Contact Information

Artículo publicado el 17.02.15 en El Cronista Comercial (www.cronista.com). 

Por Maximiliano Montenegro (Periodista y Economista)

Nunca como en esta etapa final del gobierno de Cristina los objetivos de la política económica K fueron tan explícitos: aguantar el dólar oficial como ancla, bien atrás de la inflación y de los salarios, intentar recuperar el consumo con la receta clásica del efecto atraso cambiario, dejar en un segundo plano el ‘modelo productivo de matriz diversificada’ con bases en la industria y las economías regionales. Y por sobre todas las cosas que lo arregle el próximo.   Para que la estrategia ‘problema del que sigue‘ funcione hay que cuidar las reservas, de modo tal de esquivar cualquier sobresalto cambiario en el camino. Y echar mano al endeudamiento con el ‘socio’ chino y, si es posible, en el mercado de capitales para no repetir el ajuste del año pasado y financiar una modesta recuperación en el año electoral.

Las reservas ‘reales’ –es decir, para vender en el mercado ante una corrida al dólar– son la mitad de los u$s 31.300 millones que informa el Banco Central. A saber: u$s 3.100 millones corresponden a yuanes del swap con China; u$s 1900 millones corresponden a los bonos ley Nueva York impagos por el bloqueo de Griesa; u$s 2500 millones a deuda exigible de corto plazo con los importadores (automotrices y electrónica de consumo); y u$s 7000 millones son depósitos privados en dólares, que se contabilizan como parte de las reservas.

En fin, al Central le quedan unos u$s 16.000 millones para intervenir frente a una corrida cambiaria. Pero este año hay que afrontar vencimientos de deuda del Estado nacional por unos u$s 10.000 millones –incluidos 2000 millones de las provincias– suponiendo que se refinancia la totalidad de créditos con organismos internacionales –3000 millones– y se mantienen impagos los vencimientos de bonos ley extranjera.

Todo esto en un contexto en el que habría, por primera vez en la era K, déficit comercial: según el Estudio Bein, llegaría a u$s 1000 millones, si la economía creciera 1,5% con aumento de las importaciones de 1% –atenuado por el abaratamiento en las compras de combustibles– y una caida de las exportaciones, por segundo año consecutivo, del 10%. El déficit de cuenta corriente –saldo comercial, menos servicios financieros y reales– ascendería en tanto a unos u$s 14.000 millones, 2,5 puntos del PBI.

Con los dólares tan justos, el gobierno deberá este año emitir deuda por, al menos, u$s 8000 millones para evitar una fuerte pérdida de reservas (como ocurrió en 2013 ante un esquema similar de atraso cambiario en un año electoral), con el riesgo de desembocar en otra devaluación. Y tampoco abusar de la receta del cierre de las importaciones (como en 2014) que profundizaría la recesión ante la falta de insumos para la producción nacional.
 
Para cumplir con este objetivo, China tendría otra vez un rol crucial de prestamista de última instancia. Este año el Central accedería a otros u$s 4000 millones en yuanes del swap de monedas, mientras otros u$s 4000 millones podrían conseguirse emitiendo deuda –a una tasa inferior al 10%– en el mercado entre el Gobierno nacional, las provincias e YPF, en un mundo en el que todavía sobran los dólares.  

Si este esquema se confirmara, Cristina dejará al próximo Gobierno toda una originalidad: a fines de 2015, uno de cada 4 dólares en las reservas del Banco Central serán en realidad yuanes prestados por los chinos.   La desesperación de la administración K por juntar dólares en el último año sin actuar sobre las causas de fondo –inflación, atraso cambiario, cepo, déficit fiscal financiado con pesos devaluados– será una caja de sorpresas para el próximo Gobierno. Como destaca Dante Sica, dentro de los ‘daños colaterales’ que habrá que afrontar están los acuerdos firmados con China, guiados por la debilidad que implica la urgencia de divisas en la coyuntura. En los últimos 6 años, las exportaciones a china (productos primarios del complejo sojero) se mantuvieron constantes mientras que las importaciones se más que duplicaron. Y en los últimos tres años el rojo de la balanza comercial bilateral acumuló u$s 16.000 millones. Según Sica, los pactos con China para garantizarse yuanes cash, corren el riesgo de potenciar ese modelo de primarización, además de meter ruido en la relación con Brasil, el socio al que se dirigen la mayor parte de las manufacturas industriales argentinas.

Otro de los ‘efectos colaterales’ del modelo en su última versión es la insólita intervención en el mercado paralelo del dólar, a través de la venta de ‘dólares ahorros’ autorizados por la AFIP: u$s 3000 millones en 2014, y tal vez u$s 4500 millones este año. Es el instrumento que encontró el Gobierno para intervenir en el dólar blue y evitar así que la brecha supere el 50%. Pero para conseguir esos dólares el Central reprime importaciones o toma yuanes para financiar futuras importaciones chinas, afectando el empleo y la producción nacional, mientras subsidia con dólares baratos a los sectores de altos ingresos. El modelo funciona al revés.