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Habló con Gildo Insfrán (Formosa) y con Juan Manuel Urtubey (Salta), con Gustavo Bordet (Entre Ríos), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Sergio Uñac (San Juan). A contraola del cacicazgo peronista que se mantiene quieto y/o mudo, Gustavo Menéndez salió a estrenar su certificado de jefe del PJ bonaerense.
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Menéndez arrancó con una recorrida por la provincia, puso en funciones a jefes de peronismos locales, habló con Sergio Massa, Florencio Randazzo, José Luis Gioja y Miguel Angel Pichetto, y prepara una agenda extrabonaerense con visitas a los gobernadores del PJ.
Todo sin romper con Cristina Kirchner con quien habló varias veces en estas semanas. A la ex presidenta la ubica, así y todo, en otro club partidario. “Ella está en Unidad Ciudadana, nosotros en el peronismo”, le dijo hace un mes a Clarín.
Menéndez desentona en este tiempo en que los jefes peronistas parecen invisibles. Los provinciales, porque, casi todos, jugaron en línea con Mauricio Macri en la cuestionada reforma previsional que se votó a finales de diciembre en medio de movilizaciones y cacerolazos.
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Fue el debut del bloque Justicialista, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, como expresión política del peronismo territorial, distinto y ajeno al kirchnerismo.
Esa es una clave que Menéndez exploró con los gobernadores con los que habló. “Hay que buscar puntos de acuerdo, tener posiciones comunes pero respetar las posturas y necesidades de cada provincia”, explica el jefe del PJ, que es, además, intendente de Merlo.
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Desde esa trinchera, en la Legislatura bonaerense patrocina bancadas separadas de las K y que han dado los votos no sólo para el Presupuesto provincial, sino también para la reforma del régimen previsional del Banco Provincia.
Entre gobernadores e intendentes hay cierta hermandad: quieren tener buen diálogo con la Casa Rosada y con María Eugenia Vidal, hacer valer las “manos” que controlan en el Congreso y la Legislatura, aunque eso los enfrente al kirchnerismo.
Entre bonaerenses existe, de facto, una especie de acuerdo: por ahora, mientras perdure el diálogo y la hipótesis de confluencia futura, las espadas K no cuestionarán en público el “colaboracionismo” de los alcaldes. No ocurrió, todavía, lo que se vio en la Nación, donde Cristina invocó la teoría del “apriete” a los gobernadores.
En la Provincia hay un rasgo particular: hay algunos “nestoristas”, como Sergio Berni o Cristina Fioramonti de Kunkel -a quien en 2015 La Cámpora borró de la lista para la reelección-, pero el Consejo del PJ bonaerense está prácticamente despoblado de camporistas.
No quedan, tampoco, apoderados ultra K en el partido. Patricia García Blanco y Ulises “Coco” Giménez son los dos abogados que quedan en el cargo que durante décadas ocupó Jorge Landau, que sigue siendo hombre de inevitable consulta.
“Nosotros nos corrimos para no generar más quilombo”, dicen los cristinistas que miran con cautela al nuevo jefe del partido. “El Tano es el Tano: en las últimas cuatro elecciones fue con cuatro partidos distintos”, le apuntan.
Preferían, y a eso apostaron hasta el último minuto, a que reelija en la butaca peronista el matancero Fernando Espinoza, actual diputado, con quien tenían mejor sintonía que con Menéndez. Este recuerda, de hecho, que en 2011, en persona Carlos Zannini le negó la lista del FpV y tuvo que competir por afuera.
La razón ahora es más visible: Espinoza hablaba con Massa y con Randazzo pero lo asumían como un “enviado” de Cristina, algo que no ocurre cuando el tigrense y el de Chivilcoy hablan con Menéndez.
Así y todo, todavía golpeados por los resultados del 22-O, Massa y Randazzo no van a delegar en Menéndez la relación con el peronismo del interior. De hecho, hay línea abierta y deslizan la posibilidad de un encuentro en febrero, cuando empiece a levantar el tono político.
El jefe del PJ jugó, en paralelo, otra carta: sentó como vice segundo del partido a Pablo Moyano, secretario adjunto de Camioneros, con lo que además de una pata sindical, reincorporó a los Moyano, que se habían ido del PJ a fines del 2011.
Juan Schiaretti, el cordobés que ha sido uno de los jefes provinciales más críticos de Cristina, aparece en el radar cercano de Menéndez. En una de sus charlas con Pichetto en el Senado, el alcalde de Merlo habló con Carlos Caserio, el senador por Córdoba y planearon una visita.