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Guillermo Oliveto: ¿La clase media baja que ajustó todo sigue apoyando a Milei?

Radiografía de la pirámide social argentina: ingresos versus gastos, la 'bola de nieve' de las deudas y el dilema de cruzar el Rubicón.

Radiografía de la pirámide social argentina: ingresos versus gastos, la 'bola de nieve' de las deudas y el dilema de cruzar el Rubicón.

La crisis de la clase media baja argentina ha entrado en una fase crítica que redefine el escenario social y económico del país. En una profunda entrevista realizada en MMD, el especialista en consumo Guillermo Oliveto analizó cómo el “fuelle” de la sociedad argentina resiste los embates de un ajuste histórico y cómo se reconfigura la pirámide socioeconómica en un contexto donde “las nubes de la micro empiezan a tapar el sol de la macro”.

El “fuelle” del consumo en su momento más delicado

Durante la conversación, Maximiliano Montenegro planteó una cruda radiografía sobre los sectores de ingresos medios-bajos e inferiores que representan la mayor porción de la población activa. Montenegro señaló con preocupación que “a esos sectores que no tienen ningún tipo de plan alimentario ni subsidio de nada, los mató todo el ajuste de precios relativos: servicios privados, servicios públicos, combustible y transporte”.

Oliveto coincidió y aportó cifras de su última pirámide de ingresos familiares. La clase media baja (C3) representa el 26% de las familias del país, mientras que la clase baja trabajadora (D1) representa el 30%. Juntos, estos dos sectores representan el 56% de las familias argentinas, abarcando a más de 25 millones de personas.

El especialista explicó que un hogar tipo de clase media baja cuenta hoy con un ingreso promedio de 3 millones de pesos mensuales, mientras que el de la clase baja trabajadora ronda los 2,2 millones. “Esa gente sigue siendo de clase media en términos de valores, pero hoy tiene un ingreso que es casi de clase baja”, advirtió Oliveto, destacando que es allí donde radica el nudo de la economía: “Hasta que no muevas estos dos sectores, el consumo no va a arrancar”.

El impacto de las tarifas y el colapso del ingreso disponible

Uno de los momentos más destacados del debate giró en torno a la pérdida de poder adquisitivo real frente al sinceramiento de tarifas de servicios públicos. Maxi Montenegro ejemplificó esta situación relatando la cotidianidad de muchos hogares: “Le están pegando muy fuerte las tarifas. Llegan facturas de luz de 200.000 pesos en familias que ganan 2 millones de pesos”.

Al respecto, Oliveto introdujo un indicador clave para medir la temperatura del bolsillo: el ingreso disponible, que es el dinero remanente para consumos discrecionales (como salidas, indumentaria o esparcimiento) una vez cubiertos los gastos fijos de supervivencia.

Según datos de la consultora, mientras que el ingreso real de las familias se encuentra un 25% por debajo de los niveles de 2017, el ingreso disponible se desplomó un 38% en comparación con ese mismo año. “Al tener que pagar tarifas completas, perdiste la capacidad de ir al café, al cine, a McDonald’s o de irte de vacaciones”, detalló Oliveto, resumiendo el malhumor social imperante.

Deuda y mora: la tarjeta de crédito como un bumerán

La falta de ingresos disponibles ha empujado a gran parte de la sociedad a una situación de asfixia financiera. Montenegro advirtió sobre la delicada situación que le transmiten en sus recorridas por el interior del país: “He hablado con gerentes de bancos y hay casos terribles de jubilados y gente de bajos ingresos que se han endeudado en supermercados y farmacias, y se les ha hecho una bola de nieve”.

Oliveto sistematizó este fenómeno explicando cómo funciona el financiamiento según el estrato socioeconómico:

  • Clase alta: El crédito es un aliado estratégico.
  • Clase media-alta: Es un arma de doble filo que exige cautela.
  • Clase media baja y baja: Se convirtió en un bumerán o bola de nieve de la que no pueden salir.

De acuerdo con el consultor, las tasas de morosidad reflejan con crudeza este estrato: la mora en el sistema bancario tradicional ronda el 13%, pero se dispara al 30% en las fintech y alcanza hasta el 50% en las cadenas de venta de electrodomésticos. “No pagan porque no quieren, no pagan porque no pueden”, explicó, señalando que la gente se ve forzada a elegir entre pagar las deudas, comprar alimentos mínimos o mandar a los chicos a la escuela.

La mirada metodológica: ingresos versus gastos

En medio del debate técnico sobre la medición de la fragmentación social, el periodista Martín Género intervino con una aguda consulta metodológica:

¿Por qué no se hace en base a cuánto gasta alguien o una familia y si es cuanto ingresa? Pongo un ejemplo extremo: Hijo de un millonario que no trabaja y nunca trabajó y gasta 10.000 dólares por mes y le ingresan cero. ¿Cómo se computa eso?

Guillermo Oliveto respondió recurriendo a una célebre máxima del estadístico George Box: “Todos los modelos están mal, pero algunos son útiles”. Explicó que los modelos buscan construir arquetipos parametrizados para representar a la inmensa mayoría de los casos y no a las excepciones.

Además, aclaró las dificultades de medir por gastos: “El gasto depende mucho de la subjetividad. Además, la encuesta de gastos de los hogares que realiza el INDEC se hace cada diez años y queda desactualizada rápidamente en contextos tan dinámicos como el argentino”.

¿Por qué el estoicismo social sostiene a Milei?

Frente a un escenario de caída del empleo, retracción económica (con 16 de 20 sectores en terreno negativo en el primer semestre de 2026) y alta preocupación laboral, surge la gran pregunta de Montenegro: ¿Cómo se explica que la clase media baja que ajustó todo siga apoyando mayoritariamente a Javier Milei?

Oliveto atribuye este fenómeno a lo que denomina el “estoicismo social” y la “legitimidad de origen” del presidente, quien emergió tras el profundo dolor social de la pandemia (2020-2021).

“Mucha gente te dice hoy: ‘Yo quiero seguir para adelante porque no quiero perder el esfuerzo realizado’. El esfuerzo ya fue enorme y volver atrás significaría que todo ese dolor fue en vano”. Según los estudios cualitativos de su consultora, aunque las emociones negativas de baja intensidad (como preocupación, tensión y angustia) predominan y la esperanza se redujo del 50% al 30%, la sociedad prefiere continuar cruzando el Rubicón antes que regresar al punto de partida.

Para esta franja del electorado, la alternativa no es volver al pasado, sino esperar una “diagonal” que ofrezca el orden macroeconómico y la baja de inflación que valoran, pero con correcciones de grado que alivien la economía cotidiana.