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El impacto de la pandemia y las medidas de aislamiento obligatorio son muy fuertes en el mercado laboral. Según los números del Ministerio de Trabajo, en base al SIPA, entre febrero y mayo se perdieron 224.000 puestos de trabajo asalariados privados registrados, es decir, los puestos de trabajo de mayor calidad.

A pesar de la doble indemnización para despidos sin causa y el “plan de salvataje” del Gobierno , el nivel de empleo se derrumbó .

En mayo fueron despedidos o perdieron sus trabajos por cierre de sus empresas 29.075 asalariados privados formales, un número mucho menor que en abril, cuando la caida había llegado a casi 158.000 puestos de trabajo.

Si se toma en cuenta el “empleo formal total” la pérdida de puestos de trabajo llega a los 388.300 puestos de trabajo formales. Sólo en mayo pasado se registró una pérdida de 108.000  puestos de trabajo formales (-0,9%), frente a abril. El número de puestos de trabajo formales totales incluye asalariados privados, públicos, monotributistas, autónomos y personal en casas particulares. Se redujo de 12.088.400 a 11.700.100 entre febrero y mayo, respectivamente.

Si se excluye al sector público el golpe al sector privado es todavía mayor. Entre febrero y mayo se perdieron 408.599 empleos formales privados (ver cuadro). La diferencia se explica porque en el sector público (nación, provincia y municipios, en el datos oficiales no está discriminado) se incorporaron, pese a la crisis, 20.300 personas.

El número total de empleados en el sector público, igualmente, todavía está por debajo del nivel de diciembre de 2019. En ese mes eran 3.247.100 en los tres niveles de gobierno y en mayo fueron 3.202.400. La diferencia se explica porque, como en todo cambio de gobierno (nación, provincias y municipios) hubo un ajuste de 65.000 empleos públicos entre diciembre y febrero pasado, que, como también es habitual, empezó a recuperarse a partir de marzo, con el recambio de nombres. Así, entre marzo y mayo el empleo publico creció, como se mencionó, en 20.300 puestos.

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El golpe más duro pasó por los monotributistas independientes que cayeron en 4,5% en el mismo período. Pasaron de 1.566.113 en abril  a 1.496.227 en mayo. Es decir, 69.900 monotributistas menos.

Mientras que los asalariados de casas particulares cayeron un 2,5% en mayo respecto de abril. Pasaron de 483.200 a 471.950. Como siempre, es difícil saber qué proporción de estos puestos de trabajo se perdieron definitivamente o pasaron a la informalidad. A diferencia de las bajas de los asalariados privados, cuyas bajas ante el SIPA corresponderían principalmente a despidos o cierre de empresas.

Pero igualmente, esas cifras reflejan la magnitud de la crisis de empleo que, durante el impacto de la pandemia y la cuarentena, fue mucho más allá del empleo asalariado privado registrado.

Es interesante comparar los datos anteriores con la destrucción de empleo que ya arrastraba la economía desde abril de 2018 cuando estalló la crisis y la recesión en el último tramo de la gestión Macri.

Entre marzo de 2018 y diciembre de 2019, se perdieron 303.360 puestos de trabajo asalariados privados formales. Sobre esa destrucción de empleo, se suma en los últimos meses la pérdida, como se dijo, de otros 224.000 puestos asalariados entre febrero y mayo pasado.

Entre marzo de 2018 y diciembre de 2019, a su vez, la pérdida total de trabajos privados formales llegó a 314.561 empleos (además de asalariados, monotributistas, autónomos y empleadas en casas de familia). Ese dato es comparable con la caida adicional de 408.599 empleos entre febrero y mayo pasado.

Pero atención, el impacto durante el último año y medio de la era Macri sobre el empleo formal total también fue amortiguado en la estadística por el crecimiento del empleo público. Entre marzo 2018 y diciembre 2019, el empleo público (principalmente en provincias y municipio) creció en 118.900 puestos de trabajo. Con lo cual la baja del empleo formal total (incluye empleo público) durante la crisis del final del gobierno de Macri fue de 195.630 puestos de trabajo. Una cifra que esconde la debacle del empleo asalariado privado formal que ya arrastraba la economía en recesión que, como se dijo, llegó en ese período a una pérdida de más de 300.000 puestos de trabajo.

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