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El flamante embajador Fernando Oris de Roa llega el jueves a Estados Unidos con un primer cambio logístico respecto de sus antecesores: no se alojará en la amplia residencia que habitaban Jorge Argüello, Cecilia Nahón y Martín Lousteau en Washington, sino que prefirió un departamento en el más tradicional barrio de Georgetown.
El empresario agropecuario arribará por la mañana con su mujer, Mercedes Campos, a esta capital, luego de recibir el plácet formal de Estados Unidos en diciembre y la reciente designación “en comisión” por parte del presidente Mauricio Macri para que comience su función antes de que el Senado argentino apruebe formalmente su nuevo destino. Oris de Roa tiene previsto presentar sus cartas credenciales ante el gobierno de Donald Trump a fines de enero, un requisito ineludible para poder iniciar las gestiones en forma oficial ante los funcionarios estadounidenses.
Por eso en principio se dedicará a conocer el terreno diplomático, donde no ha transitado nunca, conocer el staff de la embajada y los detalles de los principales temas que buscará abordar enseguida. En Washington destacan que el empresario llega a esta capital con “perfil bajo” y son muy buenas las expectativas que despierta su gestión, que –como ya adelantó en una entrevista con Clarín en Buenos Aires– se enfocará más en el ámbito comercial y económico.
Es también muy bienvenido el perfil de su esposa Mercedes, vinculada a la Universidad de San Andrés y muy activa en temas comunitarios, sociales y educativos, algo que en el ambiente diplomático de esta ciudad se valora mucho.
Oris de Roa también aprovechará los primeros días para acomodarse en su nuevo hogar, un coqueto departamento en el barrio de Georgetown, cerca del río Potomac, donde prefirió instalarse ya que el contrato de alquiler de la residencia que ocuparon los últimos embajadores estaba vencido.
El departamento estará entonces mucho más cerca del centro y de la embajada, ubicada en Dupont Circle, y su precio será levemente menor a los 135.000 dólares que costaba la casa de sus antecesores, rodeada de bosques y cerca de la American University. Oris de Roa habitará el departamento solo con su mujer ya que sus hijos son grandes y quedarán en Buenos Aires.
Este ir y venir de los embajadores por distintas residencias (algo no demasiado habitual en Washington) tiene un motivo: la mansión donde tradicionalmente vivía el jefe de la delegación argentina –un palacete ubicado al lado de la embajada– está inhabitable y con riesgos de derrumbe.
El último que la ocupó esta magnífica casona fue Héctor Timerman y desde entonces se vino abajo. Con problemas eléctricos y de humedad, la valiosa propiedad está inhabitable y no hay partidas para reacondicionarla. En una recorrida que hizo Clarín hace unos meses por el edificio, se puede palpar el esplendor que ese palacete supo tener, pero la realidad la marca el olor a humedad, las paredes descascaradas, las cañerías rotas y un deterioro que parece difícil de enmendar.
En el edificio abandonado hay un jardín con una pileta de natación (una rareza en el centro de Washington) llena de agua con verdín y una parrilla engrasada. Adentro, hay dos amplios salones de recepción como para organizar hasta un baile, dos cocinas, una biblioteca, varios dormitorios y baños, y un último piso con varias habitaciones de servicio. Un ascensor une los cuatro niveles. Los techos están descascarados, las escaleras vacilantes y hay un subsuelo tenebroso con piletas de lavar llenas de moho y algunos roedores. En buen estado, ese palacete costaría entre 6 y 8 millones de dólares.
Bajo la gestión de Lousteau se impulsó la venta de este edificio y otro petit hotel que está abandonado en el elegante barrio de Kalorama que supo ser una delegación militar, con el objetivo de ahorrar gastos.
Ya fuera Lousteau del cargo, y cuando el presidente Macri visitó Nueva York en noviembre del año pasado, el canciller Jorge Faurie se hizo una escapada a Washington para ver en persona el estado del edificio con la idea no de venderlo sino de repararlo, según supo Clarín. Oris de Roa dijo que la remodelarán, aunque probablemente él nunca llegue a ocuparla. A pesar de la recomendación de la Cancillería, el organismo que debe tomar esa decisión es la ABE, la Administración de Bienes del Estado.
En esta ciudad destacan que la residencia forma parte de un grupo de tres edificios importantes, que reflejan “una imagen argentina establecida en Washington desde hace muchos años”, que el establishment de esta capital conoce muy bien.
Mientras tanto, el flamante embajador se instalará en el departamento con vista al río Potomac, frondoso de vegetación, un sitio ideal para un hombre con vínculos con la naturaleza y que ama la navegación y las regatas.