la ley de movilidad previsional en 2020, los aumentos discrecionales por decreto presidencial y la “nueva” fórmula jubilatoria reflejaron una caída de 1% interanual -en términos reales-  en octubre pasado.

El rubro “otros programas sociales” (que no incluye a la AUH) registró una caída interanual de 1,6%% en términos reales. En los primeros 10 meses del año esta partida se contrajo un 46,6% en términos reales.

En 2020 esta partida, por la pandemia, se multiplicó por 5,5 veces, y en 2021 está reduciéndose a la mitad. Es decir, se continua con esta tendencia cerrará el 2021 con un aumento de 175%, respecto al año 2019.

Las partidas que motorizaron el incremento en el gasto público en octubre fueron: subsidios económicos, salarios públicos, trasferencias a las provincias, intereses de la deuda y gastos de capital (obra pública) .

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El gasto en salarios públicos volvio a crecer en términos reales. En octubre pasado, crecieron 74,4% interanual (contra una inflación acumulada de 52,1%). Sin embargo, en los primeros 10 meses del año los salarios públicos apenas le ganan a la inflación y suben un 0,7% en términos reales, respecto al mismo período de 2020. Es decir, el gasto salarial corrió durante la mayor parte del año detrás de la inflación.

Los “subsidios económicos” a las empresas de servicios públicos se dispararon 131,8% en octubre pasado – en términos nominales- producto del “cuasi-congelamiento” tarifario. En especial, los subsidios a la energía saltaron un 158,2% en octubre. Es decir, crecieron casi un 70% en términos reales.

En los primeros 10 meses del año los subsidios económicos (energía principalmente, y en menor medida transporte) ascendieron a $ 1.094.500 millones. Es equivalente a 2,5% del PBI , un número similar al “peso” de los subsidios económicos durante el 2016 (ver gráfico).

 De continuar con esta tendencia la “mochila” de subsidios económicos llegaría a 3,1% del PBI en 2022 (2,3% del PBI correspondería a subsidios a la energía ).

En el Presupuesto 2022 se proyecta que los subsidios a la energía pasarían a sólo 1,5% del PBI. Parte de ese “ahorro fiscal” se daría por el aumento y segmentación de tarifas de servicios públicos.

Los “gastos de capital” (obra pública) se dispararon en octubre 264,4% respecto del mismo mes de 2020, en términos nominales. Es claro que en un año electoral  el gasto en obra pública es un pilar de la recuperación económica. En los primeros 10 meses del año, acumulan un incremento de 54% en términos reales (descontando la inflación). Sin embargo, la comparación es con el piso histórico de 2020, así que todavía están muy lejos de los niveles de 2015 o 2017.

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Las “Transferencias a las provincias” subieron 79% interanual en octubre (en términos nominales). Es equivalente a un incremento del 17,7%   en términos reales. En el acumulado de los primeros 10 meses de 2021, las transferencias a las provincias se recortaron 31,5% en términos reales.

Por último, los pagos por intereses de la deuda subieron en octubre 118,6% interanual, respecto al mismo período de 2020 en términos reales.

Vale destacar, que el monto acumulado de los intereses de deuda en los primeros 10 meses del año, ya superaron a los gastos de capital (obra pública).

En resumen, los números fiscales lejos de tener un sendero “explosivo”, van muy en  línea con la meta del ministro Martín Guzmán, quien probablemente haya negociado en secreto con el FMI para este año un déficit fiscal alrededor del 3% del PBI.

 Las cuentas fiscales serán el punto clave en la negociación con el FMI. La magnitud y la velocidad de ajuste fiscal es lo que genera mayores controversias y discusiones dentro del  Frente de Todos. Si el sendero de convergencia fiscal planteado por el oficialismo (que busca que sea refrendado por el Congreso) es muy gradual corre el riesgo que el FMI lo “rebote”. Guzmán quiere que el Fondo acepte para el año próximo un déficit fiscal primario de 3,3% del PBI, que sería incluso algo superior a este año, pero sin los ingresos extraordinarios de las retenciones por la súper soja y el impuesto a los altos patrimonios, lo cual igualmente requeriría recortar fuertemente subsidios a la energía. Y promete, como anticipamos en otros informes, un sendero de ajuste muy grandual llegando al déficit cero recién en 2026.

Amílcar Collante