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Después de cuatro años de estancamiento y alta inflación, ahora el gobierno busca sacar ventaja con un tema que durante la campaña todos intentaron evitar: la economía.   

El primero en apuntar contra la catástrofe de un eventual gobierno macrista fue –una vez más- Aníbal Fernández. En su habitual conferencia matinal el jefe de Gabinete sostuvo que si Macri libera el cepo la devaluación será brutal. El candidato que cayó ante María Eugenia Vidal en la primera vuelta aprovechó además para cuestionar a Gustavo Marangoni. El presidente del BAPRO -que suena para un eventual gabinete sciolista- había desmentido que Carlos Melconián hubiera dicho que no se pueden subir más las jubilaciones y los sueldos.  

Mientras el kirchnerismo apunta contra el macrismo económico, los referentes de Daniel Scioli en la materia se llamaron a silencio. En el tramo final de la campaña, Miguel Bein dejó de escoltar al gobernador en sus apariciones televisivas y Mario Blejer se ausentó del debate.  

En la antesala de la primera vuelta, el sciolismo enviaba señales de racionalidad a los mercados y hablan de gradualismo. Pero remarcaba la necesidad de achicar el déficit fiscal, recortar los subsidios y negociar rápido con los fondos buitres. Ahora el mensaje es otro: dicen que no van a tocar los subsidios y prometen seguir vendiendo dólar ahorro para la clase media.      

¿De dónde va a sacar los dólares el próximo gobierno para controlar la devaluación inevitable? Si bajan retenciones y ganancias como prometen, ¿qué van a hacer con los subsidios y las tarifas que explican gran parte del déficit fiscal?