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Según el proyecto de Ley de Presupuesto 2022, que el ministro de Economía Martín Guzmán giró al Congreso la semana pasada, en medio del fuego cruzado entre la Casa Rosada y Cristina Fernández de Kirchner, el déficit fiscal primario (antes del pago de intereses) se reduciría de 4% del PBI este año (en el Presupuesto 2021 el tope era 4,5%) a 3,3% el año próximo. Así Guzmán pretende ratificar el sendero de ajuste del déficit fiscal y de la emisión monetaria que negocia con el Fondo Monetario. De hecho, según las cifras que envió al Congreso, la emisión monetaria del Banco Central para financiar al Tesoro caería de 3,6% del PBI en 2021 (en 2020, llegó a 6,5% del PBI) a 1,8% el año próximo.

Sin embargo, ese ajuste fiscal que Cristina criticó para los primeros 8 meses de este año (“Se aplicó un ajuste fiscal equivocado” en medio de la pandemia, afirmó) sería todavía más difícil de lograr en 2022, donde no ya habrá los ingresos extraordinarios del ingreso a los altos patrimonios (0,5% del PBI), ni la recaudación adicional que significó el boom de la super soja en términos de retenciones a la exportación (casi 1 punto del PBI extra).

Para acomodar los números, Guzmán prevé para el año próximo que los recursos tributarios totales crecerán 45,2%, en términos nominales respecto de 2021. Esto equivale a aumentar la recaudación en 1% del PBI de un año a otro (de 24,88% PBI en 2021 pasará a 25,88% PBI en 2022).

 El principal factor que explicaría esa mejora de ingresos fiscales sería el item “Aportes y Contribuciones de la Seguridad Social”, que aportaría 0,6% del PBI “extra” respecto de 2021. Para alcanzar ese resultado, Guzmán promete no sólo crecimiento del PBI de 4% para 2022 sino también una fuerte recuperación del empleo formal asalariado, junto con aumentos salariales reales (por arriba de la inflación). De otra modo, los números no le cierran.

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 El resto del incremento en la recaudación del año 2022 (respecto a 2021) se explica por los siguientes impuestos: Ganancias (+0,37 del PBI), Impuesto al Valor Agregado (+0,15% del PBI) y Bienes Personales (+0,07% del PBI), todos comparando contra 2021. Al revés, prevé un menor ingreso por retenciones a las exportaciones (que caerían de 2,17% del PBI a 1,89%), pero aún así la estimación es optimista porque proyecta un precio de la soja promedio de 520 dólares por tonelada.

Si ese “escenario ideal” que pinta el Presupuesto no se cumple, Guzmán sabe que siempre a mano la ayuda del “impuesto inflacionario”. Los ingresos tributarios lucen subestimados (nominalmente) si consideramos que la meta de 33% de inflación será difícilmente alcanzable frente al 45% que proyectan los propios datos oficiales para este año.

SUBISDIOS Y TARIFAS

Más allá de la proyección sobre los ingresos fiscales, es evidente que, si no se quiere repetir la licuación del gasto previsional y social de la primera parte de este año, por el lado del gasto el ajuste del déficit que negocia Guzmán con el FMI deberá avanzar sobre la cuenta de subsidios económicos, que volvió a dispararse este año por la extensión del “congelamiento tarifario”.

El presupuesto 2022 contempla una reducción en los subsidios energéticos de 2,1% del PBI este año a 1,5% del PBI en 2022. Ese recorte de subsidios de 0,6% del PBI equivale a unos 240.000 millones de pesos (U$S 2.400 millones al tipo de cambio oficial). Según Economía, unos U$S 600 millones provendrán de la caducidad de la resolución 46, que establecía un subsidio al precio del gas en boca de pozo muy elevado. Pero aún así es evidente que el grueso del ajuste de los subsidios energéticos que impulsa Guzmán vendrá de la mano de aumento de las tarifas de luz y gas.

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En el Ministerio de Economía hablan de “segmentación tarifaria”, pero será uno de los puntos se conflicto principal nuevamente con Cristina, que ya frenó este año esa misma pretención. De hecho, para achicar la cuenta de subsidios, que si no se hace nada crece al menos por la evolución de la inflacilón y el dólar, al menos los sectores de ingresos medios y altos deberían afrontar ajustes tarifarios my por encima de la inflación en 2022. Mientras que los sectores medios bajos y bajos deberían pagar aumentos similares o algo por debajo de la inflación.

Es el punto clave del ajuste fiscal en 2022, ya que este año los subsidios económicos totales (Energía más Transporte) llegarán a representar 3% del PBI.

¿FINANCIAMIENTO CON ORGANISMOS INTERNACIONALES EN 2022?

Como se dijo, el Presupuesto 2022 es que reduce a la mitad el financiamiento via emisión del BCRA; de 3,6% del PBI en 2021 a solo 1,8% del PBI ( $1.080.000 millones). El resto del déficit primario se financiaría con emisión de deuda en pesos en el mercado local. Esto es similar a lo planteado para 2021.

Sin embargo, la sorpresa pasa por el financiamiento del déficit financiero (4,9% del PBI en 2022), es decir, incluyendo intereses de la deuda. El proyecto presentado estima en 2,4% del PBI el financiamiento neto (nueva deuda) con “Organismos Internacionales de Crédito”. Es equivalente a $1,4 billones de pesos, unos U$S 12.000 millones al tipo de cambio oficial promedio.

El Presupuesto 2022 no contempla los vencimientos con el FMI por unos U$S 20.000 millones, porque se supone que habrá un acuerdo para refinanciar esos vencimientos. Aunque legalmente en el proyecto de Presupuesto eso queda en el aire, a la espera de alguna definición.

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La pregunta es dónde saldría ese financiamiento adicional de “organismos internacionales” que Guzmán sí incluye en el Prespuesto para cerrar las cuentas de cómo financierá el déficit fiscal.

Hay 2 posibles explicaciones sobre este tema. La primera opción es que con el FMI se negocie que los pagos de deuda que se cancelen con los DEGs hasta fin de año 2021 sean reembolsados el año próximo y a esto se sumen “dólares frescos” post acuerdo con el FMI.

La otra alternativa es que estén sobreestimados y en realidad la falta de financiamiento obligue a que el déficit fiscal de 2022 sea sensiblemente menor al establecido en el Presupuesto Nacional (3,3% del PBI).