En su último editorial en Hora 23, Maxi Montenegro analizó a fondo el complejo panorama económico de la Argentina y desnudó el verdadero dilema que enfrenta el equipo económico. Mientras el presidente Javier Milei celebra ruidosamente algunos indicadores, el mercado y el Banco Central muestran una realidad mucho más cautelosa. La conclusión es contundente: en la balanza del gobierno, la estabilidad cambiaria y el control de los precios tienen prioridad oficial, aun si eso implica enfriar la economía y postergar la reactivación real.
A continuación, analizamos las principales claves, datos y las grandes incógnitas que deja este escenario de cara al mediano plazo.
El termómetro financiero: ¿Por qué sube el riesgo país?
Una de las principales alertas de las últimas semanas ha sido el comportamiento del indicador de riesgo país. Tras haber tocado un mínimo de 400 puntos básicos a principios de agosto (lo que entusiasmó al oficialismo con la posibilidad de conseguir financiamiento internacional para fortalecer las reservas de cara a las elecciones legislativas de 2027), el índice rebotó persistentemente hasta superar los 520 puntos, cerrando en 528 puntos.
¿Qué hay detrás de esta suba de casi el 30% en pocas semanas? Montenegro destaca que se trata de un fenómeno puramente doméstico:
- Factores locales: Mientras el riesgo país promedio de las naciones emergentes se mantuvo estable en torno a los 200-220 puntos, la suba argentina responde a dinámicas propias.
- Dudas sobre la reelección: El deterioro del humor social y de los niveles de aprobación del gobierno en encuestas (como el índice de confianza de la Universidad Di Tella) abre interrogantes en los mercados sobre la viabilidad política del proyecto oficial en 2027. Lo que hace unos meses parecía una certeza, hoy ya no lo es.
- Presión cambiaria: Este escenario acelera de forma incipiente un proceso de dolarizacion de carteras que muchos esperaban recién para el año próximo, restándole margen de maniobra al Banco Central.
La economía de dos velocidades: sectores que “vuelan” y actividades que no arrancan
Los datos oficiales de actividad económica reflejan una fuerte asimetría en la recuperación. Si bien el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de junio registró un rebote del 0,8% desestacionalizado respecto a mayo (cortando dos meses consecutivos de caída), el nivel general de actividad sigue estancado y se ubica levemente por debajo del nivel de diciembre de 2025.
Para que se cumpla la proyección de crecimiento anual del 2,7%, la consultora Invec (de Esteban Domecq) calcula que la economía debería expandirse un 0,8% en el segundo semestre en comparación con la primera mitad del año. Sin embargo, la foto actual muestra dos realidades paralelas:
- Los sectores dinámicos (La minoría): La energía y la minería muestran un crecimiento espectacular del 18% en dos años y medio (creciendo a “tasas chinas”), traccionadas por el petróleo, el gas y el agro.
- La economía real urbana (La mayoría): Sectores clave para el empleo como la industria se encuentran un 4% por debajo de los niveles de inicio de gestión. Por su parte, la construcción está desplomada un 20% respecto a los niveles de 2023.
- El impacto en el empleo: Esta recesión en la economía real se traduce en la pérdida de 60.000 puestos de trabajo formales registrados en la construcción y 90.000 empleos asalariados privados en la industria.
La receta del BCRA: prioridad absoluta al control del dólar y la inflación
Frente a la pregunta de si el gobierno utilizará herramientas para motorizar la actividad económica real y mejorar el bolsillo de los ciudadanos, Maxi Montenegro es tajante: el oficialismo ha adoptado una postura “súper conservadora”. La prioridad absoluta es defender la estabilidad cambiaria y evitar cualquier atisbo de corrida que ponga en riesgo el plan macroeconómico hacia 2027.
En este sentido, el presidente del Banco Central, Santiago Bausil, ratificó de forma muy transparente que mantendrán un sesgo contractivo en la política monetaria:
“No hay que esperar que el Banco Central esté buscando incentivar o motivar un aumento en la actividad económica a través de herramientas monetarias. Todo lo contrario, mantenemos un sesgo contractivo mientras la inflación permanezca por arriba de nuestro objetivo”.
El BCRA prefiere “secar la plaza” de pesos antes que arriesgarse a que un exceso de liquidez presione sobre el tipo de cambio financiero (donde se ha aplicado una barrera de contención con diversos instrumentos) o impida que la inflación siga cediendo.
El contraste de discursos: el show de Milei vs. la prudencia técnica
El análisis de Montenegro también expone una marcada disonancia discursiva dentro del propio oficialismo:
- La euforia presidencial: Javier Milei insiste en festejar una inflación mayorista que en julio se ubicó en el 0,8%, sugiriendo incluso la realización de un recital para celebrarlo.
- La realidad del consumidor: Montenegro advierte que el índice mayorista mide principalmente bienes transables muy atados al tipo de cambio oficial y al precio internacional del petróleo, pero no refleja el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que sigue resistiéndose a perforar el rango del 2% mensual.
- La encrucijada del gobierno: Si la inflación de consumo masivo estuviera realmente consolidada en niveles mínimos, el Banco Central podría liberar pesos, reactivar el crédito y dar un impulso genuino a la construcción y el comercio. Al no ser este el caso, el gobierno se ve obligado a mantener la economía fría y priorizar el cerrojo monetario.