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El camino de la renegociación de la deuda argentina suma obstáculos día a día. Algunos parecían más fáciles de sortear y se fueron complicando. Los abultados vencimientos de deuda en pesos en el arranque de 2020 llevaron al Gobierno al dilema entre “emisión de pesos o reperfilamiento”.

   Desde diciembre pasado la decisión del ministro de Economía, Martín Guzmán, fue clara: los vencimientos en dólares con Organismos Internacionales de crédito e intereses de bonos soberanos se pagan con reservas disponibles del BCRA (cerca de U$S 13.500 millones). Los vencimientos de Letes (Letras del Tesoro Nacional) en dólares fueron reperfilados todos para el mes de agosto de 2020, mientras que los vencimientos en pesos (bonos y letras) se pagarían en tiempo y forma.

   Esto último permitió al Gobierno recuperar el crédito interno, que se había perdido tras el reperfilamiento de deuda que realizó el ex ministro Hernán Lacunza en agosto de 2019 tras el shock de las PASO. Consecuentemente, hubo un “rally” en la cotización de los bonos en pesos. Desde el día de asunción de Alberto Fernández (en diciembre) y primera mitad de enero de 2020 algunos bonos en moneda local llegaron a duplicar su precio.

   El propio Ministro de Economía remarcó la importancia de recuperar “la curva de tasa de interés en pesos”. Es decir, la posibilidad de tomar crédito en el mercado interno en una contexto de stress financiero y freno total del crédito externo.

   Sin embargo, está situación se diluyó a fin del mes pasado cuando la provincia de Buenos Aires intentó refinanciar el pago de deuda en dólares (PBA21) por u$s 277 millones. Kicillof propuso a los acreedores postergar el pago de capital hasta mayo. Para ello necesitaba tener el 75% de acuerdo de los acreedores. Finalmente, no se llegó a ese porcentaje de aceptación y la provincia de Buenos Aires pagó en termino el vencimiento y el Gobiernador anunció el inicio al proceso de reestructuración de la deuda provincial.

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   Este evento tuvo un efecto directo en el riesgo país soberano que subió rápidamente de 1830 a 2140 puntos básicos (ver gráfico) y los bonos, tanto en pesos y en dólares, se derrumbaron.

   A nivel nacional, el vencimiento de deuda fuerte que le seguía era el 13/02 del Bono Dual (AF20) por aproximadamente 105.000 millones de pesos. El Ministerio de Economía pretendió adelantarse y propuso a los acreedores -en su mayoría fondos de inversión extranjeros- un canje del AF20 por tres instrumentos nuevos (3 bonos con diferentes plazos e interes) el 4 de febrero.

   En dicho canje solo se consiguió 10% de adhesión. Luego, Guzmán reabrió el canje en una licitación que se declaró desierta y encendió las señales de alarma. Así, el Gobierno enfrentó en un dilema. Si pagaba el bono tenía que recurrir a la emisión de más de $96.000 millones, equivalentes a un 5,3% de la base monetaria.   Con el riesgo de que se dispare la brecha cambiaría e indirectamente aumente la presión sobre los precios. 

  La alternativa era un nuevo “reperfilamiento” de la deuda: es decir, postegar el pago para más adelante, con el costo de volver a “romper” el mercado interno de crédito en pesos y regresar al punto de partida en cuanto a credibilidad en el mercado de capitales local.

   Finalmente, se optó por el reperfilamiento del vencimiento hasta el 30 de septiembre (con una salvedad , no menor, de la interrupción del devengamiento de intereses). Solo quedaron exceptuadas personas físicas con tenencias por debajo de los u$s 20.000 (tenedores previos al 20 de diciembre pasado).

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   El problema de esta resolución es el antecedente que genera para adelante. Argentina tienen vencimientos de deuda en pesos en manos de privados (entre bonos y letras) entre marzo y junio de $492.000 millones  (ver gráfico), de un total de más de 820.000 millones durante todo el año. Equivale al 27% de la base monetaria. Eso puede tener un efecto explosivo sobre la brecha cambiaría y luego sobre la tasa de inflación, si se paga con “pura” emisión.

   Por su puesto, Guzmán quiere volver a pedir prestado dinero en el mercado local: hacer un “roll over” de la montaña de deuda en pesos que vence en los próximos meses, cosa que no puedo lograr con el bono AF20.

  Pero justamente ahora más que nunca necesita reconstruir la confianza que el último reperfilmiento volvió a detonar. También deberá cambiar su estrategia.

   Puede que la alternativa a este dilema sea más “zanahoria” (premio para los que canjean bonos), junto con pagos con emisión de lo que no pueda refinanciarse. Aunque eso significaría seguramente tasas de interés más altas, algos que por lo visto Guzmán no está dispuesto a conceder. Puede que opte por más “reperfilamiento” si no lográ reconstituir el mercado de créditos en pesos y si lo que ocurrió con el AF20 no fue un caso aislado producto de la presión de un gran fondo de inversión (Templeton) como dicen el Ministerio de Economía, sino una señal generalizada de desconfianza.

  Como sea,  otro ingrediente mete más presión a la renegociación de la deuda “grande” en dólares que el ministro Guzmán quiere cerrar antes del 31 de marzo, teniendo en cuenta que en los meses siguientes los vencimientos que hay que enfrentar con reservas del BCRA crecen de manera exponencial.

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