Quién puso los dólares hasta ahora y el cálculo real de los que “se van al colchón”

El balance cambiario de los primeros dos meses de 2026 muestra una fuerte reducción del déficit por cuenta corriente. Lo que a primera vista luce como una buena noticia abre, sin embargo, un interrogante: es el resultado de una caída de las importaciones. Esto plantea si el menor déficit responde a un costo en términos de actividad —que “achica” la demanda— o si se trata de un fenómeno puntual, vinculado al sobre stockeo pre-electoral. Hacia adelante, el desafío pasa por determinar si el BCRA puede sostener la acumulación de reservas. Y eso dependerá cada vez más de la FAE (Formación de Activos Externos), los dólares que salen del sistema, que “se van al colchón”. Con un riesgo soberano todavía elevado y sin acceso al financiamiento externo ¿quiénes aportaron los dólares hasta ahora? 

Según los datos del último informe de Evolución del Mercado de Cambios del BCRA, en enero y febrero se observa un patrón consistente: el déficit de cuenta corriente se reduce de manera significativa gracias a un mayor superávit en la balanza comercial de bienes.

Pero ese resultado no se explica por un salto exportador, sino por una caída marcada en los pagos de importaciones. En enero, las exportaciones rondaron los USD 6.800 millones, frente a importaciones por unos USD 4.800 millones. En febrero, el fenómeno se profundiza: exportaciones en torno a USD 6.000 millones, pero con importaciones apenas por encima de USD 4.000 millones.

Vale señalar que el promedio mensual de importaciones en 2025 fue de USD 5.712 millones. El nivel de febrero se ubicó así unos USD 1.700 millones por debajo de ese promedio.

En otras palabras, el superávit de bienes se explica más por lo que Argentina dejó de comprar, falta saber el motivo: si es por sobre stock de importaciones o es el reflejo de una economía que todavía no logra recomponer su nivel de actividad.

El otro frente que sigue condicionando la cuenta corriente es el déficit en servicios, que se mantiene elevado incluso en un contexto de cierta moderación del turismo emisivo en 2026. Medido en términos de acumulado de 12 meses, el rojo de la cuenta de servicios se ubica todavía en torno a los USD 10.400 millones, apenas por debajo de los picos de 2025, cuando llegó a superar los USD 10.900 millones. Es decir, pese a una menor salida de argentinos al exterior —particularmente turismo hacia Brasil—, el ajuste es todavía marginal.

Compras del BCRA dependen de FAE (Formación de Activos Externos) baja

El BCRA viene cumpliendo con su objetivo de comprar dólares en el mercado de cambios. En los primeros 3 meses del año sumó compras por más de USD 4.400 millones, y todo indica que seguirá en esa línea de cara al segundo trimestre, cuando la liquidación del agro —por la cosecha gruesa— incremente la oferta de divisas en el mercado oficial.

Pero ahí aparece el punto a monitorear. Esa mayor oferta va a estar disponible en el mercado de cambios, pero no está garantizado que se traduzca en compras netas del BCRA relevantes. Y mucho menos que eso se traduzca en una fuerte acumulación de las reservas netas. En el segundo trimestre del año, las compras deberían rondar entre 120 y 200 millones de dólares diarios. Pero si la liquidación coincide con un repunte en la demanda de dólares del sector privado, la FAE puede absorber buena parte de ese flujo.

En otras palabras: el problema ya no es la falta de dólares en el mercado, sino quién se los queda. Si la dolarización se vuelve a acelerar, incluso en un contexto de alta liquidación, el margen para que el BCRA compre reservas en magnitud se reduce.

Ahora bien, ¿qué está pasando con la FAE?

Si se toma el ítem agregado que publica el BCRA como “compras de billetes sin fines específicos” del sector privado no financiero, los datos muestran con claridad el cambio de dinámica. En la previa electoral, ese número se disparó: alcanzó los USD 6.500 millones en septiembre y USD 5.400 millones en octubre, reflejando una fuerte dolarización de portafolios. Luego de las elecciones, la demanda se moderó de forma abrupta, con compras por apenas USD 1.100 millones en noviembre. Sin embargo, en el arranque de 2026 se observa cierta recomposición: las compras volvieron a ubicarse en torno a los USD 2.700 millones en enero y USD 2.100 millones en febrero. Un número superior a 2.000 millones mensuales hace “ruido” ya que implicaría U$S 24.000 millones de dólares anuales. Y eso “choca” con el objetivo del BCRA.

Pero ese número agregado a nuestro entender sobredimensiona el fenómeno. Cuando se descompone la FAE, la lectura cambia. Si se descuentan los pagos de tarjetas en el exterior y se consideran los dólares que quedan dentro del sistema financiero —vía depósitos en moneda extranjera—, la dolarización efectiva se reduce de manera significativa.

El caso de febrero es ilustrativo. Las compras de billetes alcanzaron los USD 2.131 millones, pero de ese total, alrededor de USD 600 millones se explican por consumos en el exterior (asumiendo que el 70% se cancela con dólares propios) y otros USD 425 millones quedaron en el sistema a través del aumento de depósitos en dólares. El resultado es que la dolarización efectiva —la que termina en el “colchón”— se ubica en torno a USD 1.100 millones. Ese nivel, a diferencia del número bruto, sí resulta compatible con un sendero de compras sostenidas por parte del BCRA.

¿Quiénes aportaron los dólares hasta acá?

En este punto aparece un dato clave: los dólares que sostuvieron el esquema no vinieron del mercado, sino de fuentes puntuales. Por un lado, los propios argentinos. El blanqueo permitió exteriorizar más de USD 20.400 millones, reforzando la liquidez en dólares dentro del sistema.

Por otro, los organismos internacionales —con el FMI a la cabeza—, que explicaron buena parte del financiamiento. Solo el Fondo aportó desembolsos netos por USD 15.397 millones, y en conjunto, entre 2024 y febrero de 2026, los organismos acumularon ingresos netos por USD 21.689 millones. Ese fue el verdadero sostén de divisas en la transición. También fue relevamente en el financiamiento la emisión de deuda privada por parte de las empresas –unos 15.000 millones en 2025—y en particular en el arranque 2026: unos U$S 3.700 millones, que representaron la mayor parte de la oferta de dólares en el mercado cambiario que compró el Banco Central.

Los grandes ausentes

En contraste, los canales que deberían aportar dólares de manera más estructural siguen sin aparecer. El mercado internacional de deuda continúa cerrado: con el nivel actual de riesgo soberano, Argentina no logra acceder a financiamiento voluntario.

La inversión extranjera directa tampoco muestra señales de recuperación. Por el contrario, registra un saldo negativo —en torno a USD 780 millones—, explicado en parte por el traspaso de empresas extranjeras a manos locales.

La inversión de portafolio, que durante la administración de Mauricio Macri fue uno de los principales motores de ingreso de capitales, hoy tiene un rol marginal: apenas acumuló USD 1.152 millones de ingresos netos.

En resumen, la cuenta corriente se ordenó gracias al superávit de bienes, pero por compresión de importaciones y con un déficit de servicios que sigue siendo elevado. Es un equilibrio frágil y deja una duda de fondo: si la variable de ajuste es la actividad económica.

La clave de la acumulación de reservas pasa ahora por la cuenta financiera. El BCRA puede comprar dólares —y lo está haciendo—, pero la magnitud de esa acumulación depende de la FAE. Si la dolarización del sector privado se mantiene en niveles moderados, hay margen para seguir sumando reservas; si se acelera, absorberá la oferta y limitará las compras del Central. Hay señales positivas en el margen, pero es una dinámica que requiere seguimiento permanente.

Esta claro que los dólares que sostuvieron el esquema hasta ahora fueron excepcionales: blanqueo y organismos internacionales. Los canales estructurales —deuda, inversión extranjera y portafolio— siguen sin aparecer. Por eso, el segundo semestre será el verdadero test. Con menor oferta de dólares (del agro por cuestión estacional) y sin nuevas fuentes de financiamiento, todo dependerá del comportamiento del sector privado.