Alarmas con suba del desempleo: fuerte caída de empleo asalariado privado formal

Por qué sube el desempleo pese a la recuperación económica. El dato más preocupante: se destruye empleo formal. Cambio estructural: crecen monotributistas y trabajo precario. Los sectores más golpeados: construcción e industria. El mapa del empleo por provincias. Qué puede pasar con el empleo en 2026.

El mercado laboral argentino entró en una zona de alerta: mientras la economía “crecer”, el empleo cae. En dos años se perdieron más de 200 mil puestos asalariados privados registrados y aumenta la precarización, con más monotributistas y menos empleo formal.

Según el INDEC, la tasa de desocupación pasó de 5,7% en el cuarto trimestre de 2023 a 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, lo que implica un aumento de 1,8 puntos porcentuales. Este salto se da en un contexto en el que la economía ya volvió a crecer, configurando un hecho poco frecuente: 2025 fue el primer año en al menos dos décadas en el que el PBI creció y, al mismo tiempo, aumentó el desempleo. La explicación está en una recuperación traccionada por sectores poco intensivos en empleo —como agro, minería y energía— y en la caída del salario real, que empuja a más personas a buscar trabajo y presiona al alza la tasa de desocupación.

Estos datos son consistentes con la información que aporta el SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino), clave para analizar la tendencia mensual en el mercado laboral formal, tanto de asalariados privados registrados como cuentapropistas formales y asalariados del sector público. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 el mercado laboral evidenció un deterioro significativo. En ese período se perdieron cerca de 201 mil puestos de trabajo asalariados registrados en el sector privado, en un contexto donde, al mismo tiempo, se profundiza el cambio en la composición del empleo formal, con un fuerte crecimiento de monotributistas e independientes.

Los datos correspondientes a diciembre de 2025 muestran que, en términos agregados, el empleo registrado total —que incluye asalariados privados y públicos, trabajo en casas particulares, autónomos y monotributistas— se redujo en aproximadamente 118.600 puestos de trabajo entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025.

La caída estuvo explicada principalmente por el sector privado, que concentró la mayor parte de la destrucción de empleo, con una pérdida cercana a los 201 mil puestos registrados. Particularmente, lo que luce mas preocupante es la dinámica que se observa desde mayo de 2025 , con una perdida acumulada de 96,8 mil puestos de trabajo asalariado registrado.

A diferencia de otros episodios, el sector público no actuó como amortiguador: también evidenció una contracción, en torno a 70 mil puestos de trabajo, en línea con el proceso de ajuste del gasto (“efecto motosierra”).

De este modo, a dos años del inicio del gobierno de Javier Milei, tanto el empleo privado como el público muestran caídas simultáneas (acumulando 271 mil puestos de trabajo registrado menos), configurando un escenario inusual en la dinámica del mercado laboral argentino, donde históricamente el empleo estatal tendía a compensar, al menos parcialmente, las fases de retracción del empleo privado.

Sin embargo, el dato más relevante no es sólo la pérdida de empleo, sino la forma en la que se reconfigura el mercado laboral. Mientras cae el empleo asalariado registrado, crecen las formas de inserción más flexibles (explicadas en parte por los trabajos en plataformas como Uber, Rapi, Pedidos Ya, etc). En particular, el número de trabajadores independientes bajo régimen de monotributo aumentó en más de 159 mil personas en el mismo período, compensando parcialmente la destrucción de empleo formal.

El análisis sectorial muestra que la caída del empleo asalariado registrado fue prácticamente generalizada, aunque con un impacto particularmente fuerte en actividades intensivas en mano de obra y con alta concentración en los grandes centros urbanos.

La construcción encabeza ampliamente el ajuste, con una pérdida de 62.300 puestos de trabajo, lo que implica una contracción del 14,1% en poco más de dos años. El dato refleja con claridad el freno en la obra pública y privada (debido a los altos costos en dólares del m2) y su impacto directo sobre uno de los sectores con mayor capacidad de generación de empleo.

La industria también muestra un deterioro relevante en los últimos 2 años. Algunos sectores muy afectados por la apertura de las importaciones, como el sector textil, de confecciones, cuero y calzado perdió 20.900 empleos (-17,3%).

Mientras que la metalmecánica recortó 17.300 puestos (-7,4%). Otras ramas manufactureras acompañan esta dinámica, consolidando un escenario de debilidad industrial que se traduce en una caída sostenida del empleo formal.

Los servicios, que en otros contextos funcionaron como un refugio frente a la pérdida de empleo industrial, tampoco lograron evitar la tendencia. Los servicios a empresas redujeron casi 20 mil puestos de trabajo, mientras que actividades como transporte, hotelería y gastronomía y comunicaciones registraron caídas que se ubican entre los 7 mil y 13 mil empleos, ampliando el deterioro del mercado laboral.

Incluso sectores estratégicos como minería y petróleo, a pesar del impulso de Vaca Muerta y el crecimiento de la explotación de recursos como oro, plata y litio, evidenciaron una caída del empleo asalariado cercana a los 8.500 puestos. Esto sugiere que el dinamismo de estas actividades, fuertemente concentradas en regiones específicas, difícilmente pueda compensar la pérdida de empleo que se produce en los grandes centros urbanos.

En contraste, los sectores que lograron generar empleo fueron pocos y con un impacto limitado sobre el total. Las actividades agropecuarias incorporaron algo más de 10 mil puestos de trabajo, mientras que el sector informático sumó cerca de 6 mil empleos, reflejando el dinamismo de la economía del conocimiento. El comercio, por su parte, mostró una leve expansión, aunque insuficiente para revertir la tendencia general.

Este comportamiento sectorial refleja que la economía no está generando nuevos motores de empleo formal que compensen las pérdidas en los sectores tradicionales. La recuperación, cuando aparece, lo hace de manera fragmentada y sin capacidad de arrastre sobre el conjunto del mercado laboral.

Por provincias, las mayores pérdidas de empleo asalariado registrado se concentraron en los principales distritos. La provincia de Buenos Aires encabezó la caída con 73.257 puestos menos, seguida por la CABA con 33.321 empleos perdidos. También se destacan las caídas en Córdoba (-14.665), Santa Fe (-12.910) y Misiones (-10.152), reflejando el impacto del ajuste sobre los principales centros productivos y urbanos.

En contraposición, sólo en 2 jurisdicciones mostró crecimiento en el empleo registrado. Neuquén se destaca con una suba de 6.658 puestos de trabajo, impulsada por la dinámica del sector energético. También se observan leves incrementos en Río Negro (+924) y, en menor medida, en algunas provincias con variaciones marginales.

A este proceso se suma otro dato relevante: la caída en la cantidad de empleadores (según los informado por las SRT – Superintendencia de Riesgo de Trabajo-). Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron 22.608 empresas registradas, lo que implica una reducción significativa del entramado productivo.

Según el INDEC, la tasa de desocupación pasó de 5,7% en el cuarto trimestre de 2023 a 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, lo que implica un aumento de 1,8 puntos porcentuales. Este salto se da en un contexto en el que la economía ya volvió a crecer, configurando un hecho poco frecuente: 2025 fue el primer año en al menos dos décadas en el que el PBI creció y, al mismo tiempo, aumentó el desempleo. La explicación está en una recuperación traccionada por sectores poco intensivos en empleo —como agro, minería y energía— y en la caída del salario real, que empuja a más personas a buscar trabajo y presiona al alza la tasa de desocupación.

Además, el dato resultó peor al esperado: el REM del BCRA proyectaba para el cierre de 2025 una tasa en torno al 6,7%, casi un punto por debajo del registro efectivo, lo que evidencia un mercado laboral más débil de lo previsto y sin un “derrame” significativo del crecimiento sobre el empleo.

En síntesis, el mercado laboral muestra un deterioro claro, con una caída significativa del empleo asalariado registrado y sin el sector público funcionando como amortiguador.

Más allá de la coyuntura, lo que se consolida es un cambio en la estructura del empleo: se pierde trabajo formal mientras crecen formas más precarias e independientes. Al mismo tiempo, los sectores “ganadores” del esquema actual —agro, minería y energía— muestran dinamismo, pero con una capacidad limitada de generar empleo masivo, lo que restringe el “derrame” hacia el conjunto de la economía. Esto plantea un interrogante hacia adelante: aun con recuperación de la actividad, no está claro que eso se traduzca en más empleo de calidad ni en una mejora sostenida del ingreso.