Sigue fuerte la compra de dólar ahorro en Argentina

Según el informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario del BCRA, el saldo comercial de bienes se mantuvo muy sólido en enero de 2026 (más de USD 2.000 millones), duplicando el déficit de servicios, cercano a los USD 946 millones. Sin embargo, las dudas se concentran en la cuenta financiera o de capital: el atesoramiento de dólares por parte de las personas humanas sigue siendo muy elevado y superó ampliamente los USD 2.400 millones en el mes. Esa demanda absorbe a todos los dólares que ingresan por el endeudamiento corporativo (vía ONs) y también parte de los fondos provenientes de organismos internacionales. En un contexto en el que el Tesoro Nacional aún no cuenta con acceso pleno al mercado de deuda. El superávit comercial de bienes aparece como el ancla central del frente externo. La pregunta de fondo es si esos dólares alcanzarán para sostener el equilibrio cambiario a lo largo de 2026.

El balance cambiario confirma un esquema externo que luce ordenado en el corto plazo, pero con una composición más financiera que real. La cuenta corriente volvió a ser deficitaria en U$S 919 millones pese a un superávit relevante de bienes de U$S 2.014 millones, reflejando que el problema no está en la generación de divisas comerciales sino en los egresos por servicios, turismo e intereses. En términos estructurales, la economía genera dólares por el comercio exterior. Lo que no es menor es el motivo, el por qué tuvo ese balance positivo. ¿Es un signo de “recesión en puerta”? Las importaciones cayeron de un promedio de U$S 5.600 millones mensuales en el segundo semestre de  2025 a solo U$S 4.800 millones en enero de 2026.

Desde el frente real, el flujo de divisas muestra cierta solidez en el mediano plazo. El complejo oleaginoso-cerealero continúa siendo el principal oferente neto en el mercado de cambios, mientras que sectores como energía y minería comienzan a consolidar su aporte.

El acumulado de los últimos 12 meses muestra una mejora en la calidad del superávit externo: el agro sigue liderando con más de U$S 31.000 millones últimos 12 meses, la minería gana peso (casi 7.000 millones de dólares) y la energía dejó de ser un drenaje estructural de dólares para transformarse en un sector con aporte neto positivo – U$S 9.400 millones- acumulado en los últimos 12 meses. Esto refuerza la idea de que el balance de bienes es hoy el principal sostén genuino del esquema cambiario.

Sin embargo, ese superávit comercial convive con una cuenta financiera que explica el cierre del balance. La clave no es sólo que la cuenta financiera sea superavitaria, sino su composición. No hay un ingreso significativo de capitales que fortalezca estructuralmente la oferta de divisas.

En primer lugar, la inversión extranjera directa es muy baja en términos macro. Los ingresos por IED rondaron apenas los USD 197 millones en enero pasado. Esto implica que no hay un proceso significativo de inversión real del exterior que esté financiando el equilibrio externo.

En segundo lugar, la inversión de portafolio de no residentes es prácticamente nula. El saldo fue cercano a cero e incluso levemente negativo (alrededor de USD -17 millones), lo que confirma la ausencia de flujos financieros especulativos o de carry trade que refuercen la oferta de divisas. En otras palabras, el mercado financiero internacional no está aportando dólares vía inversión de cartera.

En tercer lugar, el principal ingreso financiero proviene del endeudamiento privado, especialmente a través de préstamos financieros, líneas de crédito y colocaciones de deuda corporativa (ONs). Los ingresos por este concepto superaron los USD 2.000 millones, reflejando que las empresas están accediendo al crédito externo y local en moneda extranjera ante el acceso limitado del Tesoro al mercado voluntario de deuda. El financiamiento corporativo se transformó así en un canal clave de ingreso de divisas.

Pero aquí aparece el principal factor de tensión: la formación de activos externos (FAE) sigue muy elevada. La compra neta de billetes y la dolarización de carteras por parte de personas humanas supera ampliamente los USD 2.400 millones mensuales. Esta demanda funciona como un drenaje casi automático de los dólares que ingresan por la cuenta financiera.Y si tomamos las compras de billetes y divisas del Sector Privado No Financiero alcanzaron los U$S 2.730 millones de dólares.

La dinámica es clara: con IED baja (USD 197 millones), inversión de portafolio prácticamente inexistente (USD -17 millones) y financiamiento vía ONs y préstamos por encima de los USD 2.000 millones, el ingreso financiero depende casi exclusivamente de deuda. Sin embargo, la salida por atesoramiento privado absorbe gran parte de esas divisas, lo que implica que el endeudamiento de las empresas no llega a compensar plenamente la salida por FAE.

En resumen, el equilibrio externo actual se sostiene sobre un esquema de tres pilares desbalanceados: un saldo comercial de bienes sólido, una cuenta corriente deficitaria por servicios e intereses y una cuenta financiera superavitaria pero de baja calidad, dominada por deuda y no por inversión. Con IED e inversión de portafolio prácticamente nulas y con un atesoramiento privado aún elevado, la sostenibilidad cambiaria de 2026 dependerá cada vez más del superávit comercial y del acceso al financiamiento. ¿alcanzarán los dólares?