El Gobierno de Javier Milei ha decidido salir del piloto automático económico y político de cara a un año clave para la gobernabilidad. En medio de tensiones financieras y una leve aceleración inflacionaria, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una medida que rompe con un tabú de 25 años en la Argentina: la flexibilización de los créditos en dólares para empresas no exportadoras. ¿Alcanza para reactivar la calle o es solo un atajo financiero de alto riesgo?
Desde la redacción de Plan M repasamos el editorial de Maxi Montenegro en Hora 23 – LN+.
Salir del “piloto automático”: La urgencia política y electoral
El equipo económico sabe perfectamente que el año próximo estará marcado por la contienda legislativa y que la expectativa electoral condicionará el rumbo de las variables financieras. Históricamente, la cercanía de las urnas despierta una dolarización de carteras por encima de lo habitual; hoy, los argentinos ya compran unos 2.000 millones de dólares mensuales para atesoramiento. Un salto brusco en esa demanda, como ocurrió el año pasado, podría desestabilizar la economía.
Por esta razón, la Casa Rosada activó negociaciones de urgencia para un acuerdo político integral con Mauricio Macri y el PRO. Tras los recientes traspiés legislativos del oficialismo, el Gobierno necesita blindar proyectos clave en el Congreso —como el Presupuesto 2027, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el régimen de inocencia fiscal— pero, fundamentalmente, requiere proyectar gobernabilidad para calmar las expectativas financieras de mediano plazo.
El anuncio: ¿Cómo funcionarán los nuevos créditos en dólares?
Para reactivar la economía real sin recurrir a una emisión de pesos que ponga en riesgo la calma del tipo de cambio, el Palacio de Hacienda pateó el tablero regulatorio. Desde la crisis de la convertibilidad en 2001-2002, los depósitos en dólares de los bancos solo podían prestarse a empresas exportadoras para resguardar la solvencia del sistema. Ahora, se habilitarán préstamos en dólares para sectores que no facturan en esa moneda.
La medida cuenta con parámetros muy específicos para mantener la prudencia:
- Límite técnico: Cada banco podrá prestar a empresas no exportadoras hasta un 15% de sus depósitos totales en dólares.
- Liquidez disponible: Con depósitos en dólares que hoy superan los 40.000 millones de dólares (un récord superior al de la gestión de Macri) y un encaje del 25%, el sistema tiene un margen libre de unos 6.000 millones de dólares para inyectar al mercado corporativo.
- Liquidación obligatoria: Los dólares otorgados deberán liquidarse de manera obligatoria en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC). El tomador recibirá pesos y los bancos evitarán el efecto multiplicador de generar nuevos depósitos sobre esos créditos.
La apuesta apunta a reactivar sectores muy golpeados como la construcción, las automotrices y los desarrollos inmobiliarios, permitiéndoles financiarse a tasas sustancialmente más bajas que las elevadas tasas reales en pesos.
Las incógnitas de la medida: Tasas del “colchón” y el fantasma del descalce
La flexibilización de los créditos en dólares surge en paralelo al dato de la inflación de julio, que marcó un 2,1%. Esta pequeña aceleración frente al 1,9% de junio confirma la dificultad del Gobierno para perforar el piso del IPC, lo que los obliga a mantener el dólar oficial con un techo firme en torno a los $15.500 y una política monetaria sumamente contractiva que enfría la actividad real.
Ante este escenario, la medida funciona también como un incentivo al blanqueo o “inocencia fiscal”. El Gobierno busca tentar a los ahorristas para que saquen sus dólares “del colchón” y los depositen en los bancos. Para lograrlo, las entidades financieras deberán ofrecer tasas de depósito atractivas, de alrededor del 4% o 5% anual, lo que será viable gracias a que ahora podrán colocar esos fondos a tasas activas mayores.
No obstante, las dudas de los analistas persisten. El expresidente del Banco Central, Martín Redrado, advirtió en el programa que el impacto de la medida podría ser marginal en el Producto Bruto Interno global. Además, alertó sobre el riesgo latente de descalce de monedas. Al prestar divisas a empresas que cobran en pesos, la Superintendencia de Bancos deberá realizar un monitoreo estricto y rigurosas pruebas de tensión para garantizar que los deudores puedan repagar sus compromisos ante eventuales saltos cambiarios, resguardando así la tranquilidad de los depositantes.
Conclusión: Una diagonal para meterle “combustible” a la economía
En definitiva, esta flexibilización de los créditos en dólares representa una “diagonal” o atajo financiero. Frente a un riesgo país que no cede como se esperaba y la imposibilidad de acceder a financiamiento externo voluntario, el equipo económico recurre a los dólares ociosos del propio sistema para ponerle combustible al consumo y la inversión sin desatar una corrida contra el peso. En las próximas semanas se definirá si este nuevo esquema es suficiente para reactivar la calle y consolidar el demorado despegue de la economía real