Desde la redacción de Plan M, desglosamos el último y contundente editorial de Maxi Montenegro, donde pone la lupa sobre los números rojos que asfixian a la industria argentina. A través de un análisis detallado, Montenegro advierte sobre un escenario económico que castiga duramente a la producción nacional y cuestiona la narrativa oficial de la “destrucción creativa”.
El letal “efecto sándwich” que golpea a las empresas
Los datos del sector son alarmantes. Si bien la actividad industrial experimentó un leve repunte del 0,4% en mayo respecto a abril, se encuentra un 5,7% por debajo del mismo mes del año pasado. En este contexto, Montenegro advierte sobre lo que el economista Diego Coatz define como el “efecto sándwich”: la demanda se desploma, los precios industriales corren por detrás de la inflación general (IPC) y, simultáneamente, los costos fijos se disparan.
Para tomar dimensión del impacto en los costos, la electricidad para los grandes usuarios aumentó un 79% en el último año, mientras que el gas subió entre un 30% y un 50% en promedio. “Muchas empresas venden para cubrir costos fijos aún con márgenes cada vez más ajustados”, advierte el análisis. Además, la presión sobre la liquidez de las pymes es cada vez mayor, tensionando la cadena de pagos y elevando la mora en el sistema financiero.
Caída histórica y la alarma por el empleo
El derrumbe no solo afecta a la industria tradicional, sino que arrastra a rubros vinculados a la minería (-5,6%), el petróleo (-3,5%) y el agro (-9,5%). Al comparar la situación actual de los sectores con sus respectivos picos históricos, las cifras son lapidarias: productos textiles cayó un 52%, equipos e instrumentos un 49%, maquinaria un 41% y la producción de metal un 38%.
Como consecuencia directa de esta contracción, el mercado laboral enciende sus alarmas. Se proyecta que para 2026 se perderán unos 105.000 puestos de trabajo en el sector industrial (60.000 directos y 45.000 indirectos).
La única “buena noticia” en este panorama es un crecimiento del 13% en las exportaciones industriales durante el año. Sin embargo, Montenegro aclara que esto responde en gran medida a la necesidad imperiosa de exportar para sostener la producción y amortizar costos fijos frente a un mercado interno extremadamente débil.
La mirada del Gobierno: ¿Destrucción creativa o desorden total?
Para Montenegro, la administración actual no ve estas caídas como un error de cálculo. Desde el Gobierno lo interpretan como una “destrucción creativa” y un desmantelamiento de la sustitución de importaciones. De hecho, el presidente Javier Milei llegó a declarar recientemente que “Argentina no produce nada”. El Ejecutivo percibe estos cierres y caídas como un “daño colateral de un camino superador”.
Sin embargo, el conductor de MMD es tajante al respecto: “El proceso de estabilización se está haciendo de una manera muy desordenada”. Montenegro traza un contraste claro al afirmar que “esto todavía no es Australia”. En países desarrollados, las transiciones económicas van acompañadas de acuerdos políticos, reentrenamiento laboral y estabilidad.
En Argentina, por el contrario, se le exige a las empresas competir con el mundo y “con China”, pero manteniendo un costo argentino altísimo. Se enfrentan a aumentos tarifarios del 70%, retenciones a las exportaciones industriales, tasas de interés que asfixiaron el crédito, y una enorme carga impositiva nacional y provincial (como Ingresos Brutos). Un ejemplo claro es el de Toyota: aunque su planta en Argentina tiene los mismos estándares de calidad que la de Tailandia, hoy sufre caídas de ventas del 30%.
“Más respeto”: La conclusión de Maxi Montenegro
Hacia el final de su editorial, Montenegro deja un mensaje contundente pidiendo respeto por el sector productivo nacional que sigue intentando sobrevivir.
“Si sabés que ese es tu programa económico, por lo menos al tipo que se está fundiendo no se le enrostres en la cara diciéndole que es un inútil”, exige Montenegro. El periodista recuerda que muchos de estos empresarios tienen compañías de 80 años de antigüedad, han sobrevivido a todos los gobiernos, a todas las crisis y siguen pagando sueldos todos los meses.
“Por ahí al tipo ese lo pones en Alemania a competir y la rompe toda, porque está acostumbrado a competir en la jungla de la Argentina”, concluyó.



