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El presupuesto de  2021 fijó una regla, el 40% del déficit fiscal (primario) se financia con deuda interna y el 60% con emisión monetaria del BCRA. Por ello, es clave que el Tesoro Nacional renueve los vencimientos de deuda en pesos. En la últimas 2 licitaciones de abril, el Tesoro nacional logró revertir el traspié de inicio de mes (solo había renovado el 51% del vencimiento). Y consiguió financiamiento neto por $ 58.250 millones. 

El Tesoro Nacional tiene como meta en el año 2021 conseguir financiamiento por el 40% de déficit fiscal primario. Esto es equivalente aproximadamente a $680.000 millones. El resto está previsto que sea financiado con emisión monetaria del BCRA.

Por ello, es clave que en cada licitación de deuda -en el mercado local- pueda renovar los vencimientos y si es posible acumular financiamiento “extra”.

En el primer trimestre del año se emitieron títulos $757.104 millones. El 43% en instrumentos a tasa variable, 32% en instrumentos ajustables por CER y  el 25% en  títulos públicos a tasa fija. Así, logró acumular un financiamiento neto positivo de $90.550 millones (113% promedio de renovación).

En el inicio de abril hubo un traspié. El Tesoro solo consiguió renovar el 51% del vencimiento. De los $72.500 millones que vencían solo renovó cerca de 35.500 millones de pesos. Sin embargo, en las últimas 2 licitaciones el Tesoro Nacional logró renovar los vencimientos y conseguir financiamiento neto por $58.250 millones.

Es importante señalar con qué instrumentos y cuál fue la “zanahoria” con la que la Secretaria de Finanzas logró revertir la mala licitación de inicio de mes.

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Primero, en la licitación del 21/4 el bono que más pesos captó ( $31.300 millones) fue el Bonte 2022 . Este instrumento asegura un rendimiento bajo de solo 22% anual en pesos (con una inflación estimada por consultoras privadas en 46%). Sin embargo, el mayor atractivo es que es un bono que el BCRA permite que los puedan usar los bancos para integrar los encajes bancarios. Obviamente, los bancos prefieren tener encajes con un rendimiento de 22% anual en peso a que los pesos rindan 0%.

Además, el Tesoro Nacional en la última licitación del mes  tuvo que pagar una tasa de interés más alta para asegurar el “roll–over” de la deuda en pesos.

 Llegó a pagar un rendimiento de 40,2% anual por la colocación con vencimiento en octubre de 2021. Y por otra parte, tuvo que “achicar” los plazos de vencimiento para hacer más atractiva la licitación. Hubo colocaciones a solo 2 meses (con vencimiento en junio/21).

También se observa que en cada licitación en pesos el fondeo se concentra cada vez más en instrumentos que ajustan con CER. En el primer trimestre el 32% del fondeo provenía de bonos que ajustan por CER y en abril este porcentaje se elevó a casi 41%.

Es decir, el Tesoro tuvo que concentrar más colocaciones en deuda indexada, dar más tasa de interés y menores plazos. Y tuvo la “ayuda” de los bonos que pueden utilizarse como encajes bancarios.

Es claro que la aceleración inflacionaria de los últimos meses le quitó atractivo a las colocaciones a tasa fija y variable en pesos. Los inversores buscar “cobertura” frente al “fogonzo” inflacionario.

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El punto clave es que sólo en los próximos 5 meses (mayo a septiembre de 2021) el Tesoro Nacional enfrentará vencimientos por 1,7 billones de pesos. Es un monto equivalente al 68% de la base monetaria actual.

Si el porcentaje de renovación se cae de 80%, el Tesoro Nacional necesitaría una asistencia adicional como mínimo de $ 340.000 millones para cubrir las obligaciones de deuda en pesos. Esta emisión se sumaría a la asistencia al Tesoro Nacional para cubrir el déficit fiscal operativo, prevista en 1 billón de pesos para este año.

A 5 meses de las PASO el mercado de deuda en pesos ya pide más rendimiento frente al riesgo inflacionario y de devaluación del peso. Es clave que las colocaciones se logren renovar al 100% .

En caso contrario habrá más emisión del BCRA que se suma a la asistencia para “cubrir” el déficit fiscal. Y más pesos en un contexto de incertidumbre electoral suma una presión al alza a la “brecha cambiaria” y retroalimenta a la inflación.