El economista y exvicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, protagonizó un intenso intercambio de ideas con Maximiliano Montenegro en su programa MMD. Llach analizó por qué considera que la actual política cambiaria está forzando un atraso del dólar que paraliza sectores clave como la construcción, convirtiéndose en una de las voces críticas más llamativas dentro del propio arco liberal.
A continuación, repasamos al detalle las principales definiciones de un cruce imperdible sobre el cepo, la “tesis devaluacionista expansiva”, la rigidez cambiaria y los temores de repetir la crisis del año 2018.
¿Un “libertario devaluacionista”? El debate por el tipo de cambio
Al iniciar la entrevista, el conductor, Maxi Montenegro, comenzó con una pregunta directa: “Te voy a chicanear, pero digo: ¿sos el libertario devaluacionista? ¿Sos el libertario que dice ‘está todo bien menos el tipo de cambio’, no?”.
Lucas Llach no esquivó la caracterización y aclaró su coincidencia de fondo con el programa oficial, marcando a su vez una clara disidencia metodológica en el terreno cambiario:
“Lo has resumido bien. Creo que en la dirección general de la política económica estoy muy de acuerdo. La apertura, la desregulación, lo fiscal, realmente es épico lo que han hecho. Pero está este tema… me parece que hay como una voluntad apreciadora: que el dólar esté tranquilo y que esté por un tiempo”.
Para el economista, el atraso cambiario no es gratuito y representa una seria amenaza ante los desafíos del calendario político: “no hay mayor combustible para una depreciación preelectoral que un atraso cambiario previo”.
El economista recordó que ya en 2024 les había sugerido a los funcionarios: “Muchachos, es el momento, floten a 1.400 ahora”. Desde su óptica, un tipo de cambio sin controles, le daría mucho más “músculo” a la actividad económica.
La lógica del “Dólar Vocero” a $1.800 y por qué el país está “caro en dólares”
El punto neurálgico del debate se centró en el valor que debería tener el tipo de cambio. Llach argumentó que el mercado de divisas debe operar sin interferencias oficiales y acuñó el concepto del “dólar vocero”:
“Creo realmente que sin un tipo de cambio intervenido —sin techo, sin controles y sin una política verbal de tratar de tener el tipo de cambio controlado— tendríamos un dólar vocero, llamémoslo así. Y ese dólar vocero no es un drama para la inflación ni mucho menos”.
Al ser consultado por Montenegro sobre la magnitud que tendría ese ajuste cambiario, Llach le puso números concretos a su propuesta y estimó su impacto en el Índice de Precios al Consumidor (IPC):
“1.800 pesos es un 20% de depreciación, de suba del dólar. En una situación donde la economía interna no está booming, creo que principalmente es una suba de los precios transables, y eso en el IPC ponele que sean, en mi opinión, cuatro puntos de IPC, y no inmediatos, sino a lo largo de unos meses”.
El exvicepresidente del Banco Central defendió pagar ese costo transitorio en favor de ganar competitividad real: “Yo pagaría cuatro puntitos repartidos en seis meses de inflación contra tener un tipo de cambio real que en el año electoral te empiece a mover sectores”. Según su análisis, la economía local arrastra una sobreevaluación artificial: “Siento que Argentina es un lugar que está un poco caro para lo que es su nivel de productividad”.
¿Devaluación expansiva? La tesis del “efecto riqueza” en dólares
Ante la propuesta de liberar el dólar, Maxi Montenegro planteó una de las objeciones teóricas clásicas de la estructura económica argentina:
“La otra vez a Pablo Gerchunoff, del cual sos coautor en muchos trabajos, lo chicaneaba y le decía: ‘Mira, solo vos y Lucas Llach plantean los efectos expansivos de la devaluación en el corto plazo con este efecto colchón, efecto ingreso de los argentinos con los dólares en el colchón’. ¿Tenemos que guardarnos todos los trabajos de Díaz Alejandro sobre los efectos contractivos de la devaluación en el corto plazo?”.
Llach defendió su planteo basándose en el extraordinario nivel de ahorro en moneda extranjera que posee la sociedad argentina, un fenómeno ausente en los manuales de texto tradicionales:
“No es que no existan [los efectos contractivos], tiene que ver con magnitudes. Pero hay un tema clave: los argentinos tenemos ahorrados cinco PBI, y el 80% de eso (cuatro PBI) es riqueza dolarizada. Si la riqueza está dolarizada y el PBI está un poquito más barato en dólares, vas a tener más ganas de gastar. Muchos sectores no transables se mueven más si te sale más barato en dólares ir al restaurante, hacer turismo acá, etcétera”.
Este “efecto riqueza” derivado de la desvalorización en dólares del costo de vida local es lo que, según el economista, permitiría reactivar de inmediato la actividad agregada en el plano local.
El termómetro de la construcción: “¿Por qué no arrancamos?”
Llach utilizó la parálisis de la construcción como la prueba más evidente de que el tipo de cambio está forzado hacia abajo. El economista se mostró sumamente escéptico frente a la explicación oficial de que la caída responde a un proceso de reconversión de la estructura productiva:
“En la industria podrías argumentar la reconversión, pero en la construcción no lo podés argumentar. La construcción tiene insumos en dólares más baratos por la apertura. ¿Y por qué falla? Porque el costo de construir es muy alto respecto a los precios. La economía agregada está en estancamiento… ¿Por qué no crece a tasas de 5%, 6% o 7% como a principios de los 90 si el riesgo país ya pasó y hay orden fiscal? A mí no se me ocurre otra hipótesis que un tipo de cambio que está forzado hacia abajo”.
Por su parte, Montenegro coincidió en que la hipótesis del Gobierno de lograr una reevaluación de los activos domésticos mediante un shock de confianza para que baje el riesgo país a 300 puntos y reingresen los dólares del colchón no dio resultados: “eso no funcionó y yo no veo que vaya a funcionar en la previa de un año electoral”.
El cepo cambiario y el fantasma de la corrida de 2018
El conductor de MMD planteó una mirada comprensiva hacia la cautela que muestra el ministro de Economía Luis Caputo, recordando el trauma de la crisis cambiaria experimentada en 2018:
“Entiendo los temores que puede tener el equipo económico viendo lo que le pasó justamente a Caputo o a ustedes en ese momento. Entiendo que la idea de liberar y vemos dónde se estabiliza… un hacedor de política económica puede decir: ‘Dos veces no me pasa, quiero tener las palancas para acotar la magnitud del desastre'”.
Llach reconoció ese sesgo defensivo, pero advirtió que la parálisis por el miedo al corto plazo suele autogenerar problemas mucho mayores en el mediano plazo:
“Normalmente lo que pasa en los gobiernos es que valoran mucho más el presente que el futuro. Entonces tienden a decir: ‘Che, si hoy se va a 1.600 vamos a subir un poco la inflación y el índice de confianza del gobierno en Di Tella baja dos puntos’. Pero al final esa lógica del corto plazo te lleva a situaciones que se corrigen de alguna manera”.
Además, recordó que las restricciones cambiarias tienen un costo severo para el sector productivo: “El cepo es un impuesto no legislado, un impuesto a la exportación cuando empieza a haber brecha”.
Crítica a la rigidez cambiaria de Ricardo Arriasu
Durante la entrevista se analizó la postura del prestigioso economista Ricardo Arriasu, quien promueve la continuidad de un tipo de cambio fijo o un crawling peg extremadamente bajo para contener la nominalidad.
Maxi Montenegro fue tajante: “Desde el punto de vista macroeconómico, yo no estoy de acuerdo con las ideas de Arriasu. Creo que hubiese sido un desastre mantener el crawling peg… Eso era un viaje de ida a la catástrofe”.
Llach compartió la crítica a la rigidez del esquema de Arriasu, señalando una paradoja metodológica: “No entiendo a Arriasu queriendo mantener el crawl al 2% o llevarlo a tipo de cambio fijo con un dólar recontra atrasado… Arriasu es de la Escuela de Chicago, pero parece que quiere identificar una matriz de Leontief para ver la matriz insumo-producto y ver a qué sectores hay que ayudar y a cuáles reentrenar. Eso no existe en la práctica. En la práctica lo que te domina es la macro, y tenés que tener una macro que sea suficientemente saludable como para que haya algo parecido al pleno empleo”.
Llach insistió en que el Banco Central no posee la información necesaria para determinar administrativamente el tipo de cambio correcto: “El Banco Central no puede saber cuál es el tipo de cambio correcto, pero cada tanto puede opinar sobre cuál es incorrecto. Yo diría: liberalizá todo”.
Tasas de interés y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central
Hacia el final del cruce, el debate viró hacia el funcionamiento de la política monetaria. Llach criticó la inestabilidad en el manejo de las tasas de interés por parte de la conducción del Banco Central encabezada por Santiago Bausili:
“No entiendo qué ganás con un sistema de inestabilidad de tasa… Deberías tener un corredor de tasa de interés que sea más estable. No implica que no puedan subir, pero el público vería una ‘función de reacción’: cómo reacciona el Banco Central ante las noticias de inflación. Sería un sistema más comprensible y más estable para el entorno financiero”.
No obstante, Llach se mostró optimista y respaldó el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA impulsado por el Poder Ejecutivo:
“Me parece una carta orgánica bastante normal para los tiempos que corren, parecida a la de otros países. Lo más relevante es el proceso de remoción de funcionarios. Si se logra que quien sea presidente del Banco Central esté cubierto por esa protección, me parece un cambio favorable”.
La sorprendente confesión: “En eso soy muy keynesiano”
El cierre de la charla dejó una de las reflexiones más inesperadas del exfuncionario del Central, quien suele identificarse con la ortodoxia de libre mercado pero que no dudó en apelar al pragmatismo cuando la realidad lo demanda:
“En eso soy muy keynesiano, en el sentido de que la inversión depende del nivel de actividad. Si Henry Ford me vendía la mitad de los autos, no iba a comprar una máquina para hacer autos. La derecha económica en la cual me incluyo, tiende a pensar la inversión como la ‘confianza’ y que van a venir inversores de afuera. Pero la proporción grande de la inversión es demanda interna: las pymes que deciden si abren un boliche, si amplían la fábrica o si construyen”.
Llach concluyó con una advertencia de carácter político de cara al mediano plazo: si el Gobierno posterga la reactivación económica interna de la mano de las pymes por su obsesión con la inflación a corto plazo, corre el riesgo de resentir las expectativas, debilitarse en las urnas y abrirle la puerta al retorno del peronismo: “Siento que estamos muy cerca de una normalización macro, pero tenemos esta parte monetaria y cambiaria menos clara. Me apena porque algún costo tiene todo esto”.
Esta entrevista dejo mucha tela para cortar. Podes mirarla o escucharla de forma completa aqui: https://www.youtube.com/watch?v=CUUlLfWOJLI&t=3s