Los precios récord del oro y la plata podrían compensar para Argentina en 2026 el menor ingreso de dólares del campo por la sequía.
A comienzos de 2026, el escenario agrícola lucía inmejorable. Los perfiles de humedad estaban cargados y las proyecciones para la campaña 2025/26 eran ambiciosas. Desde la Bolsa de Comercio de Rosario se hablaba abiertamente de una super-cosecha histórica, con estimaciones cercanas a 154,8 millones de toneladas de producción total de granos, incluyendo alrededor de 47 millones de toneladas de soja y 61 millones de maíz. El agro volvía a perfilarse como el gran generador de dólares de la economía argentina. Pero enero cambió la película. La falta de lluvias empezó a recortar rindes en la gruesa, especialmente en soja y maíz. Ya no se discute si habrá impacto, sino de qué magnitud será la pérdida en millones de dólares respecto de lo que se esperaba al inicio de la campaña. En cualquier otro año, este giro climático sería suficiente para encender todas las alarmas macro. En paralelo al deterioro agrícola, se da un shock financiero global: un rally en los metales preciosos que llegó a duplicar su valor del oro y multiplicarlo por tres en el caso de la plata, en un contexto de dólar débil, tensiones geopolíticas e incertidumbre internacional. ¿El oro y la plata terminaran disimulando el efecto de la sequía en el agro?
Las expectativas de super-cosecha en 2025/26 no eran una exageración discursiva, sino que estaban respaldadas por proyecciones técnicas. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires planteaba un escenario de campaña excepcional, con una producción total de granos en torno a 154,8 millones de toneladas, un volumen que habría marcado un récord histórico. Dentro de ese total, la soja se ubicaba cerca de 47 millones de toneladas y el maíz alrededor de 61 millones, cifras que reflejaban perfiles hídricos favorables al inicio del ciclo, buena intención de siembra y un potencial productivo elevado.
A esto se sumaba un dato ya concreto: el trigo sí logró materializar ese escenario récord, con una cosecha estimada en 27,7 millones de toneladas, consolidando un arranque de campaña muy fuerte. Bajo este marco, el complejo agrícola se perfilaba como el principal sostén del ingreso de divisas en 2026, no por precios extraordinarios, sino por volumen físico. Sin embargo, durante enero , la falta de lluvias empezaron a generar deterioro en las proyecciones para la actual campaña de soja y maíz.
Según el informe PAS (Panorama Agrícola Semanal) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires la condición de los cultivos (soja y maíz) comienzan a reflejar el efecto de la sequía. En sus estimaciones alrededor del 16% de la soja y 14% del maíz se encuentran en condición regular/mala ( 37% y 40% normal, respectivamente).
Esto implica que cerca de 7,7 millones de toneladas de soja y cerca de 8,5 millones de toneladas de maíz se podrán perder en esta campaña. En nuestros cálculos esto tiene un impacto de aproximadamente 4.400 millones de dólares respecto del inicio de campaña a los precios actuales.
En un año típico, esta sola corrección bastaría para tensionar el frente externo. Pero 2026 no se parece a un año típico. Ahí aparece el fenómeno macro inusual: un shock negativo climático (local) se cruza con un shock positivo de términos de intercambio mineros (internacionales).
Y ese shock positivo no es potencial: la minería argentina ya viene en modo récord. El sector cerró 2025 con USD 6.037 millones exportados, el mayor registro anual de la historia. Más del 80% corresponde a minerales metalíferos, con el oro como eje. Solo en oro, el país exportó USD 4.078 millones en 2025 y la plata aportó USD 777 millones.
Pero esos números todavía reflejan precios promedio del año pasado. Con las cotizaciones actuales de febrero de 2026 , la escala cambia. El oro pasa de un promedio cercano a USD 2.692 a niveles en torno a USD 4.700, una suba del 75%. Bajo ese supuesto, las exportaciones de oro podrían ubicarse en la zona de USD 7.120 millones en 2026. La plata muestra un movimiento aún más fuerte: desde valores promedio cercanos a USD 30 hasta niveles en torno a USD 82, proyectando exportaciones superiores a USD 2.100 millones.
En conjunto, oro y plata pasarían de USD 4.855 millones a unos USD 9.220 millones, prácticamente duplicando el aporte de divisas del complejo metalífero. Es decir, un aporte extra de 4.365 millones de dólares.
Cuando a esta base récord se le suman las nuevas cotizaciones internacionales, el efecto es contundente. El aumento de valor exportado de metales preciosos genera un ingreso adicional de divisas que se aproxima al monto que la sequía resta por volumen agrícola.
Las toneladas que no se cosechan se compensan con onzas que valen mucho más.
Para dimensionar la magnitud, la mejora proyectada por la suba del oro y la plata equivale a cerca del 40% del saldo comercial total que el REM del BCRA espera para 2026, estimado en torno a USD 11.000 millones. Es decir, un solo shock de precios en los metales preciosos explica casi la mitad del superávit externo previsto para todo el año.
Bajo este panorama —y siempre que la sequía no se agrave— es posible que no falten dólares por exportaciones, aun con una cosecha gruesa recortada. Lo que cambia no es el volumen total de divisas, sino su origen: el agro pierde peso en toneladas, mientras la minería lo gana en precios.



