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04 de Febrero de 2019

El riesgo de que el boom de plazos fijos se transforme en una nueva corrida en plena campaña electoral

  En sólo 4 meses los depósitos a plazo fijo en pesos aumentaron casi 40%, en poco más de $ 300.000 millones. Las exorbitantes tasas de interés, con un dólar calmo, motorizaron ese boom. La codicia, por ahora, le gana al temor. La pregunta es qué sucedería si aquellos que padalean en la nueva bicicleta en pesos deciden saltar de golpe al dólar, en plena campaña electoral. 

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  Desde el 1 de octubre al 30 de enero pasado, los depósitos a plazo fijo (del sector privado) aumentaron en 306.098 millones de pesos (de $ 779.752 millones a $ 1.086.733 millones). Es decir, 39,4% en solo 4 meses. Semejante apuesta a las colocaciones en pesos no respondió a un súbito cambio de las expectativas y la confianza en la gestión Macri, ni en las perspectivas de la economía. Las exorbitantes tasas de interés en pesos, con un dólar calmo, motorizaron ese boom de los depósitos a plazo fijo. Fue el típico caso en el que la codicia le gana al temor. Un período, como tantos otros en el pasado, en el que la tasa en pesos le gana al dólar. La pregunta que todos se hacen es cuánto durará. Teniendo en cuenta que la tasa en pesos deberá inexorablemente bajar si se quiere en algún momento salir de la recesión, y la demanda de dólares probablemente se potencie, como ocurre siempre en los años electorales, a medida que se vaya calentando la campaña presidencial.
   Si miramos en detalle y separamos los depósitos a plazo fijo minoristas de los de más de un millón de pesos, se observa una aceleración muy marcada en el stock de plazo fijo "mayoristas". Se incrementaron un 35,8% (tomando promedio mensual). Mientras que los plazo fijos minoristas subieron a un ritmo de solo 9,5% en el mismo lapso. El economista Jefe de Managment & Fit, Matias Carugatti, señala que “buena parte del aumento en los depósitos a plazo fijo en pesos se dio por plazos cortos, montos elevados y realizados por personas jurídicas, señales de que se trata de inversores (relativamente) sofisticados” (ver gráfico). Este aspecto le da cierto grado de inestabilidad al esquema de estabilización si el contexto se complica. En particular, si se tienen en cuenta dos datos:
   1) 2 de cada 3 pesos en depósitos a plazo fijo están a un plazo menor a 60 días (66,6 %), cuando 12 meses atrás esa proporción era del 60,5%.
    2) El 54,5% de los depósitos están realizados por “mayoristas” (+ de un millón de pesos). En Enero de 2017 solo el 42,3% de los depósitos a plazo eran de mayoristas.
    El punto es qué ocurrirá en el momento que las tasas sigan bajando (hoy están en 51,7%) si las empresas inician un proceso de dolarización de esos plazos fijos para cubrirse en plena campaña electoral del “riesgo político” y ante el temor de una nueva devaluación en el futuro.
    Al evaluar las herramientas que tiene el BCRA ante una posible dolarización de los plazo fijos, Carugatti menciona que existen algunos “amortiguadores” frente a eventuales tensiones y volatilidad de los depósitos a plazo. En principio se podría inducir a una la suba de la tasa de interés frente al desarme de plazos fijos y el Ministerio de Hacienda podría elegir pagar más tasa para renovar sus Letras (pateando el problema para adelante). Además, el incentivo de tasa de interés que reduce la demanda de moneda extranjera debería complementarse por el lado de la oferta con la mayor producción agrícola (condicional a los exportadores liquiden sus dólares); y al excedente de fondos en dólares del Tesoro (entre 8.000/10.000 millones de dólares) de los desembolsos del FMI.       Sin embargo, será clave monitorear de cerca en los próximos meses la evolución de los depósitos a plazo ante el peligro de que aquellos que hoy pedalean en la nueva bicicleta financiera en pesos decidan saltan rápidamente al dólar. Sobretodo, después de la experiencia reciente de las Lebacs y de la crisis cambiaria del año pasado.


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