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 El arzobispo saliente de Tucumán, Alfredo Horacio Zecca, reclamó "dejar atrás los rencores y las diferencias inútiles y estériles para construir una casa común", durante la homilía en el Solemne Tedeum realizado en la Catedral, ante autoridades provinciales y nacionales.
"¿Seremos nosotros la generación del Bicentenario la que se anime a asumir el desafío que nos lanza la historia de hacer los esfuerzos para afianzarnos como país para su desarrollo pleno, lo que es imposible sin hombres rector?", se preguntó de forma retórica.
En un mensaje caracterizado por referencias a la responsabilidad compartida, sostuvo que "ningún triunfo social se logra sin postergar los propios intereses, porque es necesario dejar de lado muchas pretensiones para apostar al bien común, y los primeros que deben hacerlo son quienes nos gobiernan". 
 
"Cuando uno sospecha de sus dirigentes, es difícil hacer esfuerzos, dejar de lado las protestas fáciles para comprometerse con el cultivo de las virtudes, con el estudio que ennoblece, con el trabajo honesto y esforzado", advirtió.
Y, señaló que "un buen gobierno debe generar las condiciones para que todos los ciudadanos puedan crecer como personas, en condiciones sociales, económicas, jurídicas y culturales".
Buena parte de su discurso estuvo centrado en la educación, materia en la cual el prelado es especialista ya que condujo esa área en la Iglesia argentina, y a la cual se dedicará nuevamente cuando se retire próximamente de la conducción de la grey tucumana.
"La educación está en emergencia, para no decir en tragedia. Sin ella no hay futuro, y estamos sufriendo retrocesos en los resultados. Hay que hablar menos y hacer más, y ese sayo nos cabe a todos, dirigentes, docentes y padres, porque la educación comienza en las casas", planteó.
Zecca destacó que "nada se logra sin esfuerzo, y no se debe esperar todo de las políticas públicas y de las dádivas del Gobierno, que nos mantienen en la mediocridad", al tiempo que llamó "al diálogo, a la reconciliación que aún nos debemos y a la cultura del encuentro". "Constatamos carencias en las virtudes cívicas, que no son exclusivas de los gobernantes, sino que deben estar presentes en todo el pueblo, aunque el ejemplo debe venir desde arriba. Debe haber un compromiso solidario para erradicar la pobreza, para alcanzar una justicia más eficaz y para lograr trabajo digno", reclamó.
Por eso, sostuvo que "el poder tiene, necesariamente, una función social, y que sólo cuando es ejercido desde esa función social que deja atrás intereses personales y partidistas siempre secundarios ante lo que constituye, en definitiva, lo primordial, dicho poder puede tener consecuencias constructivas".