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Según el INDEC, la inflación se disparó en marzo y alcanzó el 4,8%, respecto de febrero pasado. Es el máximo registro en la “era Fernández” y la cifra más elevada desde septiembre de 2019 (post- devaluación tras el resultado de la PASO). La inflación acumulada en el primer trimestre de 2021 fue de 13% y en los últimos 12 meses alcanzó el 42,6%.

El dato de inflación de marzo encendió todas las alarmas. La inflación se aceleró de 3,6% de febrero a 4,8% en marzo. Así, en el último cuatrimestre registrado por el Indec (diciembre 2020-marzo 2021) la inflación promedió 4,1% mensual.

La confirmación del dato elevado de inflación en el arranque de 2021 terminó con la meta de Guzmán del 29% anual – fijada en el Presupuesto Nacional-. De ahora en más, la inflación debería ser en promedio como máximo de 1,49% mensual para cumplir con esa meta (ver gráfico). Algo que luce imposible con este nivel de inercia inflacionaria. Pero el problema es mucho mayor que ese desvío de la meta oficial.

Una de las herramientas que utilizó el Gobierno para atacar a la inflación fue ir “planchando” al “dólar oficial”. En enero pasado, el dólar oficial llegó a subir a un ritmo de 4% mensual y el BCRA bajó ese ritmo a solo 2,4% en marzo (actualmente sube solo al 1,7% mensual). Sin embargo, por lo visto, no tuvo el efecto buscado sobre los precios en marzo.

La inflación se “desacopló” del “dólar oficial”. Esto refleja la falta de anclaje de expectativas y de un plan macroeconómico integral consistente de mediano plazo.

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Además, deja en claro el efecto del endurecimiento del “cepo cambiario” (especialmente a importadores) es tan restrictivo que termina generando que la referencia de precios importados comience a ser la cotización de los “dólares alternativos” o el “dólar blue” y no del dólar oficial.

En pocas palabras, el dato del IPC-INDEC muestra que con “dólar planchado” , tarifas de servicios públicos “congeladas” y el programa de precios máximos no alcanza para domar a la inflación.

En marzo los bienes que más subieron fueron los bienes estacionales (+7,2%). Mientras que regulados y la inflación núcleo subieron un 4,5% mensual. 

Los componentes de la inflación siguen teniendo una dinámica muy heterogénea. En marzo, la inflación de los bienes (IPC-Bienes) acumuló 50,5% interanual. Es decir, 7,9 puntos más que la inflación general. Mientras que el IPC-Servicios sólo subió 26,9%. Esta disparidad obedece a la gran cantidad de tarifas de servicios regulados que están controladas o directamente “congeladas”. 

Algo similar ocurre en la comparación de la inflación núcleo, los precios estacionales y los precios regulados. Mientras que la inflación núcleo alcanzo una variación interanual de 45,7%, los precios estacionales subieron 67,9% y los precios regulados aumentaron sólo 22,5%. 

Esta distorsión en los precios relativos y las distintas “velocidades” a las que ajustan los precios son una medida de la “inflación reprimida”. Es decir, que en el futuro podrían tener un impacto inflacionario si se opta por corregir esas distorsiones. 

En marzo, la inflación núcleo (que no incluye a precios regulados ni estacionales) fue de 4,5%.  Esto es 0,3 puntos porcentuales por debajo de la inflación general (4,8%). En los últimos 12 meses, la inflación núcleo acumuló una suba de 45,7%.    

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Los rubros que más subieron en marzo fueron: “Educación” (28,5%) ;“Prendas de vestir y calzado” (10,8%); “Bebidas alcohólicas y tabaco” (6,4%); “Recreación y cultura” (5,3%)  “Alimentos y bebidas” (4,6%) ;  “Transporte” (4,2%); “Salud” (4%) “Equipamiento y mantenimiento del hogar” (3,2%) y “Restaurantes y Hoteles” (3,1%); .

Contrariamente, los rubros  “Comunicación” (0,1%); “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” (1,3%) y “Bienes y servicios varios” (2,2%);  reflejaron las menores variaciones respecto de febrero. 

En marzo, la “inflación de alimentos” fue de 4,6% (0,2 puntos por debajo de la inflación general), respecto de febrero. En el acumulado de los 12 últimos meses la “inflación de alimentos” fue de 44,8%. Vale señalar que el 50% del presupuesto de las familias más pobres se destinan a la compra de alimentos. 

El rubro de “Alimentos y bebidas” -en los registros de  precios del Gran Buenos Aires- tuvo en marzo una subas importantes en “Leche, productos lácteos y huevos” (8,6%);  “Carnes y derivados” (6,8%); “Aceites, grasas y manteca” (6,4%) y “Verduras, tubérculos y legumbres” (6,3%)  , todas respecto al mes de febrero/2021. 

La inercia inflacionaria de marzo hace que difícilmente el número de abril/21 pueda romper el 3,5% de inflación mensual. Es un número muy elevado, ya que de confirmarse, la inflación del primer cuatrimestre de 2021 sería de casi 17%.  

Si hacemos una simulación un escenario con una “desinflación moderada”  en mayo y junio, suponemos un 3% mensual en mayo y 2,8% mensual en junio – ver gráfico-, el acumulado de inflación en el primer semestre de 2021 quedaría en 23,9% . Y el número del Presupuesto es de solo 29% en el acumulado de 2021. 

El riesgo en ese escenario para el Gobierno es que los sindicatos que cerraron los acuerdos de paritaria en torno al 32/35% anual en línea con lo planteado por Guzmán, presionen por una reapertura de las negociaciones tras un primer semestre con inflación muy “caliente”.

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Consecuentemente,  se dispare una carrera entre salarios y precios con una dinámica difícil de predecir, si no hay un anclaje en las expectativas previo y un plan macroeconómico de mediano plazo. Con el condimento “extra” que todo este conflicto se dará  en medio del proceso electoral (previa a la PASO) .

Para 2021 las principales consultoras privadas esperan una inflación de 46% anual. Es decir que las expectativas de inflación para el próximo año están a 17 puntos de diferencia con las proyecciones del Presupuesto 2021 (29%).