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“La única casa de los genocidas es la cárcel”, dice la bandera que encabeza esta marcha, que mide unas cinco cuadras de la avenida Luro del centro marplatense, y que dobla y camina paralela al mar, y frena en La Rambla, cerca de los Lobos Marinos, entre el Casino Central y el Hotel Provincial. Esa postal en la que lo habitual son reposeras se ve de repente cambiada: la prisión domiciliaria que beneficia a Miguel Etchecolatz desde la semana pasada en el Bosque Peralta Ramos alteró a esta ciudad, y miles de personas salieron a la calle el sábado a la tarde a hacer sentir su repudio.Según los organizadores, se concentraron unas 40.000 personas, aunque la cifra parece exagerada. Adelante de todo, marchaban Taty Almeida, Rubén López -hijo de Jorge Julio López, víctima del represor condenado por crímenes de lesa humanidad- y otras Madres de Plaza de Mayo e hijos de desaparecidos. Una de ellas, Ana Pecoraro, vive en el bosque en el que Etchecolatz goza de su beneficio.

Un poco más atrás, caminaba Nora Cortiñas. "Los genocidas tienen que estar en la cárcel. Vinimos a que no ofendan al pueblo, a que no nos den una cachetada", dijo la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Junto a Rubén López y Almeida, leería un documento una vez que la concentración llegara a la rambla

En la marcha predominaron las organizaciones sociales y políticas -Partido Obrero, Movimiento Evita, HIJOS, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Unidad Ciudadana, Barrios de pie, CORREPI, Nuevo Encuentro y PCR fueron algunas de ellas-, aunque se fueron sumando manifestantes espontáneamente a medida que las columnas avanzaban por Luro.
"Vinimos porque creemos que un genocida debe morir en la cárcel común, y no debe gozar de ningún beneficio", dijo Nora, que llegó a la manifestación desde su casa, en Sierra de los Padres. Abel, su compañero, agregó: "Como Videla".

Ese reclamo, el de la cárcel común, fue el que repitieron los manifestantes y el que se exigió orgánicamente.
"Esperábamos que hubiera mucha gente, como ahora. Esta es una ciudad muy facha pero a la vez con mucha resistencia", dijo Lucía, de 28 años y marplatense.
 
En varios balcones, los vecinos asomaron pañuelos blancos: fue una forma de mostrar su apoyo a las Madres de Plaza de Mayo.