Desde Estados Unidos, el economista dialogó con Maximiliano Montenegro y Martín Genero, dejando definiciones tajantes sobre el atraso cambiario, la acumulación de reservas y la necesidad de una recalibración urgente del programa antes de que se agoten los márgenes de financiamiento.

La necesidad de recalibrar: ¿política monetaria o cambiaria?
El inicio de la conversación estuvo marcado por la pregunta de Maximiliano Montenegro, quien puso el foco en la sustentabilidad del plan actual:
“Tanto usted como Cavallo vienen planteando que esta economía necesita una recalibración, una redefinición del programa económico. ¿Qué espacio ve para que eso ocurra de acá a 2027 y si esa recalibración viene por el lado de la política monetaria o la política cambiaria?”.
Al responder, Cottani remarcó que el frente monetario exige medidas inmediatas para que la economía vuelva a traccionar. Respecto a la inversión, propuso rediseñar y extender el RIGI hacia sectores como la construcción de manera estrictamente incremental frente al promedio de los últimos diez años, evitando un costo fiscal desmedido.
No obstante, su crítica más profunda apuntó a la concepción monetaria del equipo económico:
“Hay una confusión en cuanto a qué produjo la desmonetización de la economía y la falta de remonetización. El problema fue autoinfligido, fue un problema de oferta y no de demanda“.
El exfuncionario explicó que tras una caída del 66% en los agregados monetarios por las devaluaciones iniciales, la economía comenzó a remonetizarse espontáneamente entre marzo de 2024 y agosto de 2025 debido a que la población demandaba pesos y preservaba divisas como ahorro. Sin embargo, “el que abortó ese proceso que se venía dando espontáneamente fue el propio Gobierno” en enero de 2025 al aplicar una política contractiva que esterilizó cada peso emitido para adquirir reservas.
Tasas, cepo y el dilema de la esterilización
Cottani puntualizó que las bajas tasas pasivas de corto plazo son un reflejo de la administración oficial del tipo de cambio, pero no implican que el riesgo devaluatorio haya desaparecido en horizontes más largos ni que las tasas activas sean accesibles. Atribuyó este desajuste a la falta de arbitraje y competencia internacional generada por la permanencia del cepo.
Frente a la propuesta de comprar divisas emitiendo moneda sin esterilizar, Montenegro planteó una objeción conceptual central:
“Los exportadores que liquidan divisas no tienen en realidad demanda de dinero, sino que son obligados a hacerlo… Si vos abrís el cepo y no tenés demanda de dinero, se te va todo a formación de activos externos y tenés 3.000 millones por mes de compra de dólares… Tanto Cavallo como usted plantean que los pesos que emite el Banco Central para comprar dólares no son inflacionarios”.
Cottani tomó distancia del planteo estricto de Cavallo y reconoció que puede existir un traslado a precios si los pesos no son convalidados por demanda:
“Eso es lo que dice Cavallo; yo no me animaría a decir que no haya un efecto inflacionario cuando esos pesos no son demandados… Pero no va a haber inflación de largo plazo mientras haya una economía fiscalmente ordenada“.
Asimismo, pidió abandonar el “objetivo dogmático de bajar la inflación a cualquier costo” mediante la apreciación cambiaria y aceptar que el tipo de cambio se defina libremente:
“Si queremos que los precios relativos sean de mercado, no podemos poner restricciones cuantitativas ni intervenir sin reservas manteniendo una situación insostenible. Hay que aceptar la realidad como es“.
Tiempos políticos, salarios y el “hueco” de las reservas
Ante la posibilidad de que una flexibilización cambiaria acelere la inflación en el corto plazo, Maximiliano Montenegro interrogó sobre la viabilidad política de la medida:
“¿Cree que el Gobierno está a tiempo todavía, porque ya empezaron a jugar los tiempos electorales y la pelea política, de implementar una política que le signifique un ajuste adicional? Siempre que se acelera la inflación cae el salario real en el corto plazo… ¿Cree que políticamente tiene margen de hacerlo o se le pasó el tren?”.
Cottani sostuvo que el margen temporal aún existe y argumentó que el salario real actual ya se encuentra deprimido a pesar de convivir con un tipo de cambio apreciado. A su juicio, una economía en proceso de apertura comercial necesita un tipo de cambio real más alto para no castigar a los sectores productivos que generan empleo. Subrayó que el desempleo y la capacidad ociosa no son más que la manifestación de precios domésticos excesivamente altos que deben corregirse.
En el tramo final, Martín Genero indagó sobre la consistencia de secar la plaza de pesos como ancla cambiaria:
“¿Cuán efectivo cree usted, al menos desde lo teórico, que puede ser mantener reducida la cantidad de dinero para que no haya volatilidad cambiaria en las elecciones, que según el Presidente son 4.000 millones de dólares equivalentes en M2 privado frente a una cobertura muy dispar?”.
Cottani reconoció que blindar la plaza en el muy corto plazo puede contener una corrida, pero advirtió sobre la fragilidad subyacente del balance externo:
“El Gobierno tiene un hueco de aquí a las elecciones de 20.000 millones de dólares. Hay 26.000 millones en capital e intereses y apenas 6.000 millones de desembolsos de organismos y privatizaciones. Va a tener que comprar reservas porque si no va a hacer default sobre la deuda”.
Para el economista, la única salida genuina consiste en reactivar el crédito a través del crecimiento de los depósitos, asumiendo una mayor oferta monetaria real y un sinceramiento cambiario que permita reactivar los sectores económicos hoy paralizados.
📺 Encontrá más detalles de la entrevista en nuestro canal: