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07 de Junio de 2018

Primer dilema tras el acuerdo con el Fondo: cuánto más habrá que aumentar las tarifas de luz y gas

La suba del dólar de 25% en el último mes volvió a correr el arco en la cuenta de subsidios. Los aumentos de tarifas de luz y gas que todavía restan para este año deberían ser entre agosto y octubre mayores a los previstos para evitar que crezcan los subsidios y encuadrarse en las metas de déficit fiscal acordadas con el FMI.

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La suba del dólar de 25% en el último mes volvió a correr el arco en la cuenta de subsidios. Es que la extracción de gas en boca de pozo está dolarizada y eso no solo impacta en la tarifa comercila y residencial de fluido (que todavía mantiene subsidios) sino también en las cuentas de la luz, ya que una parte importante de la generación eléctrica se produce en usinas que consumen gas.

 Según un informe de Macroviews, la consultora de Melconián y Santángelo, para poner en números el caso de la electricidad (el sector que concentra el mayor monto de subsidios), con los costos “viejos” (antes de la devaluación y la acelerada inflacionaria) y las subas de tarifas previstas para el resto de 2018 por el Ministerio de Energía, los usuarios iban camino a pagar en promedio 75% del costo de generación y el Estado sólo el 25% restante. “Esto implicaba que en algún momento del año (¿agosto?, ¿septiembre?) la factura promedio de electricidad iba a subir alrededor de 40% en términos nominales (reflejando la actualización de costos más el ajuste por la inflación). En el plano fiscal, este aumento “aseguraba”  la continuidad de la reducción nominal de los subsidios eléctricos” , explica el reporte.

Con los costos “nuevos” más altos, la suba prevista de tarifas del 40% no alcanzaría para mantener la proporción 75 / 25. La misma caería a 65 / 35%; o sea, los usuarios se harían cargo de sólo 65% del costo de generación eléctrica y el Estado del restante 35%. Con esta combinación (costos “nuevos” - tarifas “previstas”), este año los subsidios a la electricidad terminarían no bajando nada nominalmente o incluso subiendo un poco. Para mantener la relación 75 / 25 y que los subsidios siguieran bajando nominalmente al ritmo previsto en el Presupuesto 2018, las tarifas deberían subir alrededor de 70 / 75% en vez de 40%.

 El punto es clave porque el Gobierno preveía en el Presupuesto 2018 (con un dólar promedio de 19 pesos en el año) que la cuenta de subsidios este año cayera nominalmente un 13%, con lo cual todavía quedarían unos 203.000 millones: de esos fondos, alrededor de 108.000 millones (-21% respecto al año anterior)) serían subsidios a la energía y otros 94.000 millones al transporte (-1,7%). Ahora, con la suba del dólar y la necesidad de cumplir las nuevas metas de déficit acordadas con el FMI, el Gobierno se enfrente a un dilema: o vuelve aumentar tarifas de luz y gas entre agosto y octubre por arriba de lo que había proyectado (completando en el caso de la luz un 70/75% para el año, en lugar de 40%), o la cuenta de subsidios, una de las pocas áreas donde la guadaña de recorte de gastos pasa con fuerza, volverá a crecer.
     Al similar ocurre en el caso del gas. El Gobierno trazó desde 2016 un sendero de ajuste (en abril y octubre de cada año. En 2017, por las elecciones, el ajuste se postergó para diciembre) por el cual el tramo todavía subsidiado de los usuarios (domiciliarios, comercios y GNC) van pagando cada vez más para acercarse al costo de provisión del gas, un precio dolarizado, estimado para octubre de 2019 (ver cuadro). Así, hoy en el caso de los usuarios residenciales solo el 15% del costo de provisión del gaso es cubierto por los subsidios y el resto por la tarifa de los usuarios. Con la suba del dólar para mantener o incluso achicar la cuenta de subsidios, como se planificó, los aumentos deberían ser mayores a los programados. 

“La suba prevista de tarifas del Presupuesto y aprobada en las audiencias públicas no alcanzará para seguir bajando los subsidios y por ende mejorando los números fiscales de cara al acuerdo con el FMI. O el gobierno paga un costo político mayor y profundiza la suba de tarifas, o diseña una ingeniería fiscal alternativa para compensar en otros rubros la no reducción de los subsidios”, dicen en Macroviews. Por supuesto, dado el costo político que ya suponen los aumentos de tarifas para la Casa Rosada, siempre “hay combinaciones intermedias, aclaran.




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