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Lejos de anunciar un “Plan de estabilización” el ministro de Economía, Sergio Massa, tomó una serie de medidas (de menor impacto al esperado), que van en el sentido correcto, pero con pocos detalles y explicación en el cómo se alcanzarán los objetivos fijados.

Dentro de los anuncios de Massa, hay dos objetivos: 1) mostrar una señal fiscal, que es clave para ponerse en sintonía con el FMI  y   2) robustecer el nivel de reservas ien el BCRA.

Massa no quiere devaluar, al menos, sin antes tener suficientes reservas para poder intervenir en el mercado de cambios. Actualmente, las reservas netas del BCRA son aproximadamente U$S 2.300 millones y existe un “drenaje” de más de 130 millones (promedio) diarios desde el 27 de julio. Si Massa quiere “ganar” tiempo tiene que conseguir más dólares. Sino la escasez de divisas consumirá en simultáneo su capital político. Ya no hay margen de maniobra.

LA QUITA DE SUBSIDIOS NO ALCANZA

El nuevo ministro de Economía envió una señal al FMI y adelantó que cumplirá con las metas fiscales fijadas en el programa con el FMI (déficit primario de 2,5% del PBI).

Del paquete de medidas de Massa los más fuertes pasaron por la segmentación de tarifas – quien no se inscribió en el esquema de subsidios paga la tarifa plena. En el esquema de Guzmán, el 10% de mayores ingresos tendrían una quita total de subsidios a las tarifas de luz y gas. Según el propio Massa, el 30% de los usuarios no presentó la declaración jurada para mantener el subsidio a las tarifas. Es decir, el recorte por quita de subsidios será mayor al esperado.

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Además, los usuarios que se inscribieron tendrán un subsidio hasta un tope de consumo (energía eléctrica hasta un consumo de 400 kw mensuales) y superando ese umbral tendrán que pagar una tarifa plena sin subsidios por el consumo excedente. Vale señalar que aproximadamente el 80% de los usuarios residenciales consumen menos de 400 kw mensuales.

Con esta medida, el equipo de Massa estima un “ahorro fiscal” de $500.000 millones de pesos, equivalente a 0,6% del PBI. Pero ése es un cálculo anual. Para el cuatrimestre, septiembre-diciembre, el ahorro sería, según el propio Massa, de unos 180.000 millones, 0,2% del PBI.

Vale señalar que los subsidios económicos crecieron en el primer semestre de 2022 casi 90% por encima de 2021. Es decir, la dinámica iba muy por encima de la inflación. Aun recortando subsidios en los últimos 4 meses del año es imposible alinear con esa sola medida la meta del 2,5% de déficit fiscal primario (antes de intereses) acordada con el FMI.

Según admite el propio ministro en privado, el desvío actual sería de 0,7% del PBI, con lo cual en la actual trayectoria el déficit primario cerraría en 3,2% del PBI, por encima del 3% del año pasado. Con la quita de subsidios prevista por Massa, que habrá que ver cómo se procesa políticamente, una vez que empiecen a llegar facturas a un 30% de la población entre 2 y 4 veces más caras, el ahorro en subsidios como se dijo sería de 0,2% del PBI. Así que todavía restaría ajustar otro 0,5% del PBI, poco más de $ 400.000 millones adicionales.

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 Sin dudas hace falta que otras partidas del gasto también tengan un recorte en términos reales. Es decir, que crezcan menos que la inflación.

La obra pública y transferencias a provincias son 2 partidas no indexadas que podrían sufrir recortes. Estas medidas tendrían un costo político importante en la relación con los Gobernadores, que justamente aceleraron el “desembarco” de Massa en el ministerio de economía-

El déficit fiscal primario en el primer semestre de 2022 fue equivalente a 1,05% del PBI .Ahora, sin contar con la contabilidad creativa de las “rentas de la propiedad” hubiese alcanzado el 1,3% del PBI. Es el rojo fiscal primario más elevado desde 2017 sin incluir al año 2020 (pandemia). De hecho, debe compararse con el 0,45% del PBI del primer semestre del año pasado, cuando Guzmán hizo –Cristina dixit—el “ajuste fiscal equivocado”, y aflojó la rienda en la segunda parte del año electoral, que terminó con un déficit fiscal operativo de 3 puntos del PBI. Este año la dinámica debería ser la inversa, con el agravante de que Massa deberá concentrar todo el ajuste en sólo 5 meses del año, en una situación extrema debilidad política.